Juan Manuel Valero

Juan Manuel Valero2

Juan Manuel Valero

 

Nació en el Distrito Federal el penúltimo año de la primera mitad del siglo pasado -sin duda el más violento del Homini lupus. Su infancia transcurrió, pues, en plena guerra fría y su adolescencia se tiño de la esperanza socialista encarnada en las luchas del Tercer Mundo. Estudió sociología en la UNAM y fue profesor de historia en al Colegio de Ciencias y Humanidades durante 5 años. Incursionó en el periodismo como colaborador de la revista Estrategia y más tarde se hizo divulgador de la ciencia en la revista Información Científica y Tecnológica, la cual dirigió entre 1984 y 1989. Ha colaborado también en los diarios Unomásuno y Excélsior, así como en las revistas Mira y Despegue -de la que fue fundador.

Mexicano, al fin, Valero convive con la muerte y el sufrimiento, de los que continuamente se burla en sus “atrocidades”, como prefiere llamar a sus cuentos -ácidas cápsulas que actúan homeopáticamente en el perverso ánimo de los lectores-, la mayor parte de los cuales obtuvo mención en el premio Casa de las Américas 1984.

Actualmente conduce un programa radiofónico de divulgación científica: Pura Curiosidad[1].

Fiesta sorpresa

Ayer mi casa era una fiesta. Mis papás invitaron a todo mundo: llegaron parientes, amigos y vecinos, todos muy bien disfrazados. Hubo abrazos, café y coca colas. Mi tía Lola recitó algunos versos de Horacio Quiroga, una prima lejana fingió un desmayo, yo estrené pantalón largo y nadie me mandó a la cama temprano. Todo, gracias a la muerte repentina de mi hermanita.

Juan Manuel Valero
No. 116, Octubre – Diciembre 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 318

Juan Manuel Valero
No. 123-124, Julio-Diciembre 1992
Tomo XXI – Año XXIX
Pág. 175

El viudo

Uno quisiera ponerse triste y agarrarse a este sentimiento como una suerte de expiación. Pero todo es inútil: soy presa de la felicidad y temo echarme a reír con cada nuevo abrazo de pésame por la muerte de mi esposa.

Juan Manuel Valero
No. 116, Octubre – Diciembre 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 331