Un poquito de mierda nomás

—¿Así que esta es la segunda vez que va a cruzar?
—Así es compadre. Cuando sea de noche me voy derechito por el río hasta un desagüe sumergido que nadie conoce. De ahí nomás es cuestión de ir a gatas unos kilómetros y estoy del otro lado. Usted puede acompañarme si quiere. Sólo le advierto que mientras esté en el desagüe, tendrá que tragar algo de mierda, un poquito nomás. En Texas conozco un cuate que nos dará chamba planchando camisas en una fábrica. Son doce horas al día, incluyendo domingos y feriados, ¡pero te pagan de dólares, mano! Los de inmigración le rompieron las piernas a mi hermano cuando nos detuvieron y dice que no va a volver. Pero yo sí. Allá está Sarita. Ella lleva tres años allá. Dice que es duro ser prostituta, pero que tiene que pensar en sus chamacos. Desde que le mataron al esposo en una balacera le ha ido mal. Él vendía de eso que le gusta tanto a los gringos, usted sabe. La última vez que hablé con ella, me dijo que me podía presentar a los cuates para los que trabajaba su esposo. Me aseguró que ganaría lana a montón. ¡Imagínese compadre!
—Ya me lo imagino compadre.
—y esa cara, ¿le ocurre algo?
—No, nada, nada.
—¿Y adónde va? La cosa es por allá.
—Ya lo sé compadre.
—¿Acaso no quiere cruzar?
—No, gracias compadre —y salió corriendo de vuelta, tan rápido como se lo permitieron sus piernas.

Raúl Eduardo Bonilla
No. 138 – 141, Enero – Diciembre 1998
Tomo XXX – Año XXXIV
Pág. 160

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