Fallece Victor de la Cruz Pérez en Oaxaca a los 66 años de edad

Víctor de la Cruz Pérez

El escritor, académico, docente e investigador mexicano Víctor de la Cruz Pérez murió anteayer en Oaxaca. La noticia causó una profunda conmoción entre los intelectuales de su tierra.

Víctor de la CruzNacido el 26 de octubre de 1948 en Juchitán, De la Cruz había sido elegido miembro de la Academia Mexicana de la Lengua en agosto de 2011. Esta entidad difundió hoy una breve nota donde “participa con profunda pena” el deceso del autor.

El secretario de las Culturas y Artes de Oaxaca, Alonso Aguilar Orihuela, afirmó que la muerte de De la Cruz “llena de pesar” aunque consideró que se trata del “momento de reflexionar” sobre los aportes realizados por el escritor, recoge NoticiasNet.mx. Cabe destacar queDe la Cruz siempre defendió la lengua zapoteca y promovió la cultura de su tierra.

Licenciado en Derecho, De la Cruz también contaba con una maestría y un doctorado en Estudios Mesoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). “Cuatro elegías”, “Primera voz”, “Los niños juegan a la ronda”, “Corridos del Istmo”, “Cuando tú te hayas ido”, “La flor de la palabra” y “Jardín de cactus” son algunos de sus principales libros.

El Premio Casa Chata en dos ocasiones, el Premio Francisco Javier Clavijero, el Premio Nacional de Ensayo para el Magisterio, el Premio Nezahualcóyotl de Literatura en Lenguas Indígenas y una distinción al Mérito en Investigación Científica otorgada por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología están entre los reconocimientos que el autor recibió a lo largo de su carrera.

“Es una pérdida fuerte”, comentó el historiador Francisco José Ruiz Cervantes en palabras reproducidas por Reevolución. La poetisa Natalia Toledo, por su parte, indicó que la muerte del autor deja a la sociedad “huérfana” de uno de los principales “conocedores de la cultura zapoteca”. Otro autor, Manuel Matus, incluso destacó a De la Cruz como el “principal hombre de cultura” en el estado de Oaxaca.

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El que fue a aprender a mentir

129-130 top

Había uno antes —cuentan— que quería aprender a mentir. Se lo dijo a su padre.

Su padre le contestó:

—Voy a mandarte con el maestro de los mentirosos de nuestro pueblo para que vea si puedes aprender.

Cuando llegó a donde estaba el maestro, éste le dijo:

—Veremos si tienes vocación. Vamos a empezar ahora mismo. ¿Ves esas hormigas que están peleando sobre aquel cerro?

—No —dijo el aprendiz—, no las puedo ver porque estoy mal de la vista, pero sí oigo el ruido que hacen cuando chocan.

—¿Y cómo quieres que te enseñe? Ve a ver a quien engañas. Tú ya sabes, lo único que pretendes es venir a engañarme.

Víctor de la Cruz
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 62

Víctor de la Cruz

Víctor de la Cruz

Víctor de la Cruz

Es  licenciado en Derecho y los grados de maestro y doctor en Estudios Mesoamericanos en las Facultades de Derecho y Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y desde entonces ha seguido una trayectoria inmersa en la creación literaria.

Fue profesor de Filosofía, Historia y Redacción en el Instituto Tecnológico del Istmo, de 1974 a 1979, y profesor en el programa de formación profesional de etnolingüistas del Centro de Investigaciones Superiores, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), entre 1979 y 1980.

La Academia destaca que en 1990 De la Cruz fue profesor en el programa de licenciatura en Antropología, en el sistema abierto de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), en Oaxaca, y profesor del programa de maestría en Literatura en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.

También, ha sido asesor del Centro de Investigación y Desarrollo “Binnizá”, A. C. (zapoteco del Istmo), y lo es ahora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), en Oaxaca. Es investigador nacional nivel uno en el área de humanidades y ciencias de la conducta.

Algunos de los títulos de sus libros, tanto científicos como de poesía, han sido traducidos al inglés, francés, italiano y alemán. De su narrativa destacan “Primera voz” (1968), “El problema de la validez del derecho” (1973), “Diidxa’ sti’ Pancho Nácar” (1973-1982), y “Los niños juegan a la ronda” (1974).

Otros títulos que ha publicado son “Cuatro elegías” (1979), “Dos que tres poemas” (1979), “Canciones zapotecas de Tehuantepec” (1980-1983), “Corridos del Istmo” (1980-1983), “Las guerras entre aztecas y zapotecas” (1981) y “La rebelión de Che Gorio Melendre” (1983).

Es autor igualmente de “La flor de la palabra”, antología bilingüe de la literatura zapoteca (1999), “Aspectos históricos de la educación en Oaxaca”, “La educación en las épocas prehispánicas y colonial en Oaxaca” (1989), “Jardín de cactus” (1991) y “Antología literaria de Oaxaca” (1993), entre otros libros más.

Víctor de la Cruz ha recibido premios y distinciones entre los que se cuentan el Nacional de Ensayo para el Magisterio, el Casa Chata, un reconocimiento al Mérito en Investigación Científica del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y el Premio Francisco Javier Clavijero.

El escritor Víctor Terán  considera a Víctor de la Cruz  como  uno de los tres pilares que sostienen nuestra comprensión de lo que fue y es la cultura binnizá. Los otros dos, son: el fraile Juan de Córdova, y el espinaleño Lic. Wilfrido C. Cruz.

Es el investigador más importante, por su rigurosidad científica, sobre la cultura zapoteca, reconocido actualmente en el país. Su aporte a la cultura binnizá es amplio y profundo: sus libros de poesía; los que hablan acerca de nuestra historia, como “La rebelión de Che Gorio Melendre”, “La rebelión de Tehuantepec”, “José F. Gómez”, “El calendario Zapoteca”; la revista Guchachi’ Reza; su antología acerca de la literatura binnizá; y otros trabajos que no recuerdo ahora.

“Desgraciadamente sus investigaciones y trabajo literario, no han tenido la difusión necesaria. La estupidez de nuestros gobernantes, de ayer y de hoy, ha desaprovechado la importantísima obra del Dr. juchiteco Víctor de la Cruz Pérez , negando a las nuevas generaciones la oportunidad de saber sobre su origen y amar a su cultura.”

 “De esta dejadez de las instituciones y gobiernos, proviene la crisis de identidad que padecen los jóvenes y niños actuales, quienes crecen sin raíz y serán y andarán como hojas secas en el mundo.”

El poeta Terán recalca que  para comprender hoy lo que somos, lo que fue la altísima cultura binnizá, debemos leer la vasta y riquísima obra del poeta, promotor cultural e investigador Juchiteco Víctor De la Cruz Pérez.

“¿Qué le hubiera costado al gobernante municipal de su pueblo reproducir su obra?  o, ¿ mandarlo a llamar para proyectar un museo de lo nuestro en Juchitán? ¿qué puede costar un homenaje a este extraordinario juchiteco? Mi respeto, mi admiración y mi agradecimiento a este gran humanista.”

En tanto el  escritor  Manuel Matus  asegura que Víctor de la Cruz es un “ poeta en dos lenguas, pertenece de todas maneras a la más pura tradición de la poesía zapoteca. Su voz es la continuidad de quienes en el Istmo han sostenido las palabras del canto y de las flores; tales han sido Pancho Nácar, Enrique Liekens, Andrés Henestrosa, Gabriel López Chiñas y Carlos Iribarren, así como los mantenedores de la literatura oral. Al mismo tiempo que es hereredero, también hereda a otro grupo de poetas más jóvenes, de tal manera que su intermediación es a la vez la transmisión y el transmisor.”

 Además recalca que “es compilador del más clásico libro en lengua zapoteca, La flor de la palabra, antología que eleva y encumbra esta lengua viva y captora de su propio mito. Víctor de la Cruz carga con la responsabilidad de continuar con esa tradición oral  de los viejos y la tradición escrita de las lenguas, cosa de orgullo, compromiso del poeta, amor a la lengua, continuidad.[1]

La muerte del amante

Una por una, las almenas, las altas torres, van perdiendo su luz y confundiéndose con las sombras. Apenas si sobreviven los ladridos de los perros, el silbato del velador y de cuando en cuando el ruido lejano de un motor. Él, recargado sobre una pequeña barda que separa la azotea de su casa con la vecina, consulta su reloj, y pone un pie en el otro techo, en el instante mismo que una muchacha, en la ventana frontera, se entregaba a la delicada tarea de desvestirse: se quita la ropa que abriga sus senos, que se caen como dos pesados mangos; después el último vestigio de tela que le cubre la parte inferior del cuerpo, para quedar limpiamente desnuda, mientras se acaricia el vello púbico. Antonio al saltar pierde el control de su cuerpo, y tropieza con un tanque de gas vacío. El escandaloso tanque rueda por la azotea, despierta a los perros que comienzan a ladrar, él, desesperado, intenta regresar; pero en el preciso momento que saltaba la barda, una bala le perfora la nuca.

Al día siguiente los periódicos dieron noticias profusas sobre el “ladrón muerto por unos vecinos, cuando intentaba penetrar en una lujosa mansión”

Aquella noche él durmió con su muerte.

Víctor de la Cruz
No. 39, Noviembre – Diciembre 1969
Tomo VII – Año V
Pág. 107