Rumor del cosmos

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En el rumor del Cosmos, entre los silbidos de las estrellas que estallan y los crujidos de las galaxias que chocan percibiremos algún día las débiles pulsaciones rítmicas que son la voz de la inteligencia. Entonces descubriremos por primera vez solamente (¡solamente!) que hay en el Universo otras mentes además de las nuestras; más tarde aprenderemos a interpretar esas señales, algunas de las cuales quizás sean portadoras de las imágenes. Serán el equivalente de la imagen telegrafiada o de la televisión. Será muy fácil descifrar su código y reconstruir esas imágenes. Algún día, que quizás no esté lejos, una pantalla de rayos catódicos nos mostrará vistas de otro mundo.

Arthur C. Clarke
No. 22, Abril 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 357

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Más vidas

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No obstante, el descubrimiento de una forma de vida, por humilde que sea, en un planeta cualquiera, afectaría enormemente nuestra visión del universo, transformando lo que ahora es pura suposición en una certeza. La presencia de algunos líquenes en Marte o de algunas amibas en los (hipotéticos) mares de Venus, nos probaría que la vida no es una enfermedad rara que sólo ha atacado a la Tierra. Una vez establecido este hecho, sería ilógico negar la existencia de formas superiores en otra parte.

Arthur C. Clarke
No. 22, Abril 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 346

Arthur C. Clarke

Arthur C. Clarke

Sir Arthur Charles Clarke

(16 de diciembre de 1917, Minehead, Inglaterra – 19 de marzo de 2008, Colombo, Sri Lanka)

 

Más conocido como Arthur C. Clarke, fue un escritor y científico británico. Autor de obras de divulgación científica y de ciencia ficción, como la novela 2001: Una odisea del espacio, El centinela o Cita con Rama y co-guionista de la película 2001: Una odisea del espacio.

Nació en Minehead, Somerset. Ya de pequeño mostró su fascinación por la astronomía, con un telescopio casero dibujó un mapa de la Luna. Terminados sus estudios secundarios en 1936, se trasladó a Londres. Durante la Segunda Guerra Mundial, sirvió en la Royal Air Force (Real Fuerza Aérea) como especialista en radares, involucrándose en el desarrollo de un sistema de defensa por radar, y ejerciendo como instructor de la naciente especialidad. Concluida la guerra, publica su artículo técnico Extra-terrestrial Relays, en el cual sienta las bases de los satélites artificiales en órbita geoestacionaria (llamada, en su honor, órbita Clarke), una de sus grandes contribuciones a la ciencia del siglo XX. Este trabajo le valdrá numerosos premios, becas y reconocimientos.

En ese período estudia matemáticas y física en el prestigioso King’s College de Londres, estudios que finalizó con honores. También ejerció varios años como presidente de la Sociedad Interplanetaria Británica (BIS), hecho que demuestra su gran afición por la astronáutica. En 1957 como parte del comité británico acude a Barcelona para el VIII Congreso Internacional de Astronáutica, momento que coincide con el lanzamiento del Sputnik I por parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Su fama mundial se consolidó con sus intervenciones en la televisión: en la década de los ’60, como comentarista de la CBS de las misiones Apolo; y en la década de los ’80, merced a un par de series de televisión que realizó.

También son conocidas sus famosas leyes de Clarke, publicadas en su libro de divulgación científica Perfiles del Futuro (1962). La más popular (y citada) de ellas es la llamada «Tercera Ley de Clarke»: Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.

En 1953 Clarke conoció y se casó con Marilyn Mayfield, una divorciada de 22 años con un niño pequeño. Se separaron a los seis meses, aunque el divorcio no se formalizó hasta 1964.1 Clarke nunca volvió a casarse pero fue un amigo muy íntimo de Leslie Ekanayake, quien falleció en 1977. ).

Desde 1956 y hasta su fallecimiento vivió en la isla de Sri Lanka, (antigua Ceilán), en parte por su interés por la fotografía y la exploración submarina, en parte debido a su fascinación por la cultura india.

En 1998 el Sunday Mirror, un tabloide londinense sugirió en primera página que el legendario escritor decidió vivir en Sri Lanka por algo más que el sol, las playas, las palmeras y la pesca subacuática. Se acusaba a Sir Arthur de «pagar por tener relaciones sexuales con niños (pederastia) varones». Él negó tales acusaciones y amenazó con emprender acciones judiciales. La polémica coincidió con la visita oficial del Príncipe de Gales a Sri Lanka para conmemorar el quincuagésimo aniversario de la independencia de la isla. El príncipe Carlos tenía intención de ordenarlo caballero pero, ante la divulgación masiva del escándalo, Clarke optó por posponer la ceremonia hasta que las investigaciones policiales concluyeran.

Las acusaciones del Sunday Mirror fueron finalmente desechadas al no aportar el tabloide ninguna prueba que las respaldara; tras publicar el medio la correspondiente disculpa, Clarke fue nombrado caballero. Se le otorgó el título de caballero de la Orden del Imperio Británico en 1998. Las autoridades de Sri Lanka, después de haber iniciado una investigación, reivindicaron también su buena fama. También en su honor se puso su nombre a un asteroide, 4923 y a una especie de dinosaurio ceratopsiano, el Serendipaceratops arthurcclarkei descubierto en Inverloch (Australia).

Clarke falleció la madrugada del miércoles 19 de marzo de 2008 a las 01:30 hora local (21.00 GMT del martes) en Colombo (capital de Sri Lanka), debido a un paro cardiorrespiratorio[1].

Razas extraterrestres

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A medida que la pequeñez del lugar de la humanidad en el plano del universo sea reconocida, ciertamente las consecuencias serán profundas para nuestro orgullo racial. A la pregunta de los Salmos: “¿Quién es el hombre para que te preocupes por él?”, el porvenir podrá dar la respuesta sarcástica: “¿Qué es en realidad?” Nuestra especie ha aparecido en los últimos cinco milésimos de la historia de la Tierra, y toda la duración de la civilización humana se extiende apenas sobre un millonésimo de ese tiempo. A menos de demostrar una presunción que justamente debería ser calificada de astronómica, debemos considerar que hay muchas razas en el universo, mucho más adelantadas que la nuestra intelectual y espiritualmente. La extrema juventud del Homo sapiens hace pensar en que la mayoría de las criaturas inteligentes extraterrestres deben sernos superiores en un millón de años de desarrollo.

Arthur C. Clarke
No. 20, Enero-Febrero de 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 39