Hastío

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¡Si el pecado original hubiera sido un pecado original!

Ramón Gómez de la Serna
No. 142, Enero-Marzo- 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 110

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Milagro marino

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La bella joven se reía tanto a la orilla del mar que, como la risa es la mayor provocadora de la curiosidad, asomó su cabeza un tritón para ver lo que pasaba.

—¡Un tritón! —gritó ella, pero el tritón, tranquilo y sonriente, la serenó con la pregunta más inesperada;

—¿Quiere decirme qué hora es?

Ramón Gómez de la Serna
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 39

Metamorfosis

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No era brusco Gazel, pero decía cosas violentas e inesperadas en el idilio silencioso con Esperanza.

Aquella tare había trabajado mucho y estaba nervioso, deseoso de decir alguna gran frase que cubriese a su mujer, asustándola un poco. Gazel, sin levantar la vista de su trabajo, le dijo de pronto:

¡Te voy a clavar con un alfiler como a una mariposa!

Esperanza no contestó nada, pero cuando Gazel volvió la cabeza vio como por la ventana abierta desaparecía una mariposa que se achicaba a lo lejos, mientras se agrandaba la sombra en el fondo de la habitación.

Ramón Gómez de la Serna
No. 3, Julio -1964
Tomo I – Año I
Pág. 58

¿Ese soy yo?

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Cuando vi sacar aquel cadáver del agua, grité:

—Ese soy yo… ¡Yo!

Todos me miraron asombrados, pero yo continué:

—¡Soy yo!… ¡Ese es mi reloj de pulsera con brazalete extensible!… ¡Soy yo!

—¡Soy yo!… ¡Soy yo! —les gritaba y no me hacían caso, porque no comprendían cómo yo podía ser el que había traído el río, ahogado, aquella mañana.

Ramón Gómez de la Serna, en Caprichos
No. 6, Octubre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 93

Reencuentro

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Las dos amigas se habían separado hacía muchos años, y en un andén cualquiera se habían vuelto a encontrar.

La una, Cristina, había tenido dolores y estaba satisfecha de sus alegrías. La otra, Lisa, que había sido siempre la cortasueños de las trenzas ilusionadas de Cristina, había tenido una vida neutra.

—Y tú, ¿qué haces ahora? —preguntó Cristina a Lisa.

—Yo —respondió Lisa —busco las lágrimas que no he llorado.

Ramón Gómez de la Serna, en Caprichos
No. 7, Noviembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 78

Traspaso de los sueños

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De pronto dejó de tener pesadilla y se sintió aliviado, pues habían llegado ya a ser una proyección obsedante en las paredes de su alcoba.

Descansado y tranquilo en su sillón de lectura, el criado le anunció que quería verle el señor de arriba.

Como para la visita de un vecino no debe haber dilaciones que valgan, le hizo pasar y escuchó su incumbencia:

—Vengo porque me ha traspasado usted sus sueños.

—¿Y en qué lo ha podido notar?

—Como vecinos antiguos que somos, sé sus costumbres, sus manías y sobre todo sé su nombre, el nombre titular de los sueños que me agobian a mí, que no solía soñar… Aparecen paisajes, señoras, niños con los que nunca tuve que ver…

—¿Pero cómo ha podido pasar eso?

—Indudablemente, como los sueños suben hacia arriba como el humo, han ascendido a mi alcoba, que está encima de la suya…

—¿Y qué cree usted que podemos hacer?

—Pues cambiar de piso durante unos días y ver si vuelven a usted sus sueños.

Le pareció justo, cambiaron, y a los pocos días los sueños habían vuelto a su legítimo sueño.

Ramón Gómez de la Serna
No. 27, Diciembre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 205

Cleptómana de cucharillas

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Era poderosa y aristocrática, pero tenía la obsesión de las cucharillas.

Es esa una cleptomanía corriente sobre todo en los palacios reales, y por eso hubo reyes que cambiaron las de oro por otras de similor, para evitar que se llevasen tan costoso “recuerdo de S. M.”

Poseía cucharillas de los mejores hoteles del mundo, de las casas más nobles —con el escudo en el agarradero—, y hasta algunas arrancadas a las colecciones napoleónicas.

Un día, sin poder resistir mi curiosidad le pregunté qué se proponía almacenando tantas cucharillas.

Entonces la cleptómana me dijo en voz baja:

—Vengarme del mundo… Dejarlo sin cucharilla… Que muevan el café con tenedor.

Ramón Gómez de la Serna
No. 143-145, Abril-Diciembre 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 88

Cleptómana de cucharillas

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Era poderosa y aristocrática, pero tenía la obsesión de las cucharillas.

Es esa una cleptomanía corriente sobre todo en los palacios reales, y por eso hubo reyes que cambiaron las de oro por otras de similor, para evitar que se llevasen tan costoso “recuerdo de S. M.”

Poseía cucharillas de los mejores hoteles del mundo, de las casas más nobles —con el escudo en el agarradero—, y hasta algunas arrancadas a las colecciones napoleónicas.

Un día, sin poder resistir mi curiosidad le pregunté qué se proponía almacenando tantas cucharillas.

Entonces la cleptómana me dijo en voz baja:

—Vengarme del mundo… Dejarlo sin cucharilla… Que muevan el café con tenedor.

Ramón Gómez de la Serna
No. 21, Marzo 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 219

Yo vi matar a aquella mujer

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En la habitación iluminada de aquel piso vi matar a aquella mujer.

El que la mató, le dio veinte puñaladas, que la dejaron convertida en un palillero.

Yo grité. Vivieron las guardias.

Mandaron abrir la puerta en nombre de la ley, y nos abrió el mismo asesino, al cual señalé a los guardias diciendo:

—Este ha sido.

Los guardias lo esposaron y entramos en la sala del crimen. La sala estaba vacía, sin una mancha de sangre siquiera.

En la casa no había rastro de nada, y además no había tenido tiempo de ninguna ocultación esmerada.

Ya me iba, cuando miré por último a la habitación del crimen, y vi que en el pavimento del espejo del armario de luna estaba la muerta, tirada como en la fotografía de todos los sucesos, enseñando las ligas de recién casada con la muerte…

—Vean ustedes —dije a los guardias—. Vean… El asesino la ha tirado al espejo, al trasmundo.

Ramón Gómez de la Serna
No. 20, Enero-Febrero de 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 47

Greguerías 3

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—Los peces gastan los mejores impermeables.

—La noche que acaba de pasar, se va al mismo sitio en que está la noche más antigua del mundo.

—A los claveles les sobra estatura.

—Las focas siempre llevan bien lustrados los zapatos.

—Cuando una flor inclina la cabeza ya no habrá médico que la salve.

—Las negras que bailan la danza del vientre, parecen que están tostando y moliendo café.

Ramón Gómez de la Serna
No. 82, Julio-Agosto 1980
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 151

Greguerías 2

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—Al caerse las tijeras, parece que se les han roto los lentes.

—La ardilla es la cola que se independizó.

—Al ponernos al oído aquella caracola escuchábamos ruido de mar y gritos de náufragos.

—Cuando se pierde la batalla se le dan unos azotes al tambor.

—“El pensador”, de Rodin, es un ajedrecista al que se le ha quitado la mesa.

Ramón Gómez de la Serna
No. 82, Julio-Agosto 1980
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 151

Greguerías

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—El caballo de circo es un sofá hípico.

—La jirafa es una grúa que come hierba.

—Los dátiles saben a nostalgia.

—Nadie puede estrangular a un acordeón. Supervive a todo apretar.

—Cuando vemos correr a un conejo, parece que se nos ha escapado una zapatilla.

Ramón Gómez de la Serna
No. 82, Julio-Agosto 1980
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 151

Los senos de verdadero Sévres

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En casa del anticuario apareció la fina mujer, cuya cintura se cimbreaba en la luz.

—¿Qué desea? ¿Me trae algún abanico?

El anticuario al verla sin ningún paquete, creyó que era una de esas que se sacan de no se sabe dónde un abanico, un abanico viejo, que llena de lentejuelas la tienda cuando ellas lo abren.

Ella acercándose más al anticuario le dijo: “Le traigo unos senos de verdadero Sévres”
.
—Venga, pase —le dijo el anticuario pasándola al despachito donde compraba las joyas más importantes.

Ella entró con la determinación de la que va dispuesta a todo y allí sacó sus senos y los enseñó al anticuario.

—¿De Sévres? … ¿De Sévres? —decía el anticuario sin dejar de darles vueltas como a los jarrones a los que busca la marca.
—Sí, mire usted la señal
—y la mujer que tenía los más puros senos de Sévres, y que sabía dónde estaba el grabado frío como una cicatriz de la marca, le dijo: “Aquí está”.

El anticuario con su lupa se quedó asombrado de la autenticidad, y comenzó a contar como quien cuenta papeles de fumar los billetes que daba por ellos.

Y la mujer de los puros y verdaderos senos de Sévres salía de la tienda sin senos, lisa, como la que ha vendido la última joya que le quedaba de sus padres.

Ramón Gómez de la Serna
No. 31, Agosto 1968
Tomo V – Año V
Pág. 647

Vendedor de senos en oriente


Era interminable la mostración de bellezas, de matices, de agilidades, cuando el vendedor de senos, se daba cuenta de que era un rico o un entendido el que quería un par de senos, si no iguales, muy parecidos el uno al otro.

—Se puede llamar al perito —acababa diciendo—, se puede llamar al perito, para que haga los cálculos de la geometría y le demuestre que son iguales.

Ramón Gómez de la Serna
No. 36, Mayo-Junio 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 392

Aparición


La bella joven se reía tanto a la orilla del mar que, como la risa es la mayor provocadora de curiosidad, asomó su cabeza un tritón para ver lo que pasaba.

—¡Un tritón! —gritó ella.

Pero el tritón, tranquilo y sonriente, la serenó con la pregunta más inesperada:

—¿Quiere decirme qué hora es?

Ramón Gómez de la Serna
No. 113, Enero-Marzo 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 107

Diario del preso feliz


Estaba sentenciado a cadena perpetua. Para sobrellevar la abrumadora sentencia, inventó la estratagema de escribir un diario íntimo en el que presentaba la vida que iba haciendo como sucedida en libertad: “Hoy en Niza…”, “Hoy en El Cairo…”

El director del presidio, al enterarse, lo llamó y reprendió, porque aquel diario con sus imaginaciones significaba un acto de evasión prohibido por leyes y reglamentos.

Despojado de su diario fugitivo, el preso feliz se murió de tristeza.

Ramón Gómez de la Serna
No. 113, Enero-Marzo 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 23