Cerebro electrónico

Los sabios no salían de su asombro frente a aquella máquina computadora. Tres días antes, cuando el encargado de operarla había insertado una tarjeta perforada tratando de obtener el resultado de una ecuación de Física, había leído QUIERO QUESO. Día tras día aquella máquina seguía pidiendo queso y hasta tuvo la osadía de pedirlo en rebanadas delgadas y de la mejor calidad.

Allí estaba el grupo de científicos tratando de aclarar aquel misterio. En eso entró Pasiturno, el gato angora que siempre dormía bajo el escritorio del sabio Stratoviski. Lanzó una mirada al conjunto y fue a restregar la cabeza en los zapatos de su amo. Después se puso a husmear por todos lados hasta llegar a la máquina computadora. La olió de arriba abajo. Se agazapó y estiró una mano tratando de meterla por debajo de la máquina. Tuvo que venir une ejército de obreros para moverla de su sitio. En las maniobras salió un ratón debajo de ella. Y por más que lo corretearon científicos y gato no lograron atraparlo.

Jesús Santana
No. 39, Noviembre – Diciembre 1969
Tomo VII – Año V
Pág. 108

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