Edmée Pardo Murray

Nació en la ciudad de México el 5 de julio de 1965. Narradora. Es licenciada en sociología por la UNAM; cursó el posgrado “Psyche and the sacred” en Santa Bárbara, California; tiene diplomados de literatura en la SOGEM y de arte contemporáneo en el ITAM. Ha sido socia fundadora y editora de Ediciones Brujas; gerente editorial de Tava; fundadora de Amati en el año 2000; coordinadora de talleres literarios en Casa Lamm, el Instituto Cultural Helénico, Centro de Desarrollo y Comunicación y en la Universidad de las Américas; co-conductora de “Abrapalabra”, taller literario por la radio; colaboró semanalmente en el suplemento Sábado del cotidiano Unomásuno durante siete años (1992-1999); fue miembro de la Comisión Consultiva del FONCA (2000-2003). Colaboradora de El Búho, Escala, Estilo, Lotería, Quehacer de Maestras, Sábado y Uno Guía. Becaria del FONCA, 1995-1996, en novela y 1997-1998, en cuento. Premio de Cuento Punto de Partida 1992. Premio Carmen Báez de Cuento 1994. Premio Nacional de Cuento Benemérito de América 1999. Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí 2009 por Encender el mundo. Parte de su obra está incluida en diversas antologías latinoamericanas[1].

 

Edmée 

—Si fueras árbol, ¿qué te gustaría ser? —preguntó un amigo.

—Jacaranda —dije sin dudar.

—Ay, Edmée, tú tan discreta como siempre.

Reímos los dos.

El sitio de Edmée


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Blanco


—Ven, acércate más, mírame bien. Estoy aquí, otra vez, para darte contigo. No me dejes así, tan pura, tan blanca, con ansia de tus pensamientos.

—No sé si pueda, me da miedo.

—Vísteme. Piénsame cubierta con el vestido negro que me inventas, mánchame con las ideas vertiginosas de tu mente. Trázame de nuevo.

—Tengo miedo de no hacerlo bien, tengo miedo al fracaso.

—Lo harás bien, lo sé, Acércate y penétrame en silencio, que sólo se oiga el ruido de tu cuerpo llenándome de ríos, pintándome de formas.

—¿Y si me quedo corto?, ¿si te falto?, ¿si me paso?

—Pon los ojos, la mirada, el universo, en tus manos y tócame. Dame la locura de tu gracia, dame la fluidez del sentimiento.

—¿Y si no puedo?, ¿si no te amo lo suficiente para volcarme, pervertirte, transformarte?

—Entonces vendrá otra a seducirte como lo hago yo ahora.

Se posará frente a ti y volverá el rito. Mirará, como yo, tus inseguridades, tus miedos, y te atrapará para que la inundes con tus desvaríos, para que le digas, te abras, le cuentes.

—No quiero tocarte y luego ver en ti mi fracaso. No quiero verte después y dejar de quererte. No quiero que seas mi espejo negro. Tengo miedo a ya no desearte.

—Dame tu alma dorada, tu mente infinita. Arriesga tu vida, el puño, la letra. Transfórmame, querido escritor, que quiero dejar de ser hoja blanca.

Edmée Pardo Murray
No. 117, Enero-Marzo 1991
Tomo XX – Año XXVIII
Pág. 15