Mestizaje

Con una joya de cuentas azules pedida a crédito para no pagar nunca a uno de los judíos conversos que acababan de llegar huyendo de Portugal y dejándola sobre la almohada para no tener que pronunciar palabras no cristianas, un día de tormenta y por lo tanto de inundación, el Oidor del Ministerio de la Real Audiencia, con jubón de paño negro, llevó a cabo la única relación que podía tener con esa recién adquirida alma que, desvergonzada, ansiaba cambiar sus enredos por guardainfantes y sus huipiles por mantillas.

María Elena Briseño
No 95, Noviembre-Diciembre 1985
Tomo XV – Año XXI
Pág. 70

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