Domingo F. Sarmiento

Domingo F. Sarmiento

Domingo Faustino Sarmiento

( 15 de febrero de 1811 en San Juan, Argentina: 11 de septiembre de 1888)

Domingo Faustino Sarmiento, nació en el Carrascal uno de los barrios más pobres de la ciudad de San Juan. Sus padres fueron, José Clemente Quiroga Sarmiento y Ana Paula Albarracín. Cuando tenía 5 años ya sabía leer y escribir y a los 15 años ya era maestro y había fundado su primera escuela en San Francisco del Monte de Oro (provincia de San Luis) donde ya se desempeñaba como maestro de un grupo de alumnos que lo superaban en edad.

Fue político, filósofo, pedagogo, escritor, docente, periodista, estadista y militar argentino; gobernador de la Provincia de San Juan entre 1862 y 1864 y presidente de la Nación Argentina entre 1868 y 1874.

Se destacó tanto por su laboriosa lucha en la educación pública como a contribuir al progreso científico y cultural de su país.

En San Juan fundó el periódico “El Zonda”. De su obra literaria, se destacan: “Facundo o Civilización y Barbarie”, inspirado en el caudillo riojano Facundo Quiroga; “Recuerdos de Provincia”, de corte autobiográfico; “Viaje”, donde cuenta sus experiencias en el extranjero; “Vida de Dominguito”, que narra la vida de su hijo adoptivo muerto en Paraguay; “Educación Popular”; “Método de Lectura Gradual”[1].

[1] http://www.elresumen.com/biografias/domingo_faustino_sarmiento.htm

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Carlos Bégue

Carlos Bègue

Carlos Bègue

(Buenos Aires, Argentina, 1935).

Narrador y poeta. Ha publicado Oscuro tesoro de la muerte (cuentos, Premio  Municipal de Literatura de la ciudad de Buenos Aires, 1984), El paseo del Centauro (cuentos, 1983), Buitre de pesares la memoria (novela, fue finalista en 1999 del  XVII Premio Herralde, Premio Osvaldo Soriano, Mar del Plata, 2001 y Primer Premio del Fondo Nacional de la Artes, 2003). En poesía es autor de Los Cardales (1986). Le decían cabezón  (cuentos, obtuvo una mención en el premio Casa de las América (Cuba, 1987) y en Uruguay el primer premio del concurso Cuentos de Inmigrantes[1].

 

[1] http://alpialdelapalabra.blogspot.mx/2014/05/carlos-begue-poemas.html

Ezequiel Martínez Estrada

Ezequiel Martínez Estrada

Ezequiel Martínez Estrada

(n. Santa Fe, Argentina, 14-sept-1895 – Buenos Aires, Argentina, 4-nov-1964)

 

Fue un escritor, poeta, ensayista, crítico literario y biógrafo argentino. Recibió dos veces el Premio Nacional de Literatura, en 1933 por su obra poética y en 1937 por el ensayo “Radiografía de la Pampa”. Fue presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) de 1933 a 1934 y de 1942 a 1946.

Santafesino de nacimiento, su familia se trasladó a la localidad de Goyena, en el Sudoeste de la provincia de Buenos Aires, donde su padre abrió un almacén de ramos generales. Luego de la separación de sus padres en 1907, viajó a la ciudad de Buenos Aires, donde vivió con su tía Elisa y estudió en el Colegio Avellaneda. Por razones económicas hubo de interrumpir sus estudios y comenzó a trabajar en el Correo Central de Buenos Aires.

Publicó seis libros de poesía entre los años 1918 y 1929. En 1921 contrajo matrimonio con Agustina Morriconi, una artista plástica argentina. Ejerció la docencia en el Colegio Nacional de la Universidad Nacional de La Plata donde, entre sus alumnos, se contó el luego célebre médico René Favaloro, con quien mantuvo amistad hasta su muerte, y con el dinero obtenido por el segundo Premio Nacional antes citado, compró un campo en Goyena.

Desde 1946 colaboró con la Revista Sur, dirigida por Victoria Ocampo. Publicó durante esa época obras de teatro, cuentos y novelas cortas. En 1949 se radicó en Bahía Blanca, en la casa que es hoy sede de la fundación que lleva su nombre. Además, avaló la creación en Mendoza de la revista “Voces”, fundada – junto con un grupo de intelectuales – por el novel pintor Enrique Sobisch, artista ulteriormente reconocido a nivel internacional.

En los años del peronismo, Martínez Estrada sufrió de neurodermatitis, una enfermedad extremadamente discapacitante de origen psicosomático que lo mantuvo postrado por años en ámbitos hospitalarios y olvidado por casi todos, a excepción de Victoria Ocampo, según dejará consignado el mismo escritor. Luego del golpe de estado de 1955 contra el gobierno de Juan Domingo Perón, y luego de ser sometido a las técnicas terapéuticas del llamado sueño prolongado, su salud mejoró, comenzando una serie de escritos que él llamaba sus “catilinarias” , serie de acerbos escritos dirigidos a la élite argentina, tanto gobierno como intelectuales, prediciendo que la Argentina atravesaría un siglo signado por el “Pre-Peronismo, Peronismo y Post-Peronismo.”

El gobierno peronista lo había privado de su puesto de trabajo en La Plata, que recuperó en 1956 luego del golpe de estado, pero al año siguiente fue nombrado profesor extraordinario en la Universidad Nacional del Sur, en Bahía Blanca. En 1957 asumió la presidencia de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre.

En 1959, Martínez Estrada comienza una serie de viajes a Chile, a la Conferencia de Paz en Viena, donde conoce al poeta cubano Nicolás Guillén, a México, donde enseñó durante un año en el Instituto de Ciencias Políticas en la Universidad Nacional Autónoma de México. Escribe Diferencias y semejanzas entre los países de América Latina, un largo ensayo fijando paralelos con Asia y África, y el concepto emergente del Tercer Mundo, condenando el imperialismo, el colonialismo y expresando admiración por la Revolución Cubana, que sería su siguiente destino.

Desde septiembre de 1960 a noviembre de 1962, fue director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Casa de las Américas en La Habana. Formó así parte de la densa atmósfera intelectual de los primeros años de la revolución: allí estudió en profundidad la obra de José Martí y editó dos libros de discursos de Fidel Castro. Veía en Cuba un destino manifiesto, por el cual los Taínos se unirían a los Amaurotos de Tomás Moro, y la Cuba revolucionaria con el ideal de Cuba de Martí. Esta adhesión a la revolución cubana no sería comprendida ni perdonada por los intelectuales argentinos nucleados en torno de la Revista Sur. Comienza así un aislamiento, en su tierra, que lo acompañará hasta su muerte. Silenciamiento que persiste todavía hoy, por razones no tan fáciles de comprender.

Martínez Estrada deja Cuba después de la crisis de los misiles. El país había sido expulsado de la OEA, y él estaba teniendo problemas de salud y financieros, por lo que decide que “servirá mejor a la revolución desde afuera”. Pasa por México y retorna a Argentina, más precisamente a Bahía Blanca, donde completa sus tres libros sobre José Martí (ninguno publicado en vida y uno de los cuales permaneció inédito hasta 2001), escribe un trabajo sobre Balzac, y continúa escribiendo poemas (notables sus Tres poemas del anochecer – último trabajo publicado en Sur). Él hablaba de volver a Cuba; no está claro si finalmente no lo hizo por su estado de salud o, como indicaría su correspondencia, por sentirse desilusionado con la revolución.

Falleció el 4 de noviembre de 1964 en Bahía Blanca[1].

 

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Ezequiel_Mart%C3%ADnez_Estrada

Marcos Ricardo Barnatán

Marcos Ricardo Barnatán

 

Marcos Ricardo Barnatán

(Buenos Aires, Argentina, 1946)

Es un escritor argentino nacido en Buenos Aires en 1946, en el seno de una familia sefardita de origen hispano-sirio. Realizó sus primeros estudios y cursó Filosofía y Letras en su ciudad natal. En 1965 fijó su residencia en Madrid, aunque realiza frecuentes viajes a Argentina, Francia e Israel. Colabora habitualmente, en calidad de crítico literario, en las principales revistas españolas e hispanoamericanas. Es padre del actor y cantante español Jimmy Barnatán.

En 1971 publicó su primera novela, El laberinto de Sion, a la que siguieron Gor (1973), Diano (1982), y Con la frente marchita (1989). Sus narraciones completas integran La República de Mónaco (Seix Barral, 2000).

Su poesía, que comparte los planteamientos de los novísimos y en la que las referencias a la cábala y a la cultura judía son una constante, resulta un personal hallazgo donde se entrecruzan la tradición castellana y las literaturas europeas en sus tendencias más cosmopolitas. Su obra poética se halla reunida en El oráculo invocado (1984), El techo del templo (1999) y Consulado general (2000)

Entre sus ensayos destacan La Kábala (1974) y Borges, biografía total (1996)[1].

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Marcos_Ricardo_Barnat%C3%A1n

Bustos Domecq

Honorio Bustos Domecq

Honorio Bustos Domecq

Honorio Bustos Domecq es el autor ficticio de la colección de relatos detectivescos Seis problemas para don Isidro Parodi (publicada en 1942) y escritos en colaboración entre los escritores argentinos Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Posteriormente publicaron con el mismo seudónimo Un modelo para la muerte (1946) y Crónicas de Bustos Domecq (1967).

La obra viene precedida de una somera biografía sobre el supuesto autor a cargo de una maestra llamada Adelma Badoglio, así como de una redicha presentación de un tal Gervasio Montenegro, imaginario colega y amigo de Honorio Bustos. Gervasio Montenegro aparece también como personaje, un célebre actor acusado de asesinato, en algunos de los relatos que se supone que prologa.

Según su biógrafa, Honorio Bustos Domecq, nació en la localidad argentina de Pujato y fue un escritor precoz que publicó sus primeras obras en la prensa de Rosario a la edad de 10 años. Fue un eminente polígrafo y durante la intervención de Labruna fue nombrado Inspector de Enseñanza y, más tarde, Defensor de Pobres.

El origen del pseudónimo consiste en la reunión de los apellidos de un bisabuelo materno de Borges (Bustos) y del de la abuela paterna de Bioy (Domecq).

Otro seudónimo utilizado por Borges y Bioy Casares es Benito Suárez Lynch[1].

El extraño caso de Bustos Domecq

Alfredo Taján

Bustos Domecq fue el alter-ego de Bioy Casares y Borges

PARA entender la historia de Bustos Domecq no hay que ser un genio, pero sí hay que haber leído un poco, no mucho, sólo un poco. Bustos Domecq fue el alter-ego de dos grandes escritores argentinos: Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges; Domecq fue un personaje que estos dos autores inventaron para dar rienda suelta a sus opiniones más radicales sobre esto y aquello, y entre tanto pasárselo bien a toda costa. Bustos Domecq es la fotografía velada y turbia de una traición: la de la autoría y la de la amistad. Tampoco hay que marear la perdiz, sólo decir que Bustos Domecq publicó un par de títulos hilarantes que en su momento causaron gran revuelo y que como tal es considerado el primer escritor con personalidad propia que, en realidad, no existe. La broma sería luego copiada hasta la saciedad por autores hoy tan renombrados como Roberto Bolaño, cuando crea al Carlos Wieder de ‘Estrella distante’, e incluso su demencial lista de ‘Literatura Nazi en América’ es una receta extraída del escritor invisible; pero no nos equivoquemos, Bustos Domecq no es un heterónimo, no es un alias, ni siquiera un seudónimo, al contrario, es alguien que siente, y sobretodo, disiente, como si estuviera vivito y coleando.

Borges y Bioy basaron su larga relación de cuatro décadas en un exquisito refinamiento existencial e intelectual. Con el paso del tiempo llegaron a despreciar cualquier libro, o fragmento de libro, una u otra opinión, que no se adecuara a sus cánones. A cuatro manos Borges y Bioy, tanto monta, monta tanto, firmaron con sus nombres respectivos, a los que debe añadirse el de la esposa de Bioy, la también escritora Silvina Ocampo, la ‘Antología de la literatura fantástica’ (1940), que ya advierte el trabajo crítico de sus autores, establece un programa de lecturas y crea un universo de fobias y filias. Bioy escribió que «los amigos que se ven con regularidad acaban por elaborar un dialecto burlesco», Borges, en la misma línea, aseguró que «aún a los narradores fantásticos les llega la hora de conmemorar a las pocas personas que el destino mezcló en sus vidas».

Al margen de que la amistad entre Borges y Bioy exija un profundo examen, la creación del crítico ficticio Honorio Bustos Domecq -feliz reunión de los apellidos de un bisabuelo de Borges (Bustos) y de un bisabuelo de Bioy (Domecq)-, tuvo su estreno en 1942 con la novela ‘Seis problemas para Don Isidro Parodi’, donde un extravagante detective, que está preso, investiga desde su celda, cuantos laberínticos crímenes se cometen en la República Argentina.

En 1963 reapareció Bustos Domecq con sus famosas ‘Crónicas’: veinte años no es nada dice la letra del tango. En esta obrita postrera, la institución cultural en su conjunto es parodiada, incluso el prologuista de la obra, Gervasio Montenegro, es acotado por el propio Domecq, que no duda en escribir un sutil manifiesto contra la osada ignorancia. No en vano estas ‘Crónicas’ de Bustos Domecq están dedicadas a «Picasso, Joyce y Le Corbusier, esos grandes olvidados…»

Deliciosos embaucadores, Borges y Bioy, dieron rienda suelta a sus pequeñas maldades y a sus respectivas soberbias a través de Bustos Domecq. No en vano en ello se les iba, se les fue, la vida[2].

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Honorio_Bustos_Domecq

[2] http://www.diariosur.es/20091106/cultura/extrano-caso-bustos-domecq-20091106.html

María Rosa Lida de Malkiel

María Rosa Lida de Malkiel

 

María Rosa Lida de Malkiel

(Buenos Aires, 7 de noviembre de 1910 – Oakland, California, 25 de septiembre de 1962)

Filóloga, medievalista y clasicista argentina, hermana menor del también filólogo Raimundo Lida (1908-1979).

Nació en el seno de una familia judía askenazí (esto es, judía de origen centroeuropeo) establecida en Buenos Aires que hablaba en yiddish, pero se esforzó en integrar a sus hijos de tal manera en la cultura hispánica que dos de ellos terminaron siendo auténticos filólogos de la lengua española. Fue egresada con medalla de oro del Liceo de Señoritas Figueroa Alcorta (1927) y de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (1932, premio al mejor graduado).

Trabajó hasta 1947, año en que se doctoró summa cum laude en Filosofía y Letras, en el Instituto de Filología, bajo la dirección de Amado Alonso junto a su hermano Raimundo Lida y a Ángel Rosenblat. Dictó cursos de latín y griego en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

Avasallada la autonomía universitaria por el gobierno de Perón se exilió a Estados Unidos donde se casó con el filólogo ruso Yákov Malkiel, en 1948, pariente de dos de los grandes padres del formalismo, Victor Zirmunskij y Yuri Tynjanov. Con él editó una autorizada versión del Cantar de las huestes de Ígor (Bs. As., 1967). El año 1947 defendió su tesis doctoral bajo la dirección de Amado Alonso sobre el poeta cordobés Juan de Mena, aunque en un principio había trabajado muchísimo sobre el tema de la estela de Flavio Josefo en la literatura española, materiales que fueron publicados póstumos por su marido. Su tesis llevaba el sello metodológico de una rigurosa Estilística. La tesis terminó convertida en un libro: Juan de Mena, poeta del prerrenacimiento español, Méjico: El Colegio de México, 1950.

Ejerció la docencia en la Universidad Harvard, donde se reencontró con su maestro Amado Alonso y empezó a elaborar su siguiente gran trabajo, La originalidad artística de «La Celestina», aún vigente. Fue luego a la Universidad de California en Berkeley y las de Illinois y Stanford. Por entonces concibe la idea de su ensayo La idea de la fama en la Edad Media castellana, publidado en Méjico, Fondo de Cultura Económica, 1952. Se especializó en filología romance, llegando a ser miembro correspondiente de la Real Academia de la Lengua Española (1953), por recomendación directa de don Ramón Menéndez Pidal, y de la Academia Argentina de Letras (1959) y ejerció como crítica implacable, infalible y extremadamente rigurosa, de suerte que numerosos filólogos menos concienzudos que ella recibieron sus duras recensiones, entre ellos Gilbert Highet por The Classical Tradition. Greek and Roman Influences on Western Literature, New York-London, Oxford University Press, 1949, por el hecho, lamentable, de haber dejado al margen de su obra la cultura hispánica, o Pierre Le Gentil y los dos tomos de su La poésie lyrique espagnole et portugaise à la fin du moyen âge, t. I: Les thêmes et les genres; t. II: Les formes, Rennes, Plihon, 1949 y 1952-1953, reseñados en Speculum, 26, 1951, págs. 174-179, y 28, 1953, págs. 390-393. Fue la primera en estudiar la curiosa sátira hispanorromana de origen hispano del siglo XI titulada Garcineida. Recibió un Doctorado honoris causa por el Smith College y otro por la Universidad de Buenos Aires. Entre sus trabajos como helenista figuran su traducción del griego de Los nueve libros de la historia de Heródoto (1949) y la Introducción al teatro de Sófocles (Bs. As., 1944).

Después de un breve regreso a la Argentina en 1961, para revisar las últimas pruebas de La originalidad artística… murió de cáncer en Oakland (California), donde residía. Yakov Malkiel editó en forma póstuma muchos de los trabajos y apuntes inéditos de su esposa, gracias a los cual pudieron ver la luz los numerosos trabajos que había dedicado al estudio de la huella de Flavio Josefo en la literatura española[1].

Manuel Peyrou

Manuel Peyrou

Manuel Peyrou

(San Nicolás de los Arroyos el 23 de mayo de 1902 – Buenos Aires el 1 de enero de 1974)

Manuel Peyrou se graduó en la Facultad de Derecho, de Buenos Aires en 1925, pero nunca ejerció la abogacía. Era hijo de Antonio Peyrou, abogado (que se recibió en la misma promoción de Macedonio Fernández y del padre de Adolfo Bioy Casares) y de Julia Olascoaga. Su abuelo fue el coronel Manuel José Olascoaga, uno de los organizadores de la Campaña del Desierto del general Roca, pintor, dramaturgo, topógrafo, militar, revolucionario y fundador de Chos Malal y primer gobernador del Neuquén. Peyrou era también sobrino-nieto de Bernardo de Irigoyen, prócer de la organización argentina. Durante su juventud trabajó en los ferrocarriles -entonces, ingleses- mientras maduraba su vocación literaria. En 1935, con su cuento La noche incompleta, inició su colaboración en La Prensa, diario cuya redacción pasó a integrar poco después, primero como redactor y, luego, como editorialista e integrante del suplemento literario, función que cumplía al alcanzarlo la muerte.

Conoció a Jorge Luis Borges en la década de 1920. Fue uno de sus más íntimos amigos. Sus primeros libros fueron La espada dormida, cuentos policiales publicados en 1944, y la novela El estruendo de las rosas, también de índole policial, publicada en 1948. Fue Borges quien lo vinculó con Sur y le encargó la sección de crítica cinematográfica en Los Anales de Buenos Aires, revista que el autor de El Aleph dirigía y desde la que dio a conocer los primeros trabajos de escritores que, con el transcurrir del tiempo, llegaron a ser nombres significativos de nuestra historia literaria; uno de ellos: Julio Cortázar.

Mientras ejercía el periodismo, Peyrou siguió desarrollando una labor literaria merecedora de importantes reconocimientos. Su primer libro, La espada dormida, obtuvo un premio municipal; en 1953, publicó La noche repetida, cuentos; en 1957, Las leyes del juego, novela a la que se adjudicó el Tercer Premio Nacional; en 1959, El árbol de Judas, cuentos distinguidos con el premio Ricardo Rojas; en 1963, Acto y ceniza, novela; en 1966, Se vuelven contra nosotros, novela, Segundo Premio Municipal; en 1967, Marea de fervor, cuentos; y en 1969, El hijo rechazado, novela, Segundo Premio Nacional de Literatura. Peyrou obtuvo también la Medalla de Oro del Consejo del Escritor correspondiente al decenio 1951-1960 y el Primer Premio en el Certamen Nacional de Cuentos que realizó, en 1956, la Dirección General de Cultura por su cuento La desconocida.

El relato de detectives, especie literaria que cultivó durante su primera etapa de escritor, fue el género en el que produje excelentes páginas. Los cuentos policiales de Peyrou figuran en varias antologías argentinas y extranjeras. Entre las últimas, pueden citarse: Los más bellos cuentos del mundo, editada en Madrid por el Reader’s Digest, y la Antología de escritores argentinos, publicada en 1970, en Grecia, por Jorge Humuziadis. Asimismo, su novela El estruendo de las rosas fue traducida al inglés, editada por Herder and Herder, de los Estados Unidos, que también incluyó su cuento Julieta y el mago en una antología de cuentos hispanoamericanos.

Después de haber incursionado con éxito en el relato policial Manuel Peyrou enfrentó la difícil empresa de la narración psicológica y testimonial. Preocupado por la realidad política del país y por la decadencia de las costumbres, registró en sus novelas, sin ninguna complacencia, las formas negativas del devenir político argentino. Las leyes del juego, Acto y ceniza y El hijo rechazado son buenos ejemplos de dicha intención. Como con reminiscencias de Balzac, lo social y económico se destacan en las peripecias de sus criaturas. Es que Peyrou, después de haber practicado el juego de lo policial y lo fantástico, que lo aproximaba al orbe literario de Borges, se interesó por los conflictos de las psicologías sociales para abordar a través de ellos la novela de testimonio y denuncia.

Existe otro rasgo de su personalidad literaria -y también humana- que no es posible soslayar: su amor por Buenos Aires. Este admirador de la literatura inglesa gustaba describir en su obra cosas y hechos de esa ciudad, sobre todo la zona del centro, de la que era un permanente y encariñado caminador[1].

… de Martín Sosa Cameron

Martín Sosa Cameron, hijo de Emilio Sosa López, nos envía anécdotas de éste escritor cordobés.

En una, él discutía con una persona poco tolerante y muy obcecada, y cuando Sosa López con argumentos amables e irrefutables le demostró al otro su equivocación, ante el excesivo malhumor del interlocutor, Sosa López le dijo, “Bien… Ahora tranquilicémonos… Ya está… No sigo discutiendo con usted: jamás hay que tener tanta razón”… Era conocida su naturaleza conciliadora…

Otra, Sosa López había invitado a su amigo Jorge Luis Borges a dar una conferencia en Córdoba. Borges y él hablaban animadamente de temas personales; en un momento Borges se quejó de todo lo que debía soportar por el entorno familiar de su primer esposa… Sosa López le preguntó “Jorge, ¿tan incómodo está? Qué le gustaría hacer?”, a lo que Borges le respondió “Irme de allí y volver con mi madre”; Sosa López le dijo, “Pero, Jorge, háblela ahora a su mamá y dígale que volverá con ella”; Borges lo tomó de un brazo, pues ya no veía, y le pidió que lo llevara hasta un teléfono; una vez que eso hicieron, Sosa López le discó los números, Borges
tomó el tubo y cuando fue atendido por doña Leonor, exclaEmilio Sosa López en los '40mó, muy contento, “¡Madre! Cuando vuelva de Córdoba me quedo con usted!”

 Emilio Sosa López en los 40’s


Martín Sosa Cameron: Nacido el 14 de julio de 1951 en Córdoba, capital, Argentina. Escritor, poeta, dramaturgo y editor. Casado, vive en Córdoba, Argentina.

Publicaciones: más de 200 trabajos literarios en diarios y revistas culturales de Argentina (“LA GACETA”, Tucumán; “LA PRENSA”, Buenos Aires), Estados Unidos, España, Inglaterra. Becario del Fondo Nacional de las Artes. Enrique de Goycoechea, compositor asociado de la Bloomington University, Indiana, USA, musicalizó trabajos suyos, ganando el 1º premio por “Viajes interiores”. Sus libros tienen críticas positivas en los principales suplementos literarios de Argentina, gran parte de ellos por miembros de la Academia Argentina de Letras – Libros publicados: INTERIOR DEL SUEÑO; POESÍAS DISPERSAS; PAR O NIMIAS (Poesía); ANTOLOGÍA DE LA POESÍA MODERNA DE CÓRDOBA – LOS HOMBRES DE HUMO (Cuentos); TEATRO (Tres obras: La vida perfecta; Laverdito; Celacanto); IMAGINERO DE CÓRDOBA (Antología narrativa); VIEJO Y ENFERMO IBA YO EN MI TRINEO (Cuentos, New York, USA); ¿ACASO EL ALMA NO ES IMPERSONAL? / LOS VIAJEROS (Teatro, New York, USA).

 Corresponsal para Sudamérica de “Boxing Illustrated”, New York, USA; Editor de BoxRec.com; primer argentino y sudamericano Miembro de la IBRO (International Boxing Research Organization), el más importante centro de expertos en historia del boxeo del mundo[1].

Martín Sosa Cameron

Martín Sosa Cameron

 

 

 

 

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Usuario:Mart%C3%ADn_Sosa_Cameron

Emilio Sosa López

Emilio Sosa López El visionario 14 septiembre 1978 Joaquín Mortiz México DF

Emilio Sosa Lopez: Apuntes para una biografía

Por Marcela Benavides

 “Emilio Sosa López fue uno de los intelectuales más destacados de nuestro país y un creador de no común energía”; poeta, pensador y novelista, nació en Córdoba, Argentina, el 15 de enero de 1921, y murió en la misma ciudad el 29 de mayo de 1992.

“La obra de Sosa López merece sitio perdurable, por su intensidad y su fe”; Emilio Sosa López, es “‘El único escritor residente en el interior del país que publicaba en Sur y en La Nación, que periódicamente viajaba a Buenos Aires para codearse con Borges, Eduardo Mallea y Victoria Ocampo’, puntualiza Daniel Moyano”.

Autor de numerosos libros publicados en Argentina, México y España, como poeta es “Tal vez el mejor entre los continuadores de la línea anglosajona -Eliot, Pound, en particular-, es decir, de una poesía de refinada elaboración intelectual, libresca, reflexiva, en la que el límite fonético del verso es dictado por el ritmo interior de la imagen y el poeta contempla el mundo desde una áurea imparcialidad”; “Algunos de los mayores poetas de este siglo han nacido en las provincias: (…) Sosa López en Córdoba”; entre sus volúmenes en verso podemos citar los siguientes: Cuadernos de poesía (Córdoba, 1948); Sentimiento de la criatura (Losada, Buenos Aires, 1950); Los encantamientos (Losada, 1954); La fábula (Losada, 1957); Por amor de la fiebre (Córdoba, 1962); Isla cercada (Losada, 1969); Máscaras (Losada, 1972); Encantamientos (1946-1983, Universidad Nacional de Córdoba); Cielo sin nadie (Universidad Nacional de Córdoba, 1985); Encantamientos (Mundi-Lerner, Córdoba, 1987); La hidra (Mundi-Lerner, 1990); posteriormente, junto con los poemas de Una playa sembrada de maderos (1989-1991), reunió su producción en ese género en la tercera edición de Encantamientos (Mundi-Lerner, 1991), volumen que consideró su definitiva obra poética, pero a la que hay que agregar la publicación póstuma de Últimos poemas (Mundi, 1993)[1].

Héctor Sandro

Héctor Sandro

Héctor Sandro

Héctor Sandro nació en buenos Aires en 1940. Ha realizado tareas vinculadas con el teatro como actor, director, escenógrafo, figurinista. También se ha desempeñado como dibujante, periodista e ilustrador. Su obra literaria incluye cuiento, novela, y artículos periodísticos de diverso orden, publicados en Argentina, perú México y España. Ha publicado Bendito Bajovientre(1975, cuentos), Saludos a este mundo (1981, minificciones para recitante), y las novelas El adiós de Morgana(1989) y  Las damas del Edén (1990)[1]

A HECTOR SANDRO, EL GRAN DETRACTOR, IN MEMORIAM[2]

Lo conocí en 1957, al ingresar yo (con 17 años) al elenco “Los pies descalzos”, que dirigía Francisco Silva. Sandro era ya un actor de carácter, ideal para componer viejos insoportables y dueño de una técnica formidable, pese a que no sobrepasaba los 25 años. Trabajamos juntos en “El perro atorrante”, de Alvaro Yunke y “Juancito estaba en la luna”, de Julián Cairol. Durante todo el año 1958 compartimos el elenco de “Las cuatro verdades”, de Marcel Aymé, una ácida y desvergonzada sátira a la burguesía y en la que yo obtuve mi primer “triunfo” actoral encarnando al plomero Viramblin. Eso fue en las precarias carpas municipales, instaladas por el recordado arquitecto Linares en Plaza Irlanda y en Ciudad de la Paz y Mendoza, al lado de una feria.

En esas carpas llegamos a hacer seis funciones seguidas los sábados y domingos, teniendo que ir al baño en una cervecería alemana que estaba enfrente, atiborrada de recuerdos del Graf Spee.

Un buen día Sandro se marchó del país, rumbo a Europa, para recalar finalmente en Perú, donde montó espectáculos en la Universidad de Lima. Yo, por mi parte, me refugié en las trincheras combatientes de Nuevo Teatro, al lado de la Boero, de Asquini, de Pinti, de Alterio y de tantos y tantos soñadores, que creíamos poder cambiar la sociedad desde un escenario.

Fue hacia fines de la década del sesenta (la que contó) que Sandro y yo volvimos a encontrarnos, trabajando juntos en el peculiar Teatro 35 de Callao y Corrientes, el sótano que regenteaba Aurelia Padrón de Olivari.

Él como primer actor o fundamental actor de reparto y yo como jóven director “con mucho para decir” (como sentenció Emilio Stevanovich), emprendimos sin proponérnoslo una travesía “a nivel de repertorio”, que habría de marcar toda una época del teatro independiente de Buenos Aires.

Los espectáculos que se sucedieron, a menudo en simultaneidad, obra del equipo “Quiroga-Sandro” (al decir de la revista Gente “una dupla que jamás terminará de sorprendernos”), fueron: “El viaje”, del libanés Georges Schehadé; “Historia de Pablo”, de Césare Pavese; “Magia roja”, de Michel de Ghelderode; “Juan de la luna”, de Marcel Achard, “Lucrecia Borgia”, de Victor Hugo; “La loba”, de Giovanni Verga; “El corazón volante”, de Claude André Puget, además de las obras para niños “Blanco, negro, blanco”, de Alfonsina Storni (donde debutó Antonio Gasalla) y “La palabra del diablo”, de Cátulo Castillo y Héctor Stamponi.

Sandro y yo nunca fuimos amigos. Nuestras vidas privadas no coincidían en ningún aspecto, pero abocados a un montaje escénico no teníamos más que alarmantes coincidencias. Los críticos se dividían en dos bandos, unos para elogiarnos sin reservas y otros para tirarnos con metralla pesada. Lo cierto es que la noche de estreno de nuestros espectáculos, sin necesidad de ser convocados, estaban todos.

Sandro era, dentro de un conjunto de intérpretes (por numeroso que fuera), el equivalente del primer violín en una orquesta sinfónica. Mis marcaciones de movimientos solían ser bastante complicadas (“Eximio malabarista”, “Prodigioso alquimista” fueron algunas apreciaciones sobre mis trabajos de dirección, que nunca supe si apuntaban al elogio o a la diatriba). Desde dentro del escenario, Sandro “organizaba” mis montajes, de modo tal que todo funcionaba con la precisión de un reloj suizo.

En 1969 nos separamos, vaya a saberse por qué motivos, pero en 1974, cuando aparece la posibilidad de crear el Teatro en la Universidad, en la malhadada Dirección de Cultura de la UBA, lo convoqué para asumir la parte de Sócrates en la primera representación, que tuvo lugar el 30 de noviembre, en la sala de Corrientes 2038 (La que hoy llaman “Batato Barea”, en el Rojas).Fue un espectáculo imponente, basado en la adaptación del diálogo de Platón llamado “Fedón, o Del alma”, que los profesores de Derecho Carlos Biedma y Manuel Somoza habían realizado en 1942 para el elenco universitario que dirigía Cunill Cabanellas.

A Sandro le parecía un despropósito que yo abandonase mi carrera profesional, para emplear “mi talento” y mis energías en educar a las hordas estudiantiles, “a las que sólo les interesa armar barullo y enarbolar postulados políticos, en los que no creen”.

Después del “Fedón”, (cuya actuación como Sócrates en la hora de ser obligado a tomar la cicuta, por la presunta acusación de haber corrompido a la juventud de Atenas, fue sencillamente magistral), no volvimos a vernos hasta el 2003, en que, al fallecer su pareja de muchos años, se quedó absolutamente solo y entonces el reencuentro se hizo propicio.

Teníamos mucho para compartir sobre el teatro que habíamos hecho durante tantísimos años (él lo seguía haciendo, a duras penas, mientras que yo, al cerrarse el TUBA en 1983, no había querido saber más nada con el “infame oficio”).

Un solo tema nos dividía y nos enemistaba de golpe, en esos encuentros de muchas tardes, entre el 2003 y el 2007, que fue cuando falleció: el TUBA. Bastaba que yo sacase a relucir las fotos o las viejas grabaciones de funciones del TUBA, para que Sandro montase en cólera con la misma vehemencia de sus años juveniles: “Nunca debiste abrir ese teatro y encima mantenerlo por más de nueve años, en esa Universidad de mierda, con esas empleadas burras y esos estudiantes obtusos, que se cagaban en estar haciendo un repertorio y en todas las posibilidades de aprender que vos les brindabas…”.

Fue el más enconado detractor de mi “epopeya universitaria”, pero fue un detractor frontal, sincero…no solapado como los que me acribillaron a diario durante los nueve años del TUBA y los que vinieron después, con la “primavera democrática”, que llevan 27 años pretendiendo ignorar que el TUBA existió, no sea que alguien descubra que valdría la pena que volviese a existir.

Raúl Brasca

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Raúl Brasca

Autor de ficciones, antólogo y ensayista. Como autor publicó libros de cuentos y de ficción brevísima; de estos últimos: Todo tiempo futuro fue peor (Barcelona, 2004 y Buenos Aires, 2007) y Las gemas del falsario (Granada, 2012). Participó en numerosas antologías en español y en algunas en inglés, italiano, alemán y serbio. Ha compilado antologías en Argentina y España, once de las cuales son de microficciones, entre ellas: la serie Dos veces bueno (Buenos Aires, 1996, 1997 y 2002), De mil amores (Barcelona, 2004) y Antología personal (Buenos Aires, 2010).  Publicó ensayos en libros, revistas y actas de congresos internacionales de minificción. Fue co-editor de La pluma y el bisturí, actas del “1er Encuentro Nacional de Microficción” (Buenos Aires, 2008). En 2009 creó, organizó y condujo la “Jornada Ferial de Microficción” en la Feria del Libro de Buenos Aires, exitosa actividad de la que ha seguido al frente en sus cinco ediciones hasta hoy. Ha impartido conferencias, talleres, lecturas y seminarios en algunas universidades, como la Autónoma de Madrid (2009), y en otras  instituciones culturales de América y Europa. Hizo crítica de libros en el diario LA NACION y en diversos medios gráficos y electrónicos. Es jurado habitual en concursos internacionales de microficción. Recibió los premios de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires y del Fondo Nacional de las Artes. En México, lo premió dos veces la revista El Cuento y, en Venezuela, fue distinguido con la orden de Alejo Zuloaga por la Universidad de Carabobo[1].

Adolfo Bioy Casares

Adolfo Bioy Casares

Adolfo Bioy Casares

(Buenos Aires, 1914 – 1999)

Escritor argentino, uno de los más destacados autores de la literatura fantástica universal. Miembro de una familia de hacendados bonaerenses, en 1929 escribió Prólogo, manuscrito que revisó y mandó a imprimir su padre. Su temprana vocación por las letras fue estimulada por su familia, y ya en 1933 publicó el volumen de cuentos Diecisiete disparos contra lo porvenir.

Pronto se vinculó culturalmente al círculo cosmopolita de la revista Sur; su amistad con Jorge Luis Borges sería decisiva en su carrera literaria. En 1932 conoció a Borges en casa de Victoria Ocampo, y también a su hermana Silvina Ocampo, quien se convirtió en su esposa en 1940. La estrecha amistad con Borges duró hasta la muerte de éste en 1986 y dio origen a una serie de obras escritas en colaboración y firmadas con los seudónimos de B. Suárez Lynch, H. Bustos Domecq, B. Lynch Davis y Gervasio Montenegro: Seis problemas para don Isidro Parodi (1942), Dos fantasías memorables (1946), Un modelo para la muerte (1946), Crónicas de Bustos Domecq (1967), Nuevos cuentos de Bustos Domecq (1977) y también a dos guiones cinematográficos, Los orilleros y El Paraíso de los creyentes (ambos de 1955).

El mismo año de su boda publicó La invención de Morel (1940), su obra más famosa y un clásico de la literatura contemporánea. Narrada en primera persona y ambientada en una isla desierta, en la trama se entrecruzan el delirio, la pasión amorosa y la idea de inmortalidad. Un fugitivo, cuyo nombre no se conoce, llega a una isla en la que vive Faustine, mujer de la que se enamora, aunque se limita a observarla escondido en los atardeceres. Allí el científico Morel había inventado una máquina capaz de reproducir todos los sentidos, pero para poder recrear un ser humano, éste antes tiene que morir. El fugitivo pone en marcha la máquina y se graba durante siete días al lado de Faustine. Como estaba sentenciado, el protagonista muere, aunque será inmortal en la eterna reproducción de su imagen.

Para entonces Bioy Casares había renegado de sus escritos anteriores, entre ellos las narraciones La estatua casera (1936) y Luis Greve, muerto (1937). En la fructífera década de 1940 publicó los volúmenes de relatos La trama celeste (1944), El perjurio de la nieve (1948) y Las vísperas de Fausto (1949), además de la novela Plan de evasión (1945), que relata una diabólica propuesta del Dr. Castel, gobernador de la isla del Diablo y discípulo de William James, consistente en practicar sobre unos prisioneros una nueva teoría de la percepción. En colaboración con su mujer escribió la novela policíaca Los que aman, odian (1946); codirigió con J. L. Borges la prestigiosa colección del género El Séptimo Círculo y los tres compaginaron la Antología de la literatura fantástica (1940).

En el decenio de los cincuenta publicó los cuentos de Historia prodigiosa (1956) y Guirnalda con amores (1959). El sueño de los héroes (1954), quizás su mejor novela, narra cómo una pandilla de amigos recorre los suburbios de Buenos Aires durante los tres días del carnaval de 1927 en busca de aventuras y diversiones; años después el protagonista, Gauna, intenta regresar al pasado ignorando que el viaje puede originar el despliegue de posibilidades anteriormente evitadas.

En esta obra la geografía del barrio porteño está inmersa en un clima alucinante que vuelve a encontrarse en Diario de la guerra del cerdo (1969), sobre la guerra de los jóvenes contra los viejos, y en Dormir al sol (1973), centrada en el informe que Lucio Bordenave escribe en un sanatorio frenopático en el que ha sido confinado. Humor, ironía y parodia aparecen en los cuentos de El lado de la sombra (1962), El gran Serafín (1967) y El héroe de las mujeres (1978). Por otra parte, Breve diccionario del argentino exquisito (1971) es una observación sobre el lenguaje.

Obras posteriores de Bioy Casares son las novelas La aventura de un fotógrafo en La Plata (1985) y los cuentos de Historias desaforadas (1986) y Una muñeca rusa (1991). En la década de los noventa publicó la novela Un campeón desparejo (1993); los libros de recuerdos Memorias. Infancia, adolescencia y cómo se hace un escritor (1994) y De jardines ajenos (1997) y el volumen de cuentos Una magia modesta (1998).

Su obra narrativa le valió diversos galardones, como el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) en 1975 y el Premio Cervantes en 1990. Se lo distinguió como Miembro de la Legión de Honor de Francia (1981) y Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires (1986). Fueron llevadas al cine El perjurio de la nieve, con el título de El crimen de Oribe, Diario de la guerra del cerdo (dirigida por Leopoldo Torre Nilsson) y El sueño de los héroes (con dirección de Sergio Renán).

La narrativa de Bioy Casares se caracteriza por un racionalismo calculado y por un anhelo de geometrizar sus composiciones literarias. El contrapunto a este afán ordenador viene dado por un constante uso de la paradoja y por un agudísimo sentido del humor. Para Bioy, el mundo está hecho de infinitos submundos, a la manera de las muñecas rusas, y la barrera entre verdad y apariencia es sumamente endeble, como se revela especialmente en las ya citadas obras La invención de Morel (1940), Plan de evasión (1945), La trama celeste (1948) o El sueño de los héroes (1954).

En general, en las novelas y los relatos de Bioy se cuestionan de modo obsesivo y recurrente los estatutos del orden espacial y temporal. Sus personajes se presentan atrapados por fantasmagóricas tramas, obligados a descifrar la compleja estructura de las percepciones, en las que las misteriosas combinaciones entre realidad y apariencia rigen sus existencias cotidianas. Además de un hábil y exquisito manejo del humor y la ironía, la prosa de Bioy Casares suele ser considerada como una de las más depuradas y elegantes que ha dado la literatura latinoamericana[1].

Raúl Núñez

Raúl Núñez

Raúl Núñez

(Buenos Aires, 1946 ó 1947 – Valencia, 1996)

Fue un escritor argentino autor de novela, poesía y relatos.

Nace en Buenos Aires en 1946 ó 1947.

Llega a Barcelona en 1971, donde colabora con diversas revistas contraculturales de la época como Vibraciones y Bésame mucho,1 y donde aparece en 1974 su antología de poemas People.

En 1979 Producciones Editoriales publica su primera novela, Derrama whisky sobre tu amigo muerto, en la legendaria colección Star-Books.

Después de pasar dos años en Ámsterdam regresa a Barcelona. Anagrama edita sus dos novelas siguientes. Sinatra. Novela urbana en 1984 y La rubia del bar en 1986. Ambas son llevadas posteriormente al cine.

La adaptación de La rubia del bar se rueda en 1986 en catalán dirigida por Ventura Pons con el título La rossa del bar y música de Gato Pérez. Sinatra, por su parte, es dirigida en 1987 por Francesc Betriu e incluye canciones de Joaquín Sabina, que aparece además brevemente como intérprete.

A finales de los ochenta se traslada a Valencia, desde donde sigue colaborando con Playboy y otras revistas. En 1989, Laia publica su nueva novela A solas con Betty Boop.

En el semanario Cartelera Turia tiene una sección fija titulada El aullido del mudo. En 1994 Midons Editorial reúne una selección de estos textos en un volumen del mismo título y uno de ellos será convertido en el guion de un cortometraje por Francesc Betriu y el propio autor.

Muere en la madrugada del 7 al 8 de mayo de 1996, dejando terminada su última novela, Fuera de combate, que aún permanece inédita.2

En 2008 una serie de sus amigos (Francesc Betriu, Alfons Cervera, Juan Madrid, Juan Marsé, Ventura Pons y Joaquín Sabina, entre otros) consigue reunir su poesía en el volumen Marihuana para los pájaros, que incluye el contenido de todos los libros de poemas publicados anteriormente (Poemas de los ángeles náufragos, San John López del Camino, Juglarock, People y Cannabis flan).3

Ese mismo año, la antología Resaca / Hank Over. Un homenaje a Charles Bukowski, que contiene treinta y siete relatos de otros tantos autores hispanohablantes, incluye su cuento Hablando con Bukowski a modo de doble tributo. Además de ésta, conforman el volumen obras breves de escritores contemporáneos como Hernán Migoya, David González, Karmelo C. Iribarren, José Ángel Barrueco, Agustín Fernández Mallo, Ana Pérez Cañamares, Ángel Petisme o Kutxi Romero, entre otros, y sendos prólogos de Patxi Irurzun y Vicente Muñoz Álvarez, responsables también de la selección[1].

… de Rogelio Ramos Signes

La generosidad de dos maestros

Conocí la revista “El Cuento”, de México, en casa de mi amigo el escritor rosarino Elvio E. Gandolfo. Él me regaló algunos ejemplares que tenía repetidos, o que no le interesaban tanto. Era el año 1973 y me sugirió que mandara algunos textos míos para que allí los consideraran.

Lo cierto es que escribí, pero para preguntarles si podían enviarme la revista, ya que en Argentina no se conseguía. En verdad fueron muy amables y comenzaron a mandármela.

Tiempo después les envié un cuento de un par de páginas. Tengo un muy vago recuerdo de cómo era, porque algún tiempo después lo tiré. Creo que se trataba de una araña que caminaba sobre las páginas de un libro de Historia mientras tejía su tela; de esa manera iba engarzando un hecho con el otro hasta crear la verdadera trama que unía el pasado con el presente. Por lo visto era bastante pretencioso y, seguramente, estaba muy mal escrito.

Edmundo Valadés, director de “El Cuento” tuvo la amabilidad de contestarme que esa narración no tenía el perfil que buscaba la revista. Estoy seguro de que era una manera elegante de decirme que mi texto era malísimo, pero me instaba a que le enviase otros cuentos cuando lo creyera oportuno.

Eso fue lo que hice algunos meses después: le envié cuatro biografías ficticias, en las que jugaba con la fantasía y el absurdo. Grande fue mi sorpresa cuando don Edmundo me respondió que las cuatro historias le habían gustado mucho, que pensaba publicarlas, no para rellenar alguna página sino dándole el espacio que se merecían: cuatro páginas (una para cada texto) en el número de agosto-septiembre de 1974. Además me contaba que Juan Rulfo (uno de los integrantes del consejo de redacción) había sido muy entusiasta al considerar que mis textos “le recordaron a las ‘Vidas Paralelas’ de Marcel Schwob y a algunas miniaturas de Borges”.

No lo podía creer. Por aquellos días ya había leído tres veces “Pedro Páramo”, había escrito para la facultad una monografía sobre un par de cuentos de “El llano en llamas”, y nada menos que el propio Rulfo opinaba eso de mis balbuceos literarios.

En fin, yo tenía 24 años y solamente había publicado poemas sueltos en diferentes revistas muy modestas, de Rosario, de Buenos aires y de Tucumán.

Desde México tuvieron la gentileza de enviarme no uno, sino dos ejemplares de aquel número, así que uno de ellos circuló largamente entre amigos y no tanto, hasta desaparecer. El otro está encuadernado junto a diferentes números salteados en uno de los tres volúmenes de “El Cuento” que hay en mi biblioteca.

A fines de 2009, cuando se publicó mi libro de microrrelatos “Todo dicho que camina”, no pude menos que dedicárselo a los señores Edmundo Valadés y Juan Rulfo; obviamente, in memoriam.

Rogelio Ramos Signes(Circa,1975)Rogelio Ramos Signes (circa 1975)

Daniel Moyano

Daniel Moyano

Daniel Moyano

(Buenos Aires, 1930 – España, 1992)

 Fue un escritor argentino. Nació en la Ciudad de Buenos Aires en 1930, pero pasó su infancia en la ciudad de Córdoba y luego se radicó en la provincia de La Rioja donde ejerció como profesor de música e integró el Cuarteto de Cuerdas de la Dirección de Cultura de esa provincia. Aquí formó su familia y escribió gran parte de su obra literaria. Durante la última dictadura militar argentina fue encarcelado en La Rioja en 1976. Una vez liberado, se exilió en España, donde vivió hasta su muerte el 1º de Julio de 1992. Allí fue obrero en una fábrica de maquetación y, posteriormente, ejerció la crítica literaria para el diario El Mundo.

El escritor nació el 6 de octubre de 1930, en Buenos Aires. En 1934 su familia se traslada a las sierras cordobesas. En 1937, luego del fallecimiento de su madre, viaja a la ciudad de Córdoba, en dónde cursará sus estudios y trabajará de albañil. “Después de vivir con mis abuelos pasé de tío en tío. Mi padre desapareció. Reapareció años después. Todos los tíos me dieron material para los cuentos… Pasé un tiempo en un reformatorio, y mi hermana en un colegio de monjas, donde nos colocó un tío”.

En 1947 ingresa en el servicio militar obligatorio. “Cuando me tuve que enrolar en Córdoba, no tenía documento. Mi padre le había dicho a mi madre: ‘Hay que hacer los trámites para anotarlo a Daniel’, pero mi mamá dijo: ‘Daniel está anotado en el cielo, qué me importan los papeles’. Estoy anotado en el cielo, con el pastor, pero no en la tierra. Escribimos a Buenos Aires y nos dijeron que viajáramos. No fui a Buenos Aires, costaba un dineral. Un juez en Córdoba me dijo: ‘Venite con dos testigos falsos, decí que naciste en Córdoba un año antes, y entonces te enrolamos y no te cobramos’. Me enrolé a los diecisiete e hice el servicio a los diecinueve. En los papeles figuro nacido en Córdoba, el 6 de octubre del ‘29. Nací en Buenos Aires el 6 de octubre del ‘30. Mis testigos falsos fueron un violinista gallego y un ave negra de esas que andan en los tribunales, que dijo: ‘Yo me ocupé, Sr. Juez, de los servicios de obstetricia’. El violinista dijo: ‘Pues mire, yo he estado ahí sentado, leyendo una partitura y me puse a tocar el violín, y me dijeron: ¡Ha sido un varón!’”

En 1957 su libro de cuentos “Artistas de variedades” gana el concurso organizado por la Editorial Assandri, de Córdoba. En 1959 viaja a la provincia de La Rioja. Allí trabajará para el diario “El Independiente” e iniciará su carrera de periodista. En 1960 la editorial Assandri publica su libro de cuentos “Artistas de variedades”. Comienza a trabajar como corresponsal del diario Clarín en La Rioja. Es violinista del Cuarteto de Cuerdas y Orquesta de Cámara, y profesor en el Conservatorio Provincial de Música. En 1963 aparece, en Buenos Aires, su libro de cuentos “El rescate”, publicado por Burnichón Editor (reeditado en 2005 por Interzona Editora). En 1964 se publica su libro de cuentos “La lombriz”, con prólogo de Augusto Roa Bastos (Nueve 64 Editora). En 1966 la editorial Sudamericana, de Buenos Aires, publica su novela “Una luz muy lejana”. En 1967 se publican, en Buenos Aires, sus libros de cuentos “El monstruo y otros cuentos” (Centro Editor de América Latina) y “El fuego interrumpido” (Sudamericana). Recibe el Premio de Novela Primera Plana por su novela “El oscuro”, que Sudamericana publica al año siguiente. En 1969 trabaja como colaborador para la Revista Primera Plana. En 1970 en Caracas, Venezuela, se publica su libro de relatos “Mi música es para esta gente” (Monte Ávila Editores). En 1974 se publican, en Buenos Aires, su libro de cuentos “El estuche del cocodrilo” (Ediciones del Sol) y su novela “El trino del diablo” (Sudamericana).

En 1976 Un día después de producirse el Golpe de Estado, el 25 de marzo, es detenido en su casa de La Rioja por las Fuerzas Armadas. Luego de quedar en libertad se exilia definitivamente en España. Allí fue obrero en una fábrica de maquetas para poder subsistir. “El día del golpe de 1976 yo estaba en Córdoba, intentando inscribirme en la Facultad de Filosofía, porque se me había ocurrido estudiar. Cuando regresé a La Rioja había controles como si fuera una ciudad ocupada. Llegué a casa… Me dijeron que habían detenido a casi todos los intelectuales. Muchos eran del diario El Independiente. Además estaba detenido Ramón Eloy López, un poeta, un sacerdote, uno de los tres miembros del Partido Comunista, algunos de la JP y el arquitecto que proyectó la cárcel. Lo metieron en la celda de castigo. Esa noche dormí en casa, sabía que me podían detener. Había sido amenazado por la Triple A, y por LV14, la emisora local. Una locutora estaba leyendo un capítulo por día de ‘El trino del diablo’ y le dijeron que si seguía leyendo iban a volar la radio. Me amenazaron a mí, recurrí al gobernador, Carlos Menem y me había puesto custodia policial en casa. Me levanté temprano, estaba preparando mi ingreso a la Facultad con ese placer de entrar por primera vez a esas disciplinas. Abrí un libro y vi que se detenía un auto: eran cuatro, tres caminaron despacio hacia casa. Mi hija María Inés, de siete años, dormía. Mi hijo Ricardo, que tenía catorce, estaba levantado junto a dos hijos de una familia amiga, y estaba mi mujer. Me apresuré a abrirles la puerta antes de que la derribaran. Era el 25. Pregunté si me podía cambiar de ropa. Dijeron, ‘Sí, pero pronto’, y me acompañaron al dormitorio. ‘¿Llevo documentos?’ ‘No los va a necesitar’, dijo uno. Eso me asustó. Pero no tuve tiempo de tener miedo. Quedé incapaz de reaccionar porque eso era insólito. Yo era periodista, además de escritor, trabajaba para Clarín, y músico y plomero. Me llevaron de casa al cuartel, en silencio. Estaba cerca. Al cuartel entré a los empujones. En un salón enorme estaba media La Rioja de pie, contra la pared (no nos dejaban sentar), con un colchón al lado. (…) Me enteré de que mis libros los secuestraron de la librería Riojana y los quemaron en el cuartel, junto con los de Cortázar y Neruda. Qué honor. Bajé siete kilos en doce días: hacía gimnasia a escondidas. Cuando me dijeron que podía abandonar la provincia, me fui a Buenos Aires, gestioné mi pasaporte, volví a La Rioja y en una semana levanté mi casa. El 24 de mayo de 1976, tomamos el ‘Cristóforo Colombo’, y el 8 de junio comenzó el exilio en Barcelona,”1

En 1981, en Madrid, la editorial Legasa publica su novela “El vuelo del tigre”. En 1982 el Centro Editor de América Latina, de Buenos Aires, publica su libro “La espera y otros cuentos”, con selección y prólogo de Ana María Amar Sánchez. En 1983, en Buenos Aires, la editorial Legasa publica la novela “Libro de navíos y borrascas”. En 1984 recibe el Premio Konex Diploma al Mérito en la categoría “Cuento: primera obra publicada después de 1950”. En 1985 obtiene, en París, el Premio Juan Rulfo por el cuento “Relato del halcón verde y la flauta maravillosa”. En 1989 la editorial Alfaguara de Madrid, publica su novela “Tres golpes de timbal”. En 1990 recibe el Premio Boris Vian por “Tres golpes de timbal”. Para entonces trabaja como crítico literario para el diario madrileño “El Mundo”.

El 1º de julio de 1992 muere en España.

En 1999, KRK ediciones publica, en España, su libro de relatos “Un silencio de corchea”. En 2005 La editorial Gárgola, de Buenos Aires, publica postumamente su novela “Dónde estás con tus ojos celestes”[1].

Juan Carlos Ghiano

Juan Carlos Ghiano

Juan Carlos Ghiano

“Cuentista notable, poeta y autor teatral que renovó con señalada calidad dos viejas modalidades de los escenarios porteños: el sainete y el grotesco. Esa inteligente práctica de los más diversos géneros y su prestigio como crítico y estudioso, armonizaban con su personalidad, frecuentemente salpicada por un humor cortante y una cáustica ironía. Obras como Narcisa Garay, mujer para llorar (1959) que obtuvo durante años el favor de los públicos, mostraron al autor ricamente dotado para el género teatral”.

   Juan Carlos Ghiano nació en Nogoyá (E.R.) el 27 de Noviembre de 1920 y falleció en Buenos Aires el 6 de Septiembre de 1990.

Autor de obras narrativas, poéticas y dramáticas, que intentamos citar, en su mayoría, pues los escasos trabajos biográficos existentes apenas transcriben algunos títulos: “Extraños Huéspedes” (1947), “Cervantes Novelista” (1948), “Lugones y el Lenguaje” (1948), “Temas y Aptitudes” (1949), “Historia de Finados y Traidores” (1949), “Puerta al Río” (1950), “José Martí” (1952), “Constantes de la Literatura Argentina” (1953), “La Casa de los Montoya” (1954), “Memorias de la Tierra Escarlata” (1954), “Lugones Escritor: notas para un análisis estilístico” (1955), “Testimonio de la Novela Argentina” (1956), “Poesía Argentina del Siglo XX” (1957), “La Mano del Ausente” (1960), “La Novela Argentina Contemporánea 1940-1960” (1960), “26 Poetas Argentinos: 1810-1920” (1960), “Introducción a Ricardo Güiraldes” (1961) “La Moreira – drama en tres actos” (1962), “Ricardo Güiraldes” (1966), “Antiyer – tragicomedia en dos actos” (1966), “Corazón de Tango – tragicomedia en tres actos” (1966), “Análisis de La Guerra Gaucha” (1967), “Análisis de las Silvas Americanas de Bello” (1967) “Los Testigos” (1967), “Rubén Darío” (1967), “Análisis de La Gloria de Don Ramiro” (1968), “El Matadero de Echeverría y el Costumbrismo” (1968), “Ceremonias de la Soledad” (1968), “Días en el Pueblo: historias y noticias” (1968), “Análisis de Cantos de Vida y Esperanza” (1968), “Análisis de Prosas Profanas” (1968), “De Traidores y Finados” (1970), “La Gula” (1970) “Actor del Miedo” (1971), “Los Géneros Literarios: principios griegos de su problemática” (1971), “La Renguera del Perro” (1973), “Unos Cuantos Cuentos” (1977), “Tres Tragicomedias Porteñas: Narcisa Garay, mujer para llorar; Antiyer y Corazón de Tango” (1977), “Relecturas Argentinas de José Hernández a Alberto Girri” (1978), “Vividuras o Libro de Muchas Advertencias y Algunas Incertidumbres” (1981), “Noticias más o menos sociales” (1981), “Los Rostros Nativos” (1982), “Hace mucho y Apenas” (1982), “Aunque es de noche” (1983), “Páginas de Juan Carlos Ghiano seleccionadas por su autor” (1984) y “Aquí están Juntos”[1]

Sergio Golwarz

Sergio Golwarz

Sergio Golwarz

Por Hiram Barrios[1]

Sergio Golwarz es uno de los pocos pensadores que pude ostentar el título de renacentista contemporáneo. Escritor, músico e inventor: visitó los géneros literarios del cuento, la novela, el teatro y el aforismo e incursionó en la crítica del arte, así como en la reflexión filosófica; destacó como violinista desde temprana edad y algunos de sus discos obtuvieron difusión, y no poco renombre, en todo el continente; realizó estudios de acústica y preconizó innovaciones importantes sobre el uso y colocación de micrófonos para las transmisiones de grandes conjuntos musicales.

Nació en Ginebra en 1906, vivió su infancia y su juventud en Argentina, escenario de algunos de sus cuentos, y viajó por todo el mundo hasta establecerse en México, donde ejerció el periodismo, la creación literaria y la interpretación musical. A los 18 años presentó, en Buenos Aires, su primer libro, Una filosofía de lo bello (ensayo, 1924)pero pasarán algunas décadas antes de sus siguientes títulos. El grueso de su obra literaria y musical se dio a conocer en México. Algunos de sus libros son: El sombrero del hombre feliz (cuentos y aforismos, 1956), Entrada prohibida (novela, 1959), Una comedia para maridos(teatro, 1959), La máscara de la risa (ensayo, 1963), Cuentos para idiotas (1967, con una segunda edición en 1969) e Infundios ejemplares (cuento corto, 1969). Colaboró en las páginas de periódicos como El Heraldo de México Novedades, y de este último recopiló algunos de sus textos para formar 126 ensayos de bolsillo y 126 gotas tóxicas (1961)en el que vincula el ensayo y el aforismo. Acaso sea éste uno de sus trabajos literarios más interesantes.

Sergio Golwarz fue ante todo un humorista. Las estrategias discursivas que puso en práctica discurren entre la ironía, el sarcasmo y el chiste. Golwarz se caracterizó por su anti-solemnidad: «Me sorprende a veces comprobar que existen todavía gentes que escriben en serio; y me sorprende, porque ya casi nadie lee en serio (sic)». Enemigo de la erudición y del intelectualismo, debía ser anti-borgesiano y detractor de Cortázar, como expone en su novela Controversia. Testimonio de una discusión (1967), en la que se mofa de la escritura de ambos. La obra de Jorge Ibargüengoitia es en parte deudora de este humorista: baste comparar el cuento “Las que prometen” (1956), de Sergio Golwarz, con “La mujer que no” (1967) de su sucesor para encontrar afinidades y diferencias.

Junto al humor como estrategia discursiva, la brevedad es una de las particularidades más notorias de este autor. Heredero de Julio Torri, simpatizante de Arreola y condiscípulo de Monterroso, sus narraciones y ensayos muestran una evolución encaminada hacia la síntesis. Sus primeros cuentos de 1956, publicados en El sombrero del hombre feliz, son algo extensos pero ya en éste presenta una sección de aforismo que son la síntesis de algunas narraciones ahí mismo incluidas. La idea se repetirá en 126 ensayos de bolsillo y 126 gotas tóxicas: cada texto concluye con una sentencia que engloba y remata lo que es sometido al análisis. Se trata, por decirlo de alguna forma, de «ensayos con estrambote». En Infundios ejemplares, su último libro de 1969, hace explícito su deseo de sincretismo:

El valor del relato, ya sea novela o cuento, no reside en la descripción o en la retórica —casi siempre una triste sofística—, sino en el ingenio puro y la fantasía. La única dimensión literaria válida es la artística, y si el escritor tiene la valentía de sacrificar el ropaje de su obra —su propia vanidad—, toda narración podrá ser siempre reducida a su auténtico tamaño. He aquí, pues, estos infundios desnudos, sin adornos. En este caso, como una acrobacia demostrativa del valor estético de la síntesis, de lo más extenso a lo más breve; de lo peor a lo mejor. Infundios ejemplares, porque predican en el ejemplo de la mayor virtud literaria: la brevedad.

Para Golwarz, lo importante es la fantasía (la historia), por eso la depuración retórica y la supresión de lo que llama el «ropaje de la obra». Sin dichos adornos el relato podrá resumirse a su mínima expresión, y en Infundios ejemplares pondrá en práctica eso que llama el «valor estético de la síntesis». Pero si la brevedad es, según sus palabras, la mayor virtud literaria, son entonces los aforismos los que mejor ejemplifican de su trabajo literario.

Golwarz, como hiciera Gesualdo Bufalino o José Saramago, inició su carrera literaria siendo ya un hombre maduro. Aunque desde joven mostró cualidades de escritor, fue hasta pasados los cincuenta años cuando se dedicó de lleno a las letras. Es por eso un exponente más de lo que se ha llamado «literatura de viejos» y cuya tradición acaso comience en Whitman. Quizá su trabajo musical sea más recordado que sus letras: en su juventud obtuvo por concurso los cargos de Violín Principal y Violín Concertino de la Orquesta de Cámara y de la Orquesta Sinfónica, patrocinadas por la Asociación del Profesorado Orquestal de Buenos Aires y, en las décadas de los cincuenta y los sesenta, grabó varios LP’s para la disquera mexicana Musart y para las firmas Orfeón y Columbia. Algunos de ellos son: Un violín con alma, Violín gitano, Recital, Bailando Csardas, Recordando Viena Puro gitano.

Ignoro la fecha en la que abandonó este mundo (de seguir vivo tendría 106 años, algo poco probable). En 1998, la disquera Orfeón reeditó Folklore gitano pero no hay datos para suponer que siguiera con vida en esas fechas.  Músico, escritor, filósofo, ingeniero en audio y acústica, Sergio Golwarz, infortunadamente, no es un pensador cuya obra haya sido valorada con justeza. Sirvan estas líneas contra el olvido.

Antología mínima de aforismos de Sergio Golwarz*

Cuando escribo en serio me da risa, igual que a los lectores.

Vivir es un placer tan intenso que produce la muerte.

¡Con qué facilidad las mujeres cambian un gran amor por un pequeño matrimonio!

Apenas un literato despierta nuestra admiración, comenzamos a robarle ideas.

Hay mujeres que suspiran por un vestido nuevo para ponérselo, y otras, para quitárselo.

El verdadero héroe de algunas obras literarias es el lector que las aguanta.

Todos escribimos buscando la aprobación de dos o tres admirables talentos, que no nos leen ni por casualidad.

No lo leo porque desconfío de su talento. Tiene demasiados admiradores.

El hombre siempre está dispuesto a admirar lo que no entiende.

A cierta edad se descubre la poesía, más tarde se siente la poesía, y, por fin, se asombra uno de que exista la poesía.

La mayor parte de las mujeres no hacen caso de sus maridos, pero algunas sí: caso omiso.

No te angusties cuando ocurra algo malo, desespera cuando te pase algo bueno, no puede durar mucho.

La duda es el único signo de sabiduría humana.

Una vez adquirida la experiencia, no queda tiempo para usarla.

Todas las grandes ideas fueron plagiadas con anticipación.

*Extraídos de:

El sombrero del hombre feliz, México, Aguilar, 1956.

126 ensayos de bolsillo y 126 gotas tóxicas, México, Libro Mex Editores, 1961.[2].

 

Para escuchar a Sergio Golwarz (Hungarian Dance #5)


[1] Hiram Barrios (1983) es escritor y traductor. Es licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas por la UNAM. Publica cuentos, ensayos y traducciones en distintas revistas y medios electrónicos. Ejerce la docencia a nivel medio superior

Rogelio Ramos Signes

Rogelio Ramos Signes

Rogelio Ramos Signes

(Nació en San Juan, en 1950; vivió en Rosario, provincia de Santa Fe, en los años 60; y reside en Tucumán desde 1972).

Ha publicado el libro de cuentos Las escamas del señor Crisolaras (1983), las nouvelles Diario del tiempo en la nieve (1985) y En los límites del aire, de Heraldo Cuevas (Premio “Más Allá” a la Mejor Novela de Ciencia Ficción publicada en la Argentina durante 1986), el libro de poemas Soledad del mono en compañía (1994), los volúmenes de artículos en ensayos Polvo de ladrillos(1995), El ombligo de piedra (dos ediciones en 2000 y 2001) y Un erizo en el andamio (2006), en la novela para jóvenes En busca de los vestuarios (2005).

Tiene más de 20 libros inéditos en diferentes disciplinas. Ha sido incluido en varios diccionarios de la literatura y en antologías nacionales e internacionales. Colabora con publicaciones de la Argentina, España, México, Colombia, Venezuela, Chile, Francia y los Estados Unidos.

Parte de su poesía ha sido traducida al francés, y parte de su narrativa, al inglés. Ha coordinado talleres literarios y ha dictado conferencias sobre temas inherentes a la literatura en diversos encuentros y congresos.

Los poemas que componen La casa de té pertenecen a diferentes publicaciones en revistas, suplementos literarios, antologías, páginas web y a los libros inéditos Este desmesurado subtrópico, Composiciones náufragas, Poemas tontitos, Cierto pájaro, Poesía en el laboratorio, Epigramas nena, Gutenberg cooperativa de riesgo, El décimo verso (en proceso de impresión), Las bellaquerías detrás de la puerta, Linchamientos en el patio, En honor y vértigo Décimas blancas. No se incluyen textos de los libros Arca de otro diluvio, Banalidades, Como una casuarina silbando en el médano, Hotel Carballido, Pretérito inconcluso Tras el Amta Huazihul de cuchillo y lagarto a la cintura, por tratarse de obras conceptuales, de estructura unitaria[1].

…de Juan Romagnoli

“Gracias Manolo, gracias Alfonso, amigos queridos, al igual que a todo el equipo de trabajo. Es un gran honor estar en el blog y, sobre todo, haber aparecido en revista no sólo tan prestigiosa sino que, como muchos opinan, es “la biblia de la minificción”. Fue esta una de mis primeras publicaciones. Pasaron tantos años, y si bien mi único orgullo sincero y profundo en la vida son mis dos hijos, esta y la siguiente aparición en “El Cuento” (Nº 142, 1999), se le parecen bastante. Lo curioso es que supe de inmediato de la segunda publicación (ya estaba suscripto), pero de esta en particular, me enteré casi diez años después (en 2003) por nuestro común amigo Raúl Brasca, así que disfruto doblemente la publicación. Un gran abrazo.”

Juan RomagnoliJuan Romagnolli para testimonios

Juan Romagnoli

Juan Romagnoli

Juan Romagnoli

Nació en la ciudad de La Plata, Buenos Aires, Argentina, en 1962. Pero al mes ya estaba en La Puntilla, Mendoza, donde se crió y vivió durante su adolescencia. Desde los 17 años, vive en la Ciudad de Buenos Aires. Entusiasta investigador e impulsor de la Onirología. Ha cultivado sobre todo el género del cuento y del microrrelato. Algunos de sus micros han sido publicados en la revista mexicana “El cuento” e incluídos en antologías como “Dos veces bueno 3“, “De mil amores“, Antología de microrrelatos amorosos y “4 voces de la microficción argentina“, de Raúl Brasca; “Ciempiés“. “Los microrrelatos de Quimera” (Montesinos, Barcelona, 2006), Neus Rotger y Fernando Valls; “Microrrelatos en el mundo hispanoparlante” (2006), de Silvia Patricia Israilev; y en “El límite de la palabra“. Antología del microrrelato argentino contemporáneo (Menoscuarto, Palencia, 2007), de Laura Pollastri. Ha reunido sus microficciones en “Universos Ínfimos” (Tres Fronteras ediciones, Murcia, 2009), reeditado por Macedonia (Buenos Aires, 2011). “#ElSueñodelaMariposa” (Macedonia, Buenos Aires, 2013) reúne tres años de minificciones en su cuenta de twitter @jromagnoli[1].

Rolando Revagliatti

Rolando Revagliatti

Rolando Revagliatti

Nació en 1945 en Buenos Aires (la Argentina), ciudad en la que reside. Su vinculación con la dirección y actuación teatral se produjo en los setentas y ochentas.

Su quehacer en narrativa y en poesía ha sido traducido y difundido a los idiomas: francés, vascuence, italiano, asturiano, alemán, catalán, inglés, esperanto, portugués, maltés, rumano, búlgaro y neerlandés.

Uno de sus poemarios, «Ardua», ha sido editado bilingüe castellano-neerlandés, en quinta edición y con traducción del poeta belga Fa Claes, en Apeldoorn, Holanda, 2006, a través del sello Stanza.

Ha sido incluído en más de cincuenta antologías y libros colectivos, la mayoría de ellos de poesía, en la Argentina, Brasil, México-Chile, Panamá, Estados Unidos de América, Venezuela, España, Alemania-Perú, Austria y la India.

Obtuvo premios y menciones en certámenes de poesía de su país y del extranjero. Fue el editor de las colecciones «Olivari», «Musas de Olivari» y «Huasi».

Coordinó varios Ciclos de Poesía, así como la Revista Oral de Literatura «Recitador Argentino» y otros eventos públicos, solo o con otros escritores. Coordina talleres de escritura.

Ha sido colaborador en varios cientos de revistas, periódicos y colecciones de plaquetas, cuadernos, murales, etc., de la mayoría de los países de América y Europa, así como ha dado recitales en innumerables propuestas públicas.

En los últimos años colabora en revistas y boletines electrónicos, bibliotecas virtuales, sitios y blogs de países de América, Europa y Asia, en los géneros narrativa, dramaturgia y poesía.

En soporte papel publicó desde 1988 dos volúmenes con cuentos y relatos: «Historietas del amor», «Muestra en prosa»; uno con su dramaturgia: «Las piezas de un teatro»; quince poemarios:

«Obras completas en verso hasta acá» (tres ediciones),

«De mi mayor estigma (si mal no me equivoco):» (dos ediciones),

«Trompifai», «Fundido encadenado» (tres ediciones),

«Tomavistas» (cuatro ediciones),

«Picado contrapicado» (dos ediciones),

«Leo y escribo» (tres ediciones),

«Ripio» (tres ediciones),

«Desecho e izquierdo», «Propaga», «Ardua» (cinco ediciones),

«Pictórica» (tres ediciones),

«Sopita» (seis ediciones),

«Corona de calor», «Del franelero popular» (dos ediciones), además de

«El Revagliastés», antología poética personal y «Revagliatti – Antología Poética», con selección y prólogo de Eduardo Dalter.

Excepto «Historietas del amor», sus libros han sido editados electrónicamente y se hallan disponibles, por ejemplo, en http://www.revagliatti.com.ar.

Tres poemarios suyos, inéditos en soporte papel, «Ojalá que te pise un tranvía llamado Deseo», «Infamélica» y «Viene junto con», cuentan con dos ediciones-e de cada uno: en PDF y en Versión FLIP (Libro Flash).

Es posible acceder a «Picado contrapicado» en html en http://rolandorevagliatti.blogspot.com , integrando la colección de Editorial Alebrijes.

Sus más de 150 producciones propias en video, todas ellas debidamente diseñadas y editadas, se encuentran en http://www.youtube.com/rolandorevagliatti[1].

Enrique Anderson Imbert

Enrique-Anderson-Imbert

Enrique Ánderson Imbert

Nació en Córdoba el 12 de febrero de 1910. Con sólo 16 años afloró su vocación literaria. El joven Anderson comenzó a publicar artículos en la revista literaria del diario bonaerense La Nación y llegó a ser director de la página literaria del periódico socialista La Vanguardia. También colaboró en Nosotros y Sur.

Cuando apenas había cumplido 24 años, obtuvo un premio municipal por su novela Vigilia. Tres años después, los ensayos de La flecha en el aire refirmaron la doble vertiente de creación y erudición en su labor intelectual.

Profesor en la Universidad de Tucumán entre 1941 y 1946. Con la llegada al poder en 1946 del general Perón, obtuvo una beca Guggenheim que le permitió estudiar en la Universidad de Columbia y acceder a distintos puestos docentes en EEUU. En 1965, la Universidad de Harvard creó para él la Cátedra de Literatura Hispanoamericana.

Más reconocido en el extranjero que en su país natal, el intelectual argentino Enrique Anderson Imbert cosechó elogios por sus novelas y cuentos, pero también y sobre todo por sus aportaciones a la crítica literaria, actividad en la que se destacó. Tuvo una gran polémica con libro Antiborges, libro que publicó junto a Pedro Orgambide y Raúl Scalabrini, donde denostaba la obra de Borges. En ella pronosticaba un futuro oscuro para la obra del escritor argentino, una profecía que nunca se cumplió.

De su estilo se dijo siempre que brotaba de una imaginación frondosa y a la vez acotada al europeísmo del Río de la Plata. Estructuras montadas sobre bases casi matemáticas y la pluma propia de quien da prioridad al raciocinio.

En 1994 fue candidato al Premio Cervantes, pero fue superado en votos por el escritor peruano Mario Vargas Llosa.

Jubilado desde 1980 de sus clases en EEUU, regresó a su patria en los últimos años y se instaló en Buenos Aires, donde ha falleció el 6 de diciembre del 2000 a la edad de 90 años[1].

 

Macedonio Fernández

Macedonio Fernández

(Buenos Aires, 1 de junio de 1874 – Buenos Aires, 10 de febrero de 1952)

Fue un escritor argentino, autor de novelas, cuentos, poemas, artículos periodísticos, ensayos filosóficos y textos de naturaleza inclasificable. Ha ejercido una gran influencia sobre la literatura argentina posterior.

Hijo de Macedonio Fernández, estanciero y militar, y de Rosa del Mazo Aguilar Ramos. En 1887 cursa sus estudios en el Colegio Nacional Central.

Durante 1891-1892 publica en diversos periódicos una serie de páginas costumbristas incluidas más tarde en Papeles antiguos, primer volumen de sus Obras completas (Buenos Aires: Corregidor). Compañero y amigo íntimo de Jorge Guillermo Borges (padre de Jorge Luis Borges), comparten el interés por el estudio de la psicología de Herbert Spencer y por la filosofía de Arthur Schopenhauer.

En 1897 la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires le otorga el título de doctor en jurisprudencia por una tesis titulada De las personas que todavía permanece inédita. Publica en La Montaña, diario socialista dirigido por Leopoldo Lugones y José Ingenieros. En 1898 recibe su diploma de abogado. Al año siguiente se casa con Elena de Obieta, con quien tendrá cuatro hijos.

Publica en 1904 algunos poemas en la revista Martín Fierro (que no hay que confundir con revista vanguardista del mismo nombre publicada durante los años 20 y en la que tendrá un papel muy activo). En 1910 obtiene el cargo de Fiscal en el Juzgado Letrado de la ciudad de Posadas, en la provincia de Misiones, que desempeña durante algunos años.

En 1920 muere su esposa. Los hijos quedan al cuidado de abuelos y tías. Abandona la profesión de abogado. Cuando Jorge Luis Borges vuelve de Europa en 1921 redescubre a Macedonio, con quien comienza una prolongada amistad. Borges, hacia 1960, dicta -ya ciego- un breve y sustancioso prólogo para una antología de Macedonio. Allí se nos dice que ninguna persona lo impresionó tanto como él. Hombre que no se cansaba de ocultar, antes que mostrar, su inteligencia proverbial. Macedonio prefería el tono de consulta modesta antes que el dictamen pontificador. Su tono habitual era el del ánimo perplejo. Lo caracterizaba la veneración de Cervantes, una cierta divinidad, para él. Detestaba todo aparato erudito, que entendía como una manera de eludir el pensamiento personal. De esta manera su actividad mental era incesante. Vivía desinteresado de las críticas ajenas, de confirmaciones o refutaciones exteriores. Con desparpajo y no cuestionada generosidad, atribuía su propia inteligencia a todos los hombres. Poseía la veneración supersticiosa de todo lo argentino. Y ejecutaba, en grado eminente, el arte de la soledad, y de la inacción. Sin hacer absolutamente nada, era capaz de permanecer solo, por horas. Pensar -no escribir- era su devota tarea. Aunque también solía, en la soledad de su pieza, o en la turbulencia de un café, abarrotar cuartillas en caligrafía minuciosa. Empero, no le asignaba valor a su palabra escrita. Dos temores lo atravesaban: el del dolor y el de la muerte. Borges conjetura que para eludir este último postuló la metafísica inexistencia del yo. En lo que concierne a la literatura, le importaba menos que el pensamiento y la publicación le era más indiferente que la literatura. Así, su vocación fundamental era la contemplativa y la persecución del desciframiento del misterio filosófico del universo.

En 1928 se edita No toda es vigilia la de los ojos abiertos, a instancias de Raúl Scalabrini Ortiz y Leopoldo Marechal. Publica al año siguiente Papeles de Recienvenido. Durante este período, se preocupa por crear expectativas respecto a la posible aparición de la novela Museo de la Novela de la Eterna. En 1938 publica “Novela de Eterna” y la Niña del dolor, la “Dulce-persona” de un amor que no fue sabido, anticipación de Museo de la Novela de la Eterna.

Tres años más tarde publica en Chile Una novela que comienza.

En 1944 se publica una nueva edición de Papeles de Recienvenido. En 1947, Macedonio se instala en la casa de su hijo Adolfo, donde residirá hasta su muerte[1].

 

Francisco Gandolfo

Francisco Gandolfo

 

Nació en Hernando, Córdoba, en 1921. En 1948 se instaló para siempre en la ciudad de Rosario, Santa Fe, donde se desempeñó como imprentero y editor. Entre 1968 y 1976 creó –junto con su hijo, Elvio– la mítica revista El lagrimal trifurca. Como editor fundó y dirigió la colección de poesía El Búho Encantado, donde publicó, entre otros, a Juan Carlos Martini, Eduardo D’Anna, Yanis Ritsos (traducido por Juan L. Ortiz) y Rafael Bielsa. Entre sus obras se encuentran Mitos (1968), El sicópata. Versos para despejar la mente (1974), Poemas joviales (1977), El sueño de los pronombres (1980), Plenitud del mito (1982), Presencia del secreto (1987), Pesadillas (1990) y Las cartas y el espía (1992), todos publicados e impresos por el sello y la imprenta que fundó. El Búho Encantado es uno de sus cinco libros que permanecen inéditos[1].