Papalotl

Te dije que la mataras; si no, me va andar persiguiendo. Te dije que no me gusta. Te dije que clavándole un alfiler la pegaras a la pared, para que ya no se mueva y mi espíritu se quede aquí y no me lo robe.

Te dije que con un palo y el alfiler en la punta; pero tú quisiste a escobazos y se te vino encima con harto coraje, y te saltó el polvo de sus alas a la cara, y te quemó los ojos, y por un rato no podías ver, y tú te enojaste mucho y le pegabas a ciegas y no te dabas cuenta que la tenías como un prendedor sobre tu rebozo, pero como seguías enmuinada, no hacías caso de lo que yo te decía —que si no la matabas me iba a robar mi espíritu, porque estuvo sobre mi cama…

Te dije: Clávale el alfiler, pero como tú no me oías y me iba a robar mi espíritu, yo se lo tuve que clavar; y caíste al piso viéndome muy asustada. Ahora tengo que tenerte aquí, en esta cajita de cristal para poder cuidar que no te quites el prendedor, pues si vuelve a volar va a venir por mi espíritu.

Martha Figueroa de Dueñas
No. 94, Septiembre-Octubre 1985
Tomo XIV – Año XXI
Pág. 785

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Transmutación

Estoy sentada frente al espejo, Zeta así me lo dijo: “Pon una vela enfrente de ti; la mirada fija en un punto, puede ser la nariz, o el centro de los ojos. Si es posible a solas para que nadie te distraiga”.

Sentí miedo; pero ya no, lo difícil es tomar la decisión, y ésta vale la pena. Si lo logro, después lo que yo quiera. Es sólo concentración: la punta de la nariz, la punta de la nariz.
Todo se nubla. Caigo en un pozo. Tengo miedo. Tengo que sobreponerme: la mirada fija en un punto; lo voy a lograr, lo voy a lograr, ¡lo estoy logrando! Ya perdí la mitad de la cara; sólo me faltan los ojos, ¿pero si los dejo de ver, con qué me veo?

Martha Figueroa de Dueñas
No 101, Enero-Marzo 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 35

La historia de Uno

Cuéntase que Uno le robó la mujer a Otro.

Cuéntase que Uno mudó de pueblo y se convirtió en un personaje prominente.

Cuéntase que Otro no vuelve a trabajar, que se pasa los años sentado sobre una banca —que no come ni duerme— sólo pensando en su odio y en su venganza.

Al fin un día se levanta, camina al pueblo donde Uno vive, alquila un local y pone un negocio en espera de su represalia. Llega el día en que Uno, atraído por la fama de Otro, acude en busca de sus servicios: se sienta en un cómodo sillón, empieza sentir la suavidad de las manos que tocan su piel, las toallas calientes cubriendo su cara, sólo se escucha el roce de la navaja sobre el asentador, suave, tranquila, con esa tranquilidad de la larga espera, de la satisfacción de la venganza. Otro le recarga la cabeza sobre la silla hasta que queda fuerte y segura; sujeta con su mano la barba, desliza la navaja hacia arriba, de lado, al centro:

No se escuchó ningún lamento.

Martha Figueroa
No. 80, Abril-Septiembre 1978
Tomo XII – Año XIII
Pág. 751

Martha Figueroa de Dueñas
No. 92, 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 499

… de Martha Figueroa de Dueñas

Alrededor de 1986, la escritora Martha Figueroa de Dueñas hizo la pregunta inquietante,

¿Qué libro te llevarías a una isla desierta?, a algunos de los más importantes escritores y poetas mexicanos. Las respuestas fueron, en todos los casos, fascinantes. Ésta es la de:    EDMUNDO VALADÉS

Virtud de sabios –dicen los filósofos–, es saber escuchar, hacer sentir a nuestro interlocutor como si éste fuese la persona más importante en ese momento. Esta enorme –y rarísima en nuestros tiempos del yoísmo galopante– cualidad la tiene Edmundo, perdón, Don Edmundo Valadés.

Cuantas veces me he acercado a él en alguna reunión de amigos, fija su atención en mí y, no importa lo baladí de mi alocución, él me escucha como si nadie más existiera a nuestro alrededor.

Don Edmundo, ha dedicado su vida a las letras. Periodista de profesión, testigo del desarrollo literario de México, lector pantagruélico, cuentista prodigio, ensayista profundo, fundador y director de la revista El cuento, hace ya largos 22 años, hombre de gustos exquisitos y, por ende apasionado de la obra de Proust.

Cuando vaya en busca de su isla perdida, es obvio el libro que llevará en su bagage literario:

ME QUEDO con PROUST

Tu indagación, queridísima Martha, me hace recordar los juegos literarios juveniles suscitados por Xavier Villaurrutia, a su vez repitiendo los de algunos escritores franceses, sobre cuáles serían las diez Novelas que uno escogería de tener que ir a vivir a una isla desierta. (Xavier, maliciosamente, revertía la pregunta con otras ¿cuáles son los diez libros o versos más cursis de la poesía mexicana?, ¿cuáles son las diez mujeres de letras que llevaría usted, o no, ala Isla Desierta?, y ¿cuáles son los diez libros, diez literatos, a quienes dejaría usted para siempre en ella?). De jóvenes, creo que quienes leíamos ávidamente, formulábamos relaciones de nuestros libros preferidos, en las que acumulábamos, sin preocupación crítica, un catálogo más bien tendiente a mostrar cuántos habremos ya leído, que a determinar los que nos iban siendo esenciales o que más nos enriquecían. Limitados a una cifra pequeña, la selección era dolorosa, y hacíamos la trampa de cambiar autores por libros, para sumar más. El tiempo, ajustador implacable, nos fue orillando a establecer los en verdad inolvidables o siempre preferidos ahora tú, Martha, nos arrinconas cordialmente para decir entre todas nuestras lecturas, cual resulta la definitiva: cuál es el libro de nuestra vida. Ese libro al que volvemos y volveremos con admiración o fascinación crecientes, ése que nos ofrece más y más, como novedad creadora que no se agota, y en cuyo mundo nos sumergimos para descubrirle otras proyecciones inadvertidas, un interés renovado, un mundo y personajes que nos apasionan con ininterrumpida atracción. Hace años, tal vez hubiera dudado entre Las mil noches y una noche, que me abrió desde joven el espacio de la imaginación y la sensualidad y me cautivó como el viaje más sorprendente y maravilloso, y el libro que ahora no titubeo ya en elegir sin reservas “porque ha sido y es mi gran compañero literario: A la busca del tiempo perdido, de Marcel Proust.

Desde hace más de cuarenta años en que inicié la lectura de los dos primeros volúmenes, pues la traducción completa no apareció sino después de que, empezada en España, al impedirla Guerra Civilsu término, la culminó en 1946, en

Buenos Aires, en la editorial Santiago Rueda, me atrapó de modo fulminante Por el camino de Swann, porque allí, así hubiera circunstancias distintas, reconocí la parte dolorosa y sensible de mi infancia y porque descubrí asociaciones entre mis incipientes intermitencias de corazón y las que Proust describe como las primeras sensaciones y reacciones amorosas del Narrador, que irá pormenorizando más profunda y extensamente, para formular el estudio quizás más penetrante de cómo se fragua un amor, cómo se envuelve en los celos y luego desaparece, para reencarnar otra vez, sin que valga la experiencia de haberse librado de un sortilegio en el cual volveremos a caer fatalmente.

La obra de Proust, cuando uno la abarca en conjunto, admira y pasma, atrae y fascina, tanto por su estructura genial –un vasto círculo perfecto– como por la composición de su historia, tan ligada a la vida real de Proust, parábola del paso del tiempo sobre los seres humanos, para concluir en que la única salvación posible de la mentira o el sueño que es la vida, está en la obra creadora. Libro escéptico sobre la naturaleza humana, así lo sustente en los egoísmos, vicios, placeres, vanidades y ocios de la burguesía –la bella época francesa–, su pesquisa es tan perspicaz, que implica en mucho, así sea en otras proporciones y ámbitos, las de otros núcleos sociales. Es, también, uno de los libros más sabios que se han escrito, pues entre tantas cosas de que se nutre, nos enseña a reponer la verdadera realidad de nuestra vida, por medio de la memoria involuntaria, extraída de nuestra subconciencia al estímulo de sensaciones que hemos guardado y olvidado, y que pueden aflorar de pronto, en inesperados estados de gracia, para volver al origen de lo que somos, acercándonos al misterio de nuestro destino, a lo que determinó su curso o lo que puede cumplirlo. Nos enseña también, con una lección superior, cómo podría crear el escritor su obra trascendente.

La originalidad de la historia de En la busca del tiempo perdido, la maestría de su estilo, la modelación magnífica de personajes arquetípicos, la descripción espléndida de ambientes y paisajes, el análisis sagaz de pasiones y psicologías, la develación del “mecanismo de los principales sentimientos”, el recóndito rastreo sobre los celos, la reintegración formidable de una sociedad, de una época, su recuperación y concepción del tiempo, por no decir más, es por lo que Proust es el gran seductor literario. Y por la simbiosis entre lo real y lo inventado en En busca del tiempo perdido, la vida de Proust acabará por interesarnos tanto, y a veces más, que su propia obra. Por eso yo me quedo con él.[1]

Martha Figueroa y Gabo

 

 

 

 

Martha Figueroa y Valadés
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Martha Figueroa de Dueñas

Martha Eugenia Figueroa von Herzberg

Escritora, periodista, cocinóloga, sommeliere, restaurantera, consultora gastronómica, editora, petróloga. Martha Eugenia Figueroa von Herzberg Nunés Mier Altamirano, descendiente de don Fernando Altamirano, primer Conde de Santiago de Calimaya y primo de don Hernán Cortés.

Nació en Temazcaltepec, Estado de México, en la Mina del Rincón, propiedad de su familia el día 12 de septiembre de 1936.

Casada con Don Daniel Dueñas Fullen y madre de una hija, Daniela Urraca Dueñas Figueroa.

Cursó sus primeros estudios en el Colegio Alemán de la Ciudad de México.  Otra parte de su educación en la ciudad de Cuernavaca en diferentes instituciones.  Regresa ala Ciudad de México a continuar con su aprendizaje.

Entre 1954 y 1962 fue reina de belleza de diferentes asociaciones en Cuernavaca, Mor. y posteriormente modela con diseñadores de alta costura, Tao Itzo y Henry de Chatillón, participa en programas de televisión en México y en Filadelfia e incursiona en el cine.

En 1964, se gradúa como modelo en el “Filadelfia Modeling and Charm School”, profesión que ejerce en la ciudad de Filadelfia, y más tarde en Nueva York.

De nuevo en México asiste ala Facultadde Filosofía y Letras enla UNAM.

En 1969 estudio mineralogía y petrografía, (estudio sobre las piedras minerales) y las exporta a Europa y EUA.

Desde principio de los años setenta hasta la actualidad se ha dedicado a colaborar en diferentes publicaciones, entre las que se encuentran las revistas: Claudia, Vogue, Gruma, Vital, El Cuento, Activa, Kena, Tele-Guía, M.B. Los periódicos: El informador de Morelos, El Sol de México, El Universal, Excelsior, Uno más Uno, Summa y Doble Jornada. De adolescente escribe en “El Morelense” periódico de Cuernavaca, Mor. sobre temas de belleza.

Ha participado activamente con un segmento en varios programas de televisión con temas de belleza, cocina y entrevistas a personajes del mundo intelectual y social en: Vida Diaria, por 6 años, canal 2 y 4; Sal y Pimienta; De Tres en Tres; Mujeres; Mujer y Vida por 11 años; Estilo de Vida, 2 años, Nuevo Estilo y T.V.C. desde 1994.  Y un segmento en “Hoy en el canal 2 de Televisa desde 1998.

Pertenece a la Asociación Mundialde Mujeres Periodistas y Escritoras (AMMPE) colaborando primero en relaciones públicas, más tarde como Vicepresidenta de Cultura, posteriormente en la Admisiónde Nuevas Socias y como  presidenta en el Comité  Electoral de 1994. Actualmente tiene a su cargo  las relaciones internacionales de esa asociación.[1]