La promesa


Un día apareció en la cripta de la catedral de Lund, Suecia, un recipiente de agua bendita azul, fría, imposible de tocar. Se conjeturaron explicaciones, señales. Al mes de infructuosos intentos, un diácono dejó abierta una puerta y se metieron perros y palomas que llegaron hasta el borde de la pila. Bebieron del agua y al instante se convirtieron cada uno en un pedazo de piedra azul. Entonces los seglares derramaron con otros animales el agua sobrante y con las piedras azules construyeron, en las habitaciones de los concilios, un muro que favorecía el silencio de los cónclaves. Cada año, próximo el primer equinoccio, una noche las piedras adquieren sus formas originales y en el templo se escucha un regocijo no siempre espiritual. Varios neófitos, en las dos décadas siguientes, soñaron que el Día de los Días uno de los muros del templo se convertiría en agua pura y helada, sólo para mojar los pies de los justos que logren llegar vivos al templo, donde esperarán la consumación de los juicios, los terremotos y los incendios, en ese sitio tranquilo y helado.

Carlos Montemayor
No. 97, Marzo-Abril 1986
Tomo XV – Año XXI
Pág. 297

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Carlos Montemayor

Carlos Montemayor (n. Parral, Chihuahua, 13 de junio de 1947, m. México, D.F., 28 de febrero de 2010) fue un escritor y traductor mexicano, activista social en defensa de las comunidades indígenas y de los grupos más vulnerables de su país, miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua (elegido el 30 de agosto de 1984 (XX, 2), tomó posesión el 14 de marzo de 1985), de la Asociación de Escritores en Lenguas Indígenas y cantante de ópera aficionado.

Aunque forjó su carrera en la ciudad de México, fue en su ciudad natal donde desarrolló su gusto por las letras y por la música. De niño, su primer contacto con la literatura fue a través de Miguel de Cervantes, pues su padre lo obligaba a leer el Quijote en voz alta.  Hizo los primeros estudios en Parral, y la preparatoria enla Universidad de Chihuahua. Se trasladó luego a la ciudad de México, en donde cursó la licenciatura en derecho y una maestría en letras iberoamericanas en la Facultad de Filosofía y Letras dela Universidad Nacional Autónoma de México de1965 a 1971. Realizó estudios de lengua hebrea en El Colegio de México, y de forma paralela, de1967 a 1976, estudió griego clásico, latín, francés, portugués, italiano e inglés.

Impartió clases en la Escuela NacionalPreparatoria y fue profesor de tiempo completo en la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Azcapotzalco (UAM) desde 1974.

Colaboró como articulista para las revistas y periódicos Plural, Excélsior, Unomásuno, y La Jornada. Dirigió la Revista de la Universidad de 1973 a 1975, y fue fundador de la revista Casa del Tiempo de la UAM, la cual dirigió de1980 a 1982.

Su libro Tarahumara es el compendio más completo acerca de los rarámuris de la Sierra de Chihuahua. Su obra Guerra en el Paraíso (considerada por el propio autor “su obra mejor lograda” ) es el relato trágico de los hechos violentos que se vivieron en México a principios de los años setenta durante la guerra sucia en México, especialmente la guerrilla encabezada en la sierra de Guerrero por Lucio Cabañas Barrientos, obra para la cual recabó testimonios de campesinos sobrevivientes a la represión e investigó, en los archivos de la Secretaría de la Defensa Nacional, documentos sobre las operaciones del Ejército durante el conflicto. Mal de piedra (1980) se remite a una de las constantes de Parral, su pueblo natal: la minería. Lo mismo que en Minas del retorno (1982), donde rompió con el modelo de la tradicional novela lineal.

Tradujo clásicos como las odas de Píndaro, Carmina Burana, poesías de Cayo Valerio Catulo, Virgilio y Safo así como de poetas modernos como Fernando Pessoa y Lêdo Ivo. Mostró un gran interés por las culturas indígenas de México, realizó una antología de cuentistas oaxaqueños entre 1979 y 1980, escribió además Encuentros con Oaxaca, Arte y trama en el cuento indígena, Arte y plegaria en las lenguas indígenas de México, La voz profunda: antología de literatura mexicana en lenguas indígenas y el Diccionario del náhuatl en el español de México.

Como activista y luchador social analizó el surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y simpatizó con algunas de las actividades organizadas por el Subcomandante Marcos. Al respecto, escribió el ensayo Chiapas: La rebelión indígena de México. Entre sus últimas actividades, fue miembro dela Comisión de Mediación entre el gobierno federal y el Partido Democrático Popular Revolucionario – Ejército Popular Revolucionario (PDPR-EPR), investigando el paradero de dos desaparecidos políticos.

Colaboró también con el Frente Amplio Opositor (FAO) de San Luis Potosí, que defiende a los defensores del Cerro de San Pedro, combatiendo jurídicamente y políticamente a la empresa canadiense New Gold-Minera San Xavier, que pretende desde hace tiempo hacer explotar, con dinamita, ese cerro, lo que generaría graves cambios en la naturaleza y dañaría la arquitectura de San Luis Potosí.

Estudió ópera y se entrenó como tenor con el barítono mexicano Roberto Bañuelas. Declaró alguna vez: “La música es mi experiencia más física, instintiva.”

Falleció el 28 de febrero de 2010, aconsecuencia de cáncer de estómago.[1]


Memoria


En las calles donde antiguamente se levantaban las mansiones de los Reales de la Universidad, construcciones viejas cuyas torres de cantera contrastaban con la oscuridad de los álamos, de rincones indefinibles se desprendía una música que sobre el empedrado duraba lo que diez tañidos de campana. Quienes vivieron allí —ahora todo está desolado y silencioso— recuerdan con tristeza aquella música.

Muchos juran que era el canto de un niño; juran otros que era la voz de una mujer que dejaba entrar en su lecho a niños fatigados. Pero los más respetables aseguran que el ruido de las calles se mezclaba con los últimos ruidos de la demolición de las casas antiguas y la confusión producida era la música que escuchaban en aquellos tiempos y de la que hoy recuerdan, con añoranza, su quietud e inmensa dulzura.

Carlos Montemayor
No. 50, Diciembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 559

De caelo et inferno


Los hombres de Eneldos (todos los ancianos del Norte), versados en el temor divino, afirmaban que se requería una intensa preparación piadosa para llegar al Paraíso, porque ahí todo es Distinto y Terminado y Puro. Un hombre sin preparación que llegara a estar en él —descartando que quisiera encontrar seres eternos, voces de luz, lugares infinitos, vírgenes que vez tras vez renueven su sangre limpia, suave— encontraría que cada movimiento de las cosas, cada línea del mar o de la arena, cada ruido del viento o de la noche, desaparecen ante cosas por completo desconocidas, privadas de un sentido o referencia humana, cuya sola presencia, perfecta, indescifrable, haría que ese hombre muriese de silencio, de sed, de miedo principalmente, de un terrible medio y bien podría tomar al Paraíso por el Infierno. Gregorio de Niza impugnaba la pobre visión de este mundo.

Carlos Montemayor
No. 50, Diciembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 511