La cita inesperada

Me había dicho que no volveríamos a vernos; que era la primera y la última vez. Que era peligroso. Lo decía sutilmente, como silbando las palabras. Yo tenía la certeza de que estaba mintiendo, o que con esa determinación decía lo contrario; estaba seguro porque mientras me hablaba apretaba mis manos, silabeando.

Al siguiente día, en la noche, cuando la velaban, una de sus íntimas amigas me susurró al oído: “Fíjate que hoy, precisamente hoy en la tarde, ella me había dicho que mañana en la noche tendría una cita contigo”.

Pablo Santillán Ledesma
No. 68, Enero-Marzo 1975
Tomo XI – Año XI
Pág. 192

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Adivinanza

ANA UJIT es bilingüe; tiene corazón cosmopolita y dientes agudos y acerados. Tiene doble personalidad: una de día, otra de noche. De día es andrajosa y pálida; de noche, una reina oriental. Todos y nadie la conocen porque todos hablan de ella. Algunos dicen que es muy prostituta; otros la conceptúan como la reencarnación de la honestidad, la pujanza y la inocencia; pero hay quienes afirman que tiene la gran virtud de ser hospitalaria, humana y generosa. Eso no lo dice todo. Basta con que usted la vea, la toque, la sienta y la muerda, para que entre al círculo de las opiniones.

Si al lector le Interesa esto (si no, no lo haga) deberá contar palabra por palabra de abajo hacia arriba a un cuarto de milla por minuto. (Tome en cuenta todo lo escrito). Cuando llegue a la palabra número ciento cincuenta y nueve, de seguro ahí encontrará la respuesta, todo es cuestión de orden y paciencia.

Pablo Santillán Ledesma
No. 65, Junio-Julio 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 676

¡Esto no es una alucinación, caramba!

Cuando veo a mi mujer hecha una furia —casi todos los días— me pongo a leer de inmediato las narraciones de la revista más asombrosa que he conocido: El Cuento. En esta hallo consuelo y alivio a todos los acosos de mi mujer, porque —lo tengo bien experimentado— tanto los autores como los personajes, cuyas fisonomías son variadas y disímbolas, me hacen olvidar todas mis pesadumbres, horrores y maleficios, y vivir las de ellos en forma bella y emotiva. ¡Que contradicción! ¿Verdad? ¡Que evasión tan sádica, estúpida y cobarde! ¿Verdad? Pero ni modo, lo he de repetir: aquí encuentro lo alucinante como una realidad y la realidad como una alucinación, de tal manera, que ni yo mismo sé si soy un personaje de uno de esos mundos encontrados. Que conste, ¡esto no es una alucinación, caramba!, porque hoy, precisamente hoy, por culpa de mi mujer que a cada paso me hace la vida de cubitos, me metí en los laberintos de la lectura… No es que quise ni quiera evadir los problemas sentimentales que ella me causa ni justificar mi natural cobardía, sino que lo hice por esa también natural inercia de aspirar a ese otro mundo feliz a que todos tenemos derecho cuando nos sentimos invadidos por la desventura. Pues bien, la sorpresa más grande de mi vida de lector-escritor evasivo fue que en una de las narraciones vi a mi mujer en una caverna transformándose en un ogro que vomitaba espuma verde al momento que vociferaba quién sabe qué palabras. “Dios mío —me dije— esto no es posible.” Pensé abandonar de inmediato aquellos recintos infernales, pero una fuerza desconocida me incitaba más y más a seguir viendo aquella metamorfosis. Cuando al fin supuse que todo aquello era un sueño, no le di crédito; sin embargo, la imagen de mi mujer-ogro se hacía a cada momento más real, más viva. Cuando terminé esa página creí que en la próxima el panorama iría a cambiar, pero mi sorpresa fue aún mayor: mi mujer, a quien tantas desazones le he aguantado, volvía a su estado normal. Seguí, seguí apresuradamente la última media página para ver alguna otra metamorfosis bestial, la definitiva; pero todo fue en vano. Ahora, cada vez que la veo hecha una furia, con sus ojillos maliciosos y amarillos, me pongo a pensar, lleno de rabia, en el estúpido desenlace de aquella narración que yo mismo hice y que nunca pude terminar…

Pablo Santillán Ledesma
No. 84, Noviembre-Diciembre 1980
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 438

El soñador

Esa noche Luciano El soñador había tenido un sueño extraordinario: de un humilde y sencillo campesino se había convertido, de la noche a la mañana, en un poderoso terrateniente y dueño de lujosas mansiones con todos los servicios y adelantos de las comunidades ultramodernas.
Pero en la mañana se despertó desilusionado, con la cara desencajada y un rictus de pesadumbre. Advirtió, además, que durante el sueño no sólo había perdido sus riquezas, sino que también había sido golpeado salvaje y misteriosamente en los costados. Tenso de rabia, dolor y venganza, se dirigió hacia los umbrales de la noche en busca de los autores de la felonía. Cuando encontró a Morfeo e informó a gritos acerca de la infamia que había sido objeto, éste, con su acostumbrada displicencia, notificó a Luciano que un grupo de unicornios lo habían arrojado a coces del reino de los sueños por intentos de invasión a inmensas propiedades privadas.

Pablo Santillán Ledesma
No 78, Julio-Agosto 1977
Tomo XII – Año XIII
Pág. 499

El feliz suicidio

Estaba cansado de vivir encerrado en trajes metálicos y de ver tantas cosas nuevas e inventos extraños muy futuros de moda. Entonces se quitó los grandes tubos de hule que iban de la parte superior de la escafandra a los orificios de la nariz. El aire exterior le penetró brusca y directamente a los pulmones. De repente sintió un desvanecimiento; luego cayó, inconsciente, arrojando un humo negro por los demás tubos, por el visor y los poros del traje metálico. En término de diez segundos quedó hecho una chatarra plácida y sonriente.

Pablo Santillán Ledesma
No 71, Enero-Marzo 1976
Tomo XI – Año XI
Pág. 555