Cortesano precoz

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Había en tiempos pasados un sultán que, habiendo tenido conocimiento de que su hayib —primer ministro— tenía un hijo de corta edad, muy listo e inteligente… fue un día a visitarlo…

…Presentóse el mancebo y saludó al sultán arrodillándose y diciendo:

Feliz y bendita sea la hora en que Dios me ha permitido estar en presencia de mi señor y dueño, el príncipe de los creyentes.

Complacido, el sultán le preguntó:

—¿Qué estancia te parece mejor, mi palacio o esta casa de tu padre?

—Me parece mejor esta casa.

—¿Cómo es eso?

—Porque en ella está nuestro señor, el príncipe de los creyentes.

Mostróle entonces el sultán una sortija que llevaba con un valiosísimo diamante, y le preguntó:

—¿Crees que haya algo en el mundo que valga más que este brillante?

—Sí, mi señor.

—¿Qué cosa es ésa?

—La mano que la lleva.

Gibran Jalil Gibran
No. 8, Diciembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 45

Gibran Khalil Gibran

Gibran Khalil Gibran

KHALIL GIBRAN

(1883-1931)

Gibrán Khalil Gibran nació el 6 de enero de 1883 en la localidad de Besharre (Líbano). Era hijo de un humilde dependiente de una botica (propiedad de su tío) llamado Khalil, y de Kamila Rahme, la hija de un sacerdote maronita que estaba predicando en Brasil. Kamila se casó en el país sudamericano y tuvo a un hijo al que llamó Butros.

Lamentablemente, su esposo murió a los pocos años de la boda y Kamila regresó al Líbano, en donde conoció y contrajo matrimonio con el padre de Gibran, quien se convertió en su tercer marido.

Como estudiante Khalil se interesó desde niño por el mundo de las artes, las lenguas y la religión. De naturaleza solitaria, no era raro que se quedase maravillado contemplando las bellezas naturales que le rodeaban.

En el año 1894 la familia Gibran, menos su padre que había sido detenido por evasión de impuestos, se trasladó a Boston (Estados Unidos), en donde comenzó a leer ávidamente, siendo influenciado por gente como Friedrich Nietzsche o Walt Whitman.

Conoció también en esa época al fotógrafo Fred Holland Day, quien se convirtió en su mentor en sus actividades artísticas en la ciudad estadounidense.

En 1898 regresó a su país natal, estudiando lengua árabe en la Escuela de la Sabiduría, en donde destacó por su habilidad en el dibujo.

Sus primeros textos fueron publicados en la revista libanesa “Al-Manarah”, una publicación fundada por el propio Gibran junto a Joseph Hawaiik.

Inició también en esta época una serie de viajes por Europa que enriquecieron su bagaje cultural y ensancharon su mente.

En su regreso a Boston, Khalil comenzó una relación con la poetisa Josephine Peabody. Cuando Gibran le propuso matrimonio, Josephine rechazó la oferta. Se casó con otro en el año 1902.

Establecido en el Líbano, la tuberculosis hizo mella en su familia. A causa de esta terrible enfermedad fallecieron su madre, su hermana Sultana y su hermanastro Butros, quedándose sola en Boston su otra hermana, Mariana.

Khalil dejó el Líbano para trasladarse de nuevo a los Estados Unidos para hacerle compañía a Mariana. En 1908 comenzó a ser protegido por Mary Haskell, con la que también mantuvo encuentros amorosos.

Más tarde conoció a la escritora libanesa May Ziadhe, quien se convirtió en su amor platónico, ya que su relación sólo se mantuvo a través de cartas.

En 1917 fijó su residencia en Nueva York, ciudad en la que falleció a la edad de 48 años el 10 de abril de 1931.

La literatura de Khalil Gibran se define por una búsqueda mística de las materias más clásicas del comportamiento y sentir existencial, desde una impresión de bonhomía y conexión natural.

Su obra maestra es “El Profeta” (1923), aunque también destacan “Espíritus Rebeldes” (1903), libro censurado en su país por revolucionario y pernicioso, “Alas Rotas” (1912), texto autobiográfico, “El Loco” (1918), obra influenciada por Nietzsche, o “Jesús, El Hijo Del Hombre” (1928), título en el que setenta y siete personajes dan su opinión sobre Jesucristo, incluido el propio Gibran[1].

 

Perro sabio

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Cierto día pasó un perro sabio cerca de un grupo de gatos.

Al acercarse y ver que estaban muy entretenidos y despreocupados de su presencia, se detuvo.

Al instante, se levantó en medio del grupo un gato grande y grave, el cual miró a todos y dijo: “Hermanos orad; y cuando hayáis rezado un ay otra vez, sin dudar de nada, en verdad lloverán ratas”.

Y el perro, al oír esto, rióse en su corazón y se alejó, diciendo: “¡Ah! Ciegos y locos gatos, ¿acaso no fue escrito y no he sabido yo y mis antepasados antes de mí, que lo que llueve merced a las oraciones, a la fe y a las súplicas, no son ratas, sino huesos?”.

Gibran Jalil Gibran
No. 57, Febrero-Marzo- 1973
Tomo IX – Año IX
Pág. 500