Aloysius Bertrand

Aloysius Bertrand

Louis Jacques Napoléon Bertrand llamado artísticamente Aloysius Bertrand

(n. 20 de abril de 1807 en Ceva, Piamonte, Italia – f. 29 de abril de 1841 en París)

Fue un poeta francés del Romanticismo.

Escribió una colección de poemas titulados Gaspard de la nuit sobre la que el compositor Maurice Ravel escribió una suite del mismo nombre basada en los poemas, Scarbo, Ondine y Le Gibet. Introdujo el género literario conocido como el poema en prosa e inspiró a Charles Baudelaire, como el mismo autor lo indica en el prólogo de la obra al escribir Spleen de París, con la finalidad de describir la vida moderna de modo tan pintoresco comoGaspard de la Nuit lo hace con la vida medieval.

Bertrand nació en Ceva, Piamonte, Italia y su familia se estableció en Dijon en 1814. Allí desarrolló un interés en la capital de Borgoña. Sus contribuciones a un diario local le llevaron al reconocimiento por Victor Hugo y Charles Augustin Sainte-Beuve. Vivió en París brevemente con poco éxito. Regresó a Dijon y continuó escribiendo para los periódicos locales. Gaspard de la nuit fue vendido en 1836 pero no fue publicado hasta 1842 después de su muerte por tuberculosis. El libro fue redescubierto por Charles Baudelaire y Stéphane Mallarmé. Hoy se considera una obra clásica de la poesía y literatura fantástica

Gaspard de la nuit es la obra principal del autor; inaugura el género del poema en prosa, consta de seis partes que a su vez se subdividen en varios relatos. Abundan las metáforas y la fantasía en cada uno de los relatos, que nacen de las anécdotas muy peculiares de los personajes de la época.[1].

 

Enríquez


Veo claramente que es destino mío
ser ahorcado o casado —LOPE DE VEGA

—Hace un año —le dijo el capitán— que os tengo encargado que me suceda otro. Me caso con una viuda rica de Córdoba y renuncio al estoque de bandolero por la vara de corregidor.

Abrió el cofre; era el tesoro a repartir: vasos sagrados, onzas de oro, una lluvia de perlas y un río de diamantes, todo revuelto.

—Para ti, Enríquez, los zarcillos y la sortija del marqués de Aroca. ¡Para ti, que lo mataste de un disparo de carabina en su silla de posta!

Enríquez colocó en su dedo el topacio ensangrentado y colgó de sus orejas las amatistas talladas en forma de gotas de sangre.

¡Tal fue la suerte de aquellos zarcillos con que se había adornado la duquesa de Medinaceli y que, pasado un mes, Enríquez dio a cambio de un beso a la hija del alcaide de la cárcel!

¡Tal fue la suerte de aquella sortija que un hidalgo había comprado a un emir, al precio de una yegua blanca, y con la que Enríquez pagó un vaso de aguardiente unos minutos antes de ser ahorcado!

Aloysius Bertrand
No. 30, Mayo 1968
Tomo V – Año V
Pág. 537