Diógenes y el calvo

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El filósofo cínico Diógenes, insultado por un hombre calvo, le replicó:

—No he de ser yo quien recurra también al insulto, ¡Dios me libre de ello! Al contrario, haré elogio de los cabellos que han abandonado un cráneo malvado y hueco.

Esopo
No. 33, Noviembre – 1968
Tomo V – Año VI
Pág. 2
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Esopo

Esopo

Esopo

(S.VI a.C.)

Fabulista griego. Pocos datos existen sobre la biografía de Esopo, y ya en la época clásica su figura real se vio rodeada de elementos legendarios.

Según una tradición muy difundida, nació en Frigia, aunque hay quien lo hace originario de Tracia, Samos, Egipto o Sardes. Sobre él se conoció una gran cantidad de anécdotas e incluso descripciones sobre su físico recogidas en la Vida de Esopo, escrita en el siglo XIV por Planudo, un monje benedictino, si bien es dudosa su validez histórica.

Así, se cuenta que Esopo fue esclavo de un tal Jadmón o Janto de Samos, que le dio la libertad. Debido a su gran reputación por su talento para el apólogo, Creso le llamó a su corte, le colmó de favores y le envió después a consultar al oráculo de Delfos, a ofrecer sacrificios en su nombre, y a distribuir recompensas entre los habitantes de aquella ciudad. Irritado por los fraudes y la codicia de aquel pueblo de sacerdotes, Esopo les dirigió sus sarcasmos y, limitándose a ofrecer a los dioses los sacrificios mandados por Creso, devolvió a este príncipe las riquezas destinadas a los habitantes de Delfos.

Éstos, para vengarse, escondieron entre los equipajes de Esopo una copa de oro consagrada a Apolo, le acusaron de robo sacrílego y le precipitaron desde lo alto de la roca Hiampa. Posteriormente se arrepintieron, y ofrecieron satisfacciones y una indemnización a los descendientes de Esopo que se presentaran a exigirla; el que acudió fue un rico comerciante de Samos llamado Jadmon, descendiente de aquel a quien Esopo perteneciera cuando fue esclavo.

Lo que sí parece cierto es que Esopo fue un esclavo, y que viajó mucho con su amo, el filósofo Janto. Las fábulas a él atribuidas, conocidas como Fábulas esópicas, fueron reunidas por Demetrio de Falero hacia el 300 a.C. Se trata de breves narraciones protagonizadas por animales, de carácter alegórico y contenido moral, que ejercieron una gran influencia en la literatura de la Edad Media y el Renacimiento[1].

El león, el asno y el zorro

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Un león, un asno y un zorro, en amistosa compañía, emprendieron una partida de caza. Cuando hubieron hecho una buena redada, el león instó al asno a repartirla entre ellos. Hizo el asno tres partes, e invitó al león a escoger; indignado, el león salto sobre él y lo devoró. Después instó al zorro a que hiciera el reparto. Éste reunió en un sólo montón toda la caza, no reservándose para sí más que algunos restos, y seguidamente invitó al león a que escogiera. Preguntóle el león qué era lo que le había enseñado a repartir así, a lo que el zorro contestó:

—La desgracia del asno.

Así nos instruimos, aleccionados por las desgracias de nuestro prójimo.

Esopo
No. 51, Enero – Febrero 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 650