Esforzado

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Tuvo que correr mucho por el desierto para estar bajo la sombra de aquel avión en vuelo.

Alvaro de Albornoz y Salas
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 59

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Nuevas revoleras

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—Cuando las olas barren la cubierta del buque, también la friegan.

—Pues si alquila a su mujer, es que le tiene cariño, digo yo, pues si no, la vendería.

—Tiene tanta soberbia que hasta que no se acaba la ovación él no empieza a aplaudir.

—Los elefantes chorrean epidermis.

—¿Se sabe si es pecado o no es pecado el comerse las uñas en vigilia?

—Las señoras que dan el pecho al nene, delante de la gente, son señoras que presumen de nene.

—Al que le cayó un rayo y no le pasó nada, fue porque le cayó desde muy poca altura.

—Cuando estoy de visita y sale un perro, cruzo las piernas.

—¿Será que los tartamudos son unos desmemoriados?

Álvaro de Albornoz
No. 21, Marzo 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 249

Nuevas revoleras

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—Si el retrato es de perfil, debiesen cobrar menos los pintores, porque se ahorran un ojo de la cara.

—¡Qué triste es la vida, madre, del que vive del recuerdo y tiene mala memoria!

—El buzo salió a orinar y se volvió a sumergir.

—Del dicho al lecho hay mucho trecho.

—No me gustan las mujeres que son más altas que yo, porque me empañan las gafas.

—Dos ajedrecistas llevan tres horas sin mover pieza. Y uno de ellos dice al otro: “¡Me está usted viendo las fichas!”

—Cada vez que se rompe un espejo, muere un chino.

Álvaro de Albornoz
No. 21, Marzo 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 217