Parábola

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El discípulo hace llegar al sabio que vive perdido en el bosque una petición para ir a verlo. Y el sabio le responde: “Claro, venga… venga a verme”. Sólo que el camino es muy largo. Sin embargo, el discípulo sale. El camino está constantemente sembrado de obstáculos y, seguramente, es el maestro el que los coloca. Pero el discípulo llega al final, supera todos los obstáculos y se presenta ante el maestro; entonces, ambos se encuentran como iguales, como pares. Porque lo que importa, en definitiva, no es el maestro sino el camino.

Henry Miller
No. 132, Enero – Marzo 1996
Tomo XXVI – Año XXXII
Pág. 5

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Henry Miller

Henry Valentine Miller

Controvertido novelista estadounidense, disidente, anarquista y pacifista, uno de los talentos más destacados de la literatura norteamericana contemporánea, autor de las conocidas novelas “Trópico de Cáncer” y “Trópico de Capricornio”, nació el 26 de diciembre de 1891 en la ciudad de Nueva York.

Hijo de padres judíos, Henry Miller no tuvo unos estudios reglados. Su asistencia, en 1901, al City College sólo dura dos meses: lo abandona para emplearse en una fábrica de cemento. Continuó alternando periodos de estudio con periodos de trabajo mientras viajaba, de manera un tanto errática, por el sur de Estados Unidos. En 1914, vuelve a Nueva York y se empieza a trabajar en la sastrería de su padre. No duraría mucho tiempo, pues en 1923 realiza su primer viaje a Europa y en 1930 se instala en Francia, donde le pilla el estallido de la II Guerra Mundial. Es en esa época cuando decide dedicarse de lleno a la literatura, frecuentando los ambientes bohemios de París, pasando más hambre que frío y durmiendo debajo de un puente.

Pero pronto la suerte le sonreiría. Empezó a trabajar como corrector en el Chicago Tribune y, en 1931, escribe “Trópico de Cáncer” que, gracias a su amiga y amante Anaïs Nin, pudo ser publicado en 1934. Pero en su país (Estados Unidos), fue calificada de obscena y pornográfica, lo que le costó un proceso judicial. No fue hasta 1961, que los norteamericanos publicaron el libro, si bien ya se había leído pues el proceso le valió una popularidad que hizo que el mercado negro se encargara de distribuir generosamente el libro.

Continuará escribiendo novelas y en todas ellas trata sin tapujos, escenas de sexo explícito, en todas estigmatiza de manera irónica pero letal, el puritanismo existente en la sociedad americana y todas ellas fueron censuradas por obscenas en Estados Unidos. No obstante, todas serían distribuidas del mismo modo que la primera. Esto contribuye a fomentar su fama de escritor alternativo, inconformista, maestro de la revolución sexual y enemigo de los valores puritanos y la hipocresía moral.

Terminada la Segunda Guerra Mundial, y debido al éxito que ya empieza a cosechar, se puede permitir trasladarse a vivir definitivamente a California. Sigue escribiendo una literatura socialmente crítica y en 1964 tras tres años de litigios, consigue que la Corte Suprema anule su proceso por escritor obsceno. Se levantó la prohibición sobre Trópico de Cáncer y la obra de Miller pudo ser publicada y distribuida de manera normal en los Estados Unidos.

Toda la fuerza que irradia la obra de Miller, se debe en parte, a que es autobiográfica y vivencial, expresada en un tono crudo y sensual, mostrando una filosofía de la vida absolutamente transgresora e irreverente.

Henry Miller murió el 7 de Junio de 1980. Fue incinerado y sus restos esparcidos sobre el Big Sur, zona de California situada entre Los Ángeles y San Francisco[1].

Parábola


El discípulo hace llegar al sabio que vive perdido en el bosque un pedido para ir a verlo. Y el sabio le responde: “Claro, venga… venga a verme”. Sólo que el camino es muy largo. Sin embargo, el discípulo sale. El camino está constantemente sembrado de obstáculos y, seguramente, es el maestro el que los coloca. Pero el discípulo llega al final, supera todos los obstáculos y se presenta ante el maestro, entonces, ambos se encuentran como iguales, como pares. Porque lo que importa, en definitiva, no es el maestro sino el camino.

Henry Miller
No. 102, Abril-Junio 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 215