La novela

Estoy leyendo la novela que me prestaste, Saúl. La comencé ayer. Los personajes me saltan a los ojos y descorren sus teloncillos. Me estampan sus aconteceres; cada uno con su modalidad y su imagen. La novela, como un conglomerado o un mosaico, esta aquí, entre las páginas con letras pequeñitas. Me es imposible detenerlas en su infinito caminar de hormigas negras. Me dan ganas de comérmelas ¡Sí!, las mastico; lentamente para sentirles mejor su sabor. Que qué sabor tienen? Pues a palabras… ¿Nunca comites palabras? Probalas, te van a gustar.

Esta es una novela (o acaso LA novela), sabes? Me gusta esa palabra: no-vela. Tiene tanto sentido! Además me gusta la trama. Y te digo: al autor lo siento un poco como a mi otro yo. Es mi prójimo ¿entendés? Me encantaría verlo surgir al otro lado de mi mesa dibujada la cara, recortados los hombros, e pelo… Verle la corbata y alargando la mano tocársela… Ayer empecé a leerla y te digo que me ha atrapado. Me fascina vivir su drama; hasta me siento un personaje más. Pero te prometo una cosa: la dejaré inconclusa. No quiero conocer el final. Las novelas no debieran tener al final del último capítulo esa horrible palabrita “Fin”… Porque cada novela es una gran parte de otras: todas son piezas sueltas de una GRAN novela que todavía nadie escribió. Yo he escrito novelas, lo sabes, Saúl. ¡Cómo he amado sus personajes! Los he vestido y desvestido. Los he amasijado sin piedad y los he golpeado haciéndolos caminar en plena noche llenándoles con el pánico de crearles un mundo deshabitado. Los personajes mas apasionantes son aquellos que corren desorientados por rutas oscuras, se caen, se lastiman, gritan, huyen despavoridos… Jamás encuentran una salida a sus conflictos y nunca pueden morir. Se quedan ahí, entre los capítulos, sin final ¡Atrapados en un túnel sin tiempo!

Mi novela soy yo. Yo me escribo los capítulos, describo los lugares donde me muevo… ¿Qué pasaría si a esta novela le arrancara varias páginas y las quemara? Luego continúo leyendo. Jamás le hallaría un sentido ni lógico ni estético. ¿no te parece? Los personajes no se podrían enganchar los unos en los otros. Tal vez algún nombre se perdería y nunca llegaría a saberse de dónde vino ni cuál era su origen ni qué hizo antes referido al personaje tal o cual…

Bien, mi novela acabó. Eso no quiere decir que la novela concluyó o quedó en claro el nudo del conflicto ¡qué va! Ahora es mi turno. Me enjuagaré las manos, meteré todos los personajes en el lavabo, les pondré bastante jabón y detergente y los dejaré en remojo por varios días… ¡No tengas miedo! Son de plástico ¿no viste? Después, ¿qué pasará? Bueno…, no se si habrá después…

Silvia E. Salomón
No 95, Noviembre-Diciembre 1985
Tomo XV – Año XXI
Pág. 28

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