(sin título)

—¡Ese es un lugar de pecado! Seguro que es el preferido del demonio —decía Severita, la beata del pueblo, refiriéndose a la recién inaugurada casa de citas.

—Es verdad —le aceptó el doctor—, a ese lugar hasta el demonio va a divertirse. ¿Pero sabe usted dónde trabaja él ocho horas diarias? ¡En el templo, Severita, en el templo!

Natalia Ruiz
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
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