Hesketh Pearson

Hesketh Pearson

Hesketh Pearson

 

Nació en Worcestershire, Inglaterra. Inició su carrera de actor en 1911, que fue interrumpida por la Primera Guerra Mundial, durante la cual comenzó a escribir para su propia diversión. Volviendo a la actuación, participó en numerosas producciones de Londres y en 1930 jugó en varias ciudades de Estados Unidos. En sus tiempos libres,  el Sr. Pearson se dedicaba a escribir, y su primera biografía, la de su antecesor el Dr. Erasmus Darwin, fue publicado en Inglaterra en 1930. Siguió una larga lista de biografías ilustres, como la de George Bernard Shaw que se publicó en 1942, su enfoque ingenioso, poco ortodoxo a la biografía le había ganado una gran audiencia. Biografías de gran éxito de Hesketh Pearson incluyen: la vida de Disraeli, de Oscar Wilde,  El hombre Whistler, Sir Walter Scott, Beerbohm Tree, Gilbert (una biografía de colaborador de Sir Arthur Sullivan), y Johnson y Boswell[1].

 

[1] http://www.goodreads.com/author/show/3575.Hesketh_Pearson

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El imán

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Hablábamos de libre albedrío; Oscar Wilde improvisó esta parábola.

Había una vez un imán y en el vecindario vivían unas limaduras de acero. Un día, a dos limaduras se les ocurrió bruscamente visitar el imán y empezaron a hablar de lo agradable que sería esta visita. Otras limaduras cercanas sorprendieron la conversación y las embargó el mismo deseo. Se agregaron otras y al fin todas las limaduras empezaron a discutir el asunto y gradualmente el vago deseo se transformó en impulso. ¿Por qué no ir hoy?, dijeron algunas, pero otras opinaron que sería mejor esperar hasta el día siguiente. Mientras tanto, sin advertirlo, habían ido acercándose al imán, que estaba muy tranquilo, como si no se diera cuenta de nada. Así prosiguieron discutiendo, siempre acercándose al imán, y cuanto más hablaban, más fuerte era el impulso, hasta que las más impacientes declararon que irían ese mismo día, hicieran lo que hicieran las otras. Se oyó decir a algunas que su deber era visitar al imán y que hacía ya tiempo que le debían esa visita. Mientras hablaban, seguían inconscientemente acercándose.

Al fin, prevalecieron las impacientes, y, en un impulso irresistible, la comunidad entera gritó:

—Inútil esperar. Iremos hoy. Iremos ahora. Iremos en el acto.

La masa unánime se precipitó y quedó pegada al imán por todos lados. El imán sonrió, porque las limaduras de acero estaban convencidas de que si visita era voluntaria.

Hesketh Pearson “The life of Oscar Wilde” (1946)
No. 25, Agosto 1967
Tomo IV – Año IV
Pág. 641

Del capítulo XIII de The Life of Oscar Wilde (1946), de Hesketh Pearson
No. 31, Agosto 1968
Tomo V – Año V
Pág. 611