Una decisión apretada

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Cuando apareció la gallina Sara comencé a reír a carcajadas…

Se suponía que allí no estaría nadie más que yo.

De repente me di cuenta de que mi apreciación había sido falsa; en esa inmensidad un mundo fantástico me acompañaba.

La gallina cacareaba muy pomposa y el más hermoso perro que podía imaginar estaba echado junto a mí.

La rueda de la fortuna giraba y giraba y despedía tanta luz que lo iluminaba todo, y del cuerno de la abundancia salía el amor echando chispas.

¡Ah, qué escenario tan fastuoso! Como para quedarse a contemplarlo durante miles de lunas, Aún ahora, cuando lo recuerdo, vibra cada centímetro de mí. Y, francamente, creo que me hubiera quedado por esos rumbos si no fuera porque, un buen día, mi madre se decidió a parir.

Marcela Ochoa
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 13

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