La paronomasia doce

Según un computador electrónico, este cuento brevísimo y estrambótico es un cero a la izquierda verídico.

Érase que se era un filomático que se pasaba las noches en vela, jugando con las equis, las yes y las zetas.

Tenía la cabeza hecha una cafetera por las once paronomasias completas: Paso, peso, piso, poso, puso; pase, pese, pise, pose, puse; raja, reja, rija, roja, ruja; rata reta, rita, rota, ruta; carro, cerro, cirro, corro, curro; malla, mella, milla, molla, mulla; mana, mena, mina, mona, muna; para, pera, pira, pora, pura; pala, pela, pila, pola, pula; maro, mero, miro, muro; papa, pepa, pipa, popa, pupa.

Y desfrunciendo el ceño, nuestro moderno Arquímedes, eureka la paronomasia doce, una pica en Flandes mas el secreto de la Esfinge.

Felicítote lector inteligente. Tú también has dado en la tecla, en el clavo y en la yema: has encontrado en este relato una de las cinco palabritas de la paronomasia doce. ¡Y qué palabra tan grosera es la numero cuatro! ¡Cómo contamina cada vez el medio ambiente pletórico ya de brechas, sapos y culebras!

Ángel Consuegra Marín
No. 55, Noviembre 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 302

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El Hipo

Ingirió de un tirón y sin tomar aliento un vaso de agua fría. Tomó mil medicinas amargas. Vio en su cama una calavera macabra. Pero, su Hipo no cesaba.

Contempló el cuerpo desnudo de una diosa sin par: su Hipo persistía. Trató de quitarse la vida: su Hipo desvió el arma.

Comprimióse los globos oculares, poniendo un grito en el cielo. Irritose la úvula hasta obtener un reflejo, muy lleno de náuseas. Practicó una expiración forzada y prolongada, con la boca cerrada y la nariz pinzada. Su Hipo continuaba.

Administróse barbitúricos, de los que sedan y sedan. Inhaló CO2, respirando por la vía bucal a través de un tubo de cristal. Dióse un lavado de estómago. Inyectóse novocaína: su Hipo no cedía.

Leyó la definición de Hipo: “Es una contracción espasmódica crónica del diafragma que se acompaña de una obstrucción brusca y sonora de la glotis”. Su Hipo persistía.

Díjole el cirujano: “Su caso es prolongado e irreductible. Tengo que practicar la cocainización y aplastamiento del frénico”. Al oír este fúnebre canto, curóse el paciente como por encanto.

Ángel Consuegra Marín
No. 50, Diciembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 561