Carta a…

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Era fascinante verte confundir lo lúdico y tus porquerías, decirle chunche al reloj y hablar largas distancias sólo porque tienes sed. “Hay que ser positivistas” decías creyendo conjurar el mal humor. Nunca se te atoró un solo problema, eres positivista y le tienes puesto el mal de ojo al ocio; profesas alto irrespeto a los doctorados en Oxford y altos miramientos a los bachilleratos en Oaxaca y Taxco. Porque eres positivista y de izquierda, porque eres bajita y pleitera, les arrancas la voz cantante a los ejecutivos del yo, haces cabriolas de verbo hasta enmudecer con tu nudo de fragmentos y tu víscera incoherente.

Era imposible no aprender de sus fracturas en la realidad, de tu vehemencia confundida con razón, del olvido de tu cuerpo enarbolado banderas mitad filantropía, mitad tortura al malo —¿cuál mitad es cuál?—, y del cariño a solas con mis muchos huesos y tu poca piel.

Te he amado. Te amo aún, pero ha terminado. Tal vez en algún rincón de tus deshilvanes exista esa ira que no encuentras para odiar el nombre que rondó por tu recámara.

Julio Hubard
No. 114-115, Abril-Septiembre 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 261

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Julio Hubard

Julio Hubard

JULIO HUBARD STOOPEN

 

Estudió filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Fue profesor adjunto de Ramón Xirau. Becario en el Instituto de Investigaciones Filosóficas, y profesor de Historia de las Ideas.

Ha sido editor. Consultor en Aldus. Director literario de Tusquets Editores. Miembro del consejo del Fondo de Cultura Económica. Subdirector de Este País. Miembro del consejo de la revista Vuelta. Es maestro fundador de la Escuela Mexicana de Escritores. Miembro del Sistema Nacional de Creadores desde 1999.

Obra publicada:

Hacéldama, (poesía) Conaculta, 2009.

Sangre. Notas para la historia de una idea, (ensayo) Turner-Ortega y Ortiz, 2006.

Presentes sucesiones, (poesía) F. C. E., Letras Mexicanas, 1988

Una turba de gente adorable, (poesía) Universidad Autónoma Metropolitana, Margen de poesía #15, 1992.

Aristóteles & Hipócrates. De la melancolía, (ensayo) Vuelta/ Heliópolis, 1994[1].

Antes de dormir

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Habiendo dado las doce y las doce desde hace tanto tiempo te platico unas historias; todas falsas, pero historias. Introducirte a tu propia experiencia con nuevas formas sin perspectivas: sólo narrarte a ti misma en esta cama que compartimos impuramente. Todo ha sucedido ya y sólo queda ésta, tu narración, que has depositado en el agua de mi boca para volverla a oír por primera vez. Dejas el alma en el árbol de mi lengua y te la devuelvo a tu otra caracola: tu oído. No inventas nada, no imaginas nada porque tu futuro se detuvo en la marea de mi habla. A las doce. Al cero. De ahí pendes como el viento. Has comprendido: el tiempo es el dictamen de las ramas y las hojas afiladas de la lengua, o acaso el remanso de las más quietas aguas. Narrarte: súbita quietud. No puedes aspirar a mil y una historias que se hilen sin final. Desde aquí al término de todo esperas impávida en principio de tu propia historia; falsa, pero historia. Indiferenciados, escuchamos el consejo de las aguas conjugadas por el árbol, escuchamos el habla, la voz oscura que sabemos. Sólo nosotros nos ocupamos de lo inmóvil. Principalmente tú, que oyes hablar de un tú pronunciado, ahora ya, casi con pánico. Pero permanecemos. Permaneces impávida y mirando. Miras. Soy tu mirada. Estas sola, tanto como yo. Por eso nos hemos amado y creado nuestra historia. Todo ha sucedido y todo es falso. Tanta historia y ¿miras? Las doce. Habiendo dado las doce y las doce desde hace tanto tiempo, te platico una muerte: la caracola en el árbol, el árbol en el agua, el agua en las doce esquinas de tu cuerpo como un sudor que no sale de la piel.

Julio Hubard en “Presentes sucesiones”
No. 114-115, Abril-Septiembre 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 133