Alfonso Prado Soto

Alfonso Prado Soto

Alfonso Prado Soto

(Irapuato, Gto., 21-IX-1921–Guanajuato, Gto., 18-XI-2004)

Inicia la Educación Primaria en la ciudad de Irapuato y la concluye en la Escuela del Centenario en Dolores Hidalgo; dado el trabajo que su padre desempeña se traslada con la familia a Guanajuato e ingresa al entonces Colegio del Estado, hoy Universidad de Guanajuato en donde continúa sus estudios hasta obtener el título de Licenciado en Derecho; se desempeña en el litigio pero prestando más atención a la actividad periodística (que ya realizaba desde muy joven), por lo que funda en la década de los sesenta un boletín denominado “Carta Política” mediante el que comenta y divulga la actividad política de la región; ocupa diversos cargos propios de la abogacía tanto en el Poder Judicial del Estado como en el Federal y en la Secretaría de Marina en el Distrito Federal. Como gran observador de la vida cotidiana de la provincia y de su gente y con ese apasionado interés por la lectura y la escritura que siempre le acompañó, escribió “Guanajuato, sus gentes, cosas y sucedidos” y “Guanajuato: callejones, calles, plazas y plazuelas” (Ulyses Editor, 1990-1996); en el año 2000 la Casa de la Cultura de la Presidencia Municipal de Guanajuato le publica “Guanajuato, mágico e ignoto” que en el año 2001 le reedita Ulyses Editor y en el año 2004 esa misma Editorial publica “Las Siete Maravillas del Mundo Guanajuatense”, que escribe con el carácter de “Biógrafo independiente de la ciudad de Guanajuato”[1].

 


[1] Datos biográficos enviados por su nieta Amaranta Caballero por e-mail

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Del año 2000

Hoy, primero de enero de 2000, salen a la luz pública, los dos únicos periódicos diarios que se editarán en todo el orbe: uno, vía satélite “pájaro madrugador”; y otro, vía satélite “sputnik”.
La sección de cerebros electrónicos reputados como serios, funcionaron no sin cierto sudorcillo y dijeron: “Principios de siglo XX, belle époque; principios de siglo XXI, mort époque”
Por fin, los científicos de fines del siglo XX, han anunciado: “Ya no hay contaminación ambiental, logramos que el smog se convierta en energía”. Felicidades. Premio Nobel. Pero agregaron: “Y ahora, ¿qué hacemos con el endemoniado olorcillo que despiden las máquinas de energía smogiana?”

Alfonso Prado Soto
No. 55, Noviembre 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 299

¡Por favor, atiéndame…!

Y estaban bebiendo, juntos, codo a codo, Esteban, Chon el churrero, José, Pedro, Miguel —picado de viruelas—, Arcadio, Manuel, Tomás —sastre de polendas porfiristas—, Filiberto, Guillermo, Amador —cesante por causas de la pinche política—, Doroteo, Honorio Zacarías —el del retruécano pícaro—, Damián, Torcuato, Gaspar, Celestino, Víctor, Epigmenio —próspero burócrata del partido en el poder—, David, Felipe, Agustín, Emmanuel —“¡son las tinieblas, que presagian el fin del mundo!”—, Chabelo, Héctor, Alfredo, Eugenio, Silverio —¡ole!, le dice a su mujer en ciertos íntimos momentos—, Rogelio, Victoriano, Cesáreo, Ceferino, Mario, Polo —así llamado por sus amistades trasvestistas—, presenciando el alunizaje en el aparato televisor de la pulquería “Las buenas amistades”, cuando en la sala apareció un tipito que con voz ¿aguardentosa? Les dijo “’Hola!”

—¡Sáquenlo!

—¡Cállese, cácaro!

—¡Maldita sea, no interrumpas!

—¡Me lleva la que me trajo, con éste…!

Y ante la lluvia de injurias de escasa cortesía hospitalaria, el tipito no tuvo más alternativa que introducirse al aparato televisor, a la altura de la escalerilla del módulo “Águila”, dándole un pequeño empujoncito a Armstrong y pensando muy decepcionado “¡Ni modo, no creen que soy lunático!”.

Alfonso Prado Soto
No. 48, Septiembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 293