Irma Palacios

Irma Palacios

Irma Palacios

Nació en Iguala, Guerrero en 1943. Creció en diversos lugares: de Coahuila a Oaxaca y de allí a Puebla. Su padre era inspector de educación y por ello debía viajar constantemente con la familia hasta que se reinstalaron en Iguala, donde Irma Palacios comenzó a interesarse por el dibujo y la pintura. A los quince años se trasladó a la ciudad de México y empezó a trabajar siendo muy joven. Organizaba algunos asuntos administrativos y sociales del empresario Aníbal de Iturbide, pero en su tiempo libre dibujaba sin descanso y en ello se fijó el acuarelista Alfredo Guati Rojo, amigo de Iturbide, quien ofreció a la joven darle clases de dibujo si organizaba un grupo. Por las mañanas trabajaba y en las tardes iba a la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”, del INBA, donde acudió al taller libre del maestro Reyes Haro. Posteriormente fue alumna regular en la carrera donde conoció a su futuro marido: Francisco Castro Leñero, y luego a sus amigos Ilse Gradwohl, Gilda Castillo, Victoria Compañ, Gabriel Macotela y los otros hermanos Castro Leñero: José, Miguel y Alberto. En ese periodo de aprendizaje entre los años 1973 y 1979 trató de aprender todo de la academia, explotó principalmente su investigación en los materiales pictóricos… hasta que encontró su lenguaje, en sus telas predominaba la materia y el color del informalismo español. Con el tiempo depuró su manera de abordar la tela, se basó en las formas y texturas que le ofreció la naturaleza para incursionar en la abstracción lírica que a la fecha continua presente en su trabajo. Fue distinguida con becas como la Simon Guggenheim y la del Sistema Nacional de Creadores, además de haber recibido el premio de la primera emisión de la Bienal de Pintura Rufino Tamayo. Ha expuesto en forma individual en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México (1993), Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (1995), Chac-Mool Gallery, Los Ángeles, California (1995) y Museo de Arte Contemporáneo de Yucatán (2003), entre muchos otros museos y galerías de México y Estados Unidos. Su obra ha sido encasillada dentro del abstraccionismo lírico, donde su precedente más notable en nuestro país fue la artista Lilia Carrillo[1].

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Fif, fa, fum

Dos veces dejó el periódico sobre el regazo y dos veces lo retomó: la sección literaria dominical. “Para Nathalie Serraute hay algo anterior al lenguaje: una sensación, una percepción, algo en busca de su lenguaje, que no puede existir sin él…”.

Creyó al principio que la dificultad para leer provenía de los movimientos bruscos del tren ¿tropismos?, pero luego se dio cuenta de que a ellos se sumaba una serie de intermitentes apagones. Aspiró. Aire estancado. Por lo menos treinta seres humanos de pie y sentados, respirando, tosiendo, mirando, pensando, dormitando, tratando de leer el periódico. Su hijito de cuatro años, repitiendo las palabras del gigante, había exclamado al entrar a un vagón, así: “Fif, fa, fum, ¡aquí huele a carne humana!”.

Irma Palacios
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 344