Permuta III

Supongo que en algún lugar otro hombre disfruta mi cuerpo como yo ahora disfruto del suyo, aunque, a decir verdad, no sé quién resultó favorecido: yo, con esa artritis novedosa, o el, con mi casi total ceguera.

Guillermo Lavín
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 306

El atentado

La puerta se abrió iracunda. Sorprendido, vi en los ojos del hombre que entró, la pasión por el cuchillo que portaba en la mano derecha. Se precipitó sobre mí con velocidad de vértigo, me hice a un lado y el puñal violó la almohada y el colchón de mi cama. Arremetí contra él con toda mi fuerza pero sólo conseguí que me golpeara. Fui a dar contra la ventana. Desde allí pude observar al otro cuchillero esperando afuera el llamado de su compañero. Sentí miedo. El brazo armado cortó el aire y comprendí que mi camisa era ya un retazo inservible; en un momento estaba tirado de espaldas, con él mirándome, decidido a terminar con todo. Ante su impulso, levanté la pierna apuntando a su cara y sentí la cosquilla del puñal atravesar el tacón del zapato.

Un alarido transformó el ambiente.

Mientras le ayudo a quitarse el calambre de la pierna, mi esposa, recostada a un lado mío, se disculpa por despertarme así, tan bruscamente.

—No te preocupes— le digo. De otro modo ahora yo sería un homicida, o peor aún, estuviera muerto.

Guillermo Lavín
No. 102, Abril-Junio 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 188

Sueño extraviado

Se acostó cansado, con dos cojines bajo la cabeza para ver más cómodamente la televisión. Desde allí podía ver también el pasillo que atravesaba el centro de la casa. Se durmió de inmediato: soñó que un hombre entraba a matarlo, que abría sigilosamente la puerta y, con pasos suaves, acortaba la distancia entre el cuchillo y su pecho. De la calle no entraba más que una tenue luz amortiguada por las cortinas. Supuso que si encendía el foco de la habitación, el intruso desaparecería, pero le costaba un esfuerzo descomunal levantarse de la cama. Por fin logró incorporarse y a tientas y en silencio, llegó frente al apagador. En el instante en que lo accionó se vio de nuevo en la cama, desesperado por prender la luz. Lo ensayó cuatro veces y en la última, agobiado, despertó.

Delante de él, la televisión zumba. Al apagarla, la oscuridad se apropia de la casa. Reposa unos momentos. Logra serenarse y se felicita porque la pesadilla terminó. Un repentino ataque de sed lo obliga a brincar de la cama. Sale al pasillo y enciende la luz. Un hombre lo mira fijamente, con la decisión en la mano.

Guillermo Lavín
No 101, Enero-Marzo 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 19

Guillermo Lavín

Guillermo Lavín

Guillermo Lavín es un escritor mexicano, nacido en Ciudad Victoria, Tamaulipas.

Libros

En 1994 el Fondo Editorial Tierra Adentro publicó su libro Final de Cuento; el mismo año la editorial Roca publicó Frontera de espejos rotos, volumen colectivo que incluye uno de sus cuentos. Es coautor de Tamaulipas, Tierra del Bernal, Cd. Victoria, Tam., 1986. En 1997 publicó el ensayo En el lomo del libro, editado por el CECAT, colección Letras en el borde. En breve aparecerá el libro de Cuentos El Final de una Larga Época.

Cuentos

Ha publicado cuentos en diversas revistas nacionales y regionales; entre otras: Cuento, revista de Imaginación; Ciencia y Desarrollo; Punto; Mar Abierta; Tamaulipas en la Cultura; A Duras Páginas; Umbrales; EstaCosa (revista de libre especulación); OtraCosa (para leerse en computadora);Blanco Móvil; Axxón (de Argentina); Revista Virtual AdAstra (España, Mayo de 1998) y en el suplemento de Siempre!.

Fue socio fundador de la Asociación Mexicanade Ciencia Ficción y Fantasía en 1992[1].