José Alvarado

José Alvarado

Homenaje y libros para José Alvarado[1]

Monterrey • José Alvarado Santos, esencialmente un periodista, es una figura de la cual se ha creado un mito. Es más conocido en la Ciudad de México que en su natal Nuevo León.

Nacido en Lampazos de Naranjo en 1911, “Pepe” Alvarado fue periodista en diversos medios locales y nacionales, lo que le valió para entablar amistad con Octavio Paz, Salvador Toscano o Alí Chumacero.

Su nacimiento se dio un 21 de septiembre y su muerte fue el 23 del mismo mes, pero de 1974. Por ello, el próximo domingo la Casa del Libro Universitaria programó una mesa homenaje para recordar el legado literario de Alvarado a cien años de su nacimiento.

Dentro de la mesa se presentará el libro Crónicas. México de día y de noche/luz sobre el cine, en donde José Guadalupe Martínez compila una colección de las columnas que Alvarado escribió sobre cine. Y aunque no es una presentación propiamente dicha, en el acto también se ofrecerán los libros Imagen del reportero y El bolillo escéptico.

La mesa homenaje a José Alvarado es para José Garza Acuña, director de Publicaciones de la UANL, una manera de recordar al periodista lampacense que, en Nuevo León, es poco conocido.

“José Alvarado es una figura de la mitología cultural mexicana, que en Nuevo León es como desdeñada e, inclusive me atrevería a decir, olvidada. Sin embargo, creo que es una figura que necesitamos reivindicar como un autor imprescindible”, expresó el funcionario universitario.

Su acercamiento al cine

El joven José Alvarado fue uno de aquellos estudiantes a quienes la UANL les debe su concepción. Junto a Juan Manuel Elizondo y Raúl Rangel Frías participó directamente en la formación de la entonces Universidad de Nuevo León.

Llegó a ser rector apenas un año en el periodo de 1961. Durante sus 15 meses frente a la Máxima Casa de Estudios, fue el blanco de críticas severas.

Entonces Alvarado partió a la Ciudad de México junto a su familia, en donde iniciaría su encumbramiento en el mundo de las letras. Escribió para el diario El Nacional y Excélsior, así como en la revista Barandal, junto a Octavio Paz.

Alvarado se destacó como un especialista en la crítica cinematográfica. Al respecto, el investigador José Guadalupe Martínez, compilador de Crónicas, apunta el siguiente comentario al respecto.

“José Alvarado fue un apasionado del cine toda su vida. Señaló la forma paulatina en que va separándose del teatro, la literatura, la danza, la escultura, la poesía y la pintura para construirse en un arte independiente”, expresa en la introducción al texto.

En Crónicas, José Guadalupe Martínez reunió cerca de 80 crónicas que Alvarado publicó en su columna periodística titulada “México de día y de noche” que apareció en diversos diarios.

Martínez apunta que, en las primeras crónicas que Alvarado publicó en 1926 destacaba como en esa época el cine influía drásticamente entre los jóvenes.

“Consideraba que imitaban todo: vestidos, zapatos, peinados, sombreros, bonas e incluso reproducen gestos, sonrisas y coqueteos”, señala.

Manual del buen escritor

La vigencia de los textos de José Alvarado Santos radica en su pulcritud para organizar frases y colocar adjetivos, subraya José Garza, director de Publicaciones de la UANL.

Recodar y releer textos como Luces de la ciudad o Memorias de un espejo es como acercarse a un manual del buen escritor, señala el funcionario.

“La claridad de su prosa, por su contundencia de sus oraciones, de sus frases; el uso de los adjetivos es muy preciso. Creo que José Alvarado es una especie de manual del buen escritor, por eso creo que es una figura fundamental”, afirmó Garza.

La mesa-homenaje que se dedicará al centenario del natalicio de José Alvarado se celebrará el próximo domingo 25 de septiembre, en punto del mediodía, en la Casa Universitaria del Libro, ubicada en Padre Mier y Vallarta, en el Centro.

En el evento, donde además se hablará de los libros Imagen del reportero y El bolillo escéptico, participarán Hugo Valdés, Carlos Ruiz Cabrera, Dolores Hernández y Abraham Nuncio, y la entrada será libre.

Asimismo, la UANL prepara también la antología Prosa sin que, seleccionada y prologada por José de la Colina, en el marco del centenario del natalicio de quien siempre se consideró un periodista y no un literato.

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No hay odio en los ojos del hombre


No hay odio en los ojos del hombre. Su pistola es opaca. Hace nueve años, Demetrio lo arruinó en una ciudad lejana. También le quitó a Isabel. ¿De donde sale hoy, en medio de una luz inesperada y amarilla? Los muros de la alcoba se han desvanecido. La puerta se hizo muy distante. Imposible salir. Imposible esfumarse. El hombre da un paso. Demetrio siente morir una palabra en la garganta. Todo su cuerpo es de plomo sobre el lecho. Queda inmóvil.

La cara del hombre es la misma de hace nueve años. Amaba a Isabel como un verdadero tonto. Demetrio la dejó a los pocos meses en un muelle y ahora debe ser una vagabunda. No hay odio en los ojos del hombre. No hay nada. Suena un tiro. Huye la luz y Demetrio despierta. Enciende la lámpara. Allí están las cuatro paredes, la consola, el cuadro, el tic-tac del reloj. La puerta tiene llave por dentro y el pasador corrido. Ha sido, una vez más, el feo sueño.

Pero antes de cerrar los ojos para siempre, se lleva la mano a la frente y la retira llena de sangre.

José Alvarado
No. 113, Enero-Marzo 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 33