Wu Cheng-en

Wu Cheng-en

Wu Cheng-en

(Che yang Chan-jen o Shê Yang Shan Jen; Houai-an, 1500 – 1582)

Escritor chino también conocido por el apelativo honorífico de Jou-chong o Ju Chung. Descendiente de una familia de pequeños comerciantes instruidos, y dotado de una viva inteligencia, se consagró al estudio y se impregnó de literatura popular y relatos fantásticos. Fracasó en los exámenes de acceso a las carreras oficiales, y hubo de aceptar puestos menores. Se retiró al campo y se cree que entonces escribió su célebre novela La peregrinación al Oeste, inspirada en el periplo que el monje Hsüan Tsang (602-664) realizó hasta la India en busca de sutras búdicos, y en la rica tradición popular (oral, teatral y de ficción). Fue además un poeta y prosista prolífico, pero la mayor parte de su obra se perdió.

Escrita en dialecto pekinés, La peregrinación al Oeste, también traducida como Viaje al Oeste o Memorias de un viaje a Occidente, es una parodia fantástica y llena de ingenio del Hsi Yü Chi de Hsüan Tsang, bonzo budista y uno de los primeros literatos en lengua sánscrita de la dinastía T’ang (618-907), que viajó por la India buscando textos budistas; pero muy poco de este viaje histórico ha quedado en el fantástico relato que abraza cien capítulos.

Los siete primeros capítulos de La peregrinación al Oeste describen los desórdenes provocados en el mundo por Sun Wu-K’ung, una mona nacida de un huevo de piedra capaz de aparecer bajo setenta y dos formas y dotada de poderes singulares. Después es presentado Hsüan Tsang, y descrita la visita del emperador T’ai Tsung (de la dinastía T’ang) al infierno, donde comprende la necesidad de divulgar la religión budista e invita a Hsüan Tsang a buscar textos budistas en el “Hsi-t’ien”, el Cielo Occidental. En su viaje, Hsüan Tsang toma a la mona Wu-K’ung como discípula, y con su ayuda convierte a otros dos discípulos, Wu Neng y Wu Chin, ambos hechiceros. En su compañía, el sabio atraviesa por ochenta y un peligros, constituidos por todo género de encantamientos, y, después de haberlos superado, obtiene de Buda un gran número de textos budistas.

Lo característico de esta obra reside en su extraordinario derroche de fantasía; las ochenta y una pruebas sostenidas por Hsüan Tsang son un repertorio variado hasta lo increíble de hechicerías, transformaciones y luchas, cuya absurdidad se eleva a veces a un decorativo lirismo. En este mundo irreal queda sin embargo cierta coherencia: incluso en medio de las transformaciones exteriores, que nos presentan a los diversos personajes convertidos tan pronto en pequeñísimos insectos como en monstruos de varios metros de altura, queda intacta en ellos una personalidad interior que siempre nos permite reconocerlos. Considerada una de las más grandes novelas clásicas chinas, La peregrinación al Oeste es quizás la más cercana al gusto occidental: la comitiva formada por Hsüan Tsang, Wu-K’ung, Wu Neng y Wu Chin puede recordar en algún momento a un lector europeo la célebre de Baldo y de sus alegres compañeros[1].

 

[1] http://www.biografiasyvidas.com/biografia/w/wu_ch_eng.htm

La sentencia

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Aquella noche, en la hora de la rata, el emperador soñó que había salido de su palacio y que en la oscuridad caminaba por el jardín, bajo los árboles en flor. Algo se arrodilló a sus pies y le pidió amparo. El emperador accedió; el suplicante dijo que era un dragón y que los astros le habían revelado que al día siguiente, antes de la caída de la noche. Wei Cheng, ministro del emperador, le cortaría la cabeza. En el sueño, el emperador juró protegerlo.

Al despertarse, el emperador preguntó por Wei Cheng. Le dijeron que no estaba en el palacio; el emperador lo mandó buscar y lo tuvo atareado el día entero, para que no matara al dragón, y hacia el atardecer le propuso que jugaran al ajedrez. La partida era larga, el ministro estaba cansado y se quedó dormido.

Un estruendo conmovió la tierra. Poco después irrumpieron dos capitanes que traían una inmensa cabeza de dragón empapada en sangre. La arrojaron a los pies del emperador y gritaron:
Cayó del cielo.

Wei Cheng, que había despertado, la miró con perplejidad y observó:

¡Qué raro; yo soñé que mataba a un dragón así!

Wu Ch’eng-en (c. 1505 – c. 1580)
No. 3, Julio -1964
Tomo I – Año I
Pág. 64