Quince años

Cuando ella supo que era necesario no tener hijos, corrió a la Clínica de Salud donde le insertarían un Dispositivo Doble “S”, y así ayudaría al sueldo tan bajo del marido y al control de la natalidad. Cada año que pasaba, tus posibles padres festejaban en casa tus dudantes aniversarios y los del dispositivo. Tus familiares llevaban dulces y pasteles, que tus desconocidos primos se comían. Poco después ella se sintió mal. Llevaba quince años con el aparato. Llegó el médico y la enfermera para extraerle el fino filamento y, al sacarlo poco a poco, fuiste saliendo toda completa con tu vestido de quinceañera y tu ramo de flores.

Oscar Francisco Muñóz González
No. 82, Julio-Agosto 1980
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 222

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La mano de Elena

La aridez del terreno se extiende a mi vista. Los insectos diminutos, conmigo, crean el sonido sordo de la quietud. El sol lanza sus rayos, estrellándolos en el cuerpo de Elena. La luna riñe con la luminosidad: ternura algodonada: circo de luces. Los bosques se fueron debajo de las alfombras de arena. Lasa flores perecieron con la intrigante duda: renacer. Las oscuridades de tonalidades rojas y rosadas, sobre tapetes de lijas duras, dividen la escenografía: elevaciones y depresiones. Los cromos amarillos, en el reloj de arena, proyectan las imágenes perdidas: mi sombra se esconde entre las fotografías de telaraña. Los colores parecen y el terremoto sacude mi cuerpo. Elena levanta la mano: se ha dado cuenta que estoy con ella. Me preparo para escapar. Pero el manotazo me alcanza y caigo al piso hostil, con las alas transparentes destrozadas.

Oscar Francisco Muñoz González
No 71, Enero-Marzo 1976
Tomo XI – Año XI
Pág. 563

El nombre

Reina aspiradora de dos vertientes: clara y oscura. Penetró hasta mis entrañas. Cuando la vi, mi cuerpo escamado no soportó la emoción de ver su imagen y disolvió su nombre entre las moléculas del aire. Dio diez mil vueltas por los conductos de mi cerebro, antes de correr entre mis venas. Soporté todo mi gusto. En las noches, cuando su nombre pasaba detrás de mis pupilas —desde los momentos sutiles hasta los más exóticos—, despedía su silueta multicolor con su aureola de humo y tabaco. Fue entonces, que a su nombre lo atacó una tos-ferina catastróficamente convulsiva, quitándome la vida con un tipo arterial.

Oscar Francisco Muñoz González
No 71, Enero-Marzo 1976
Tomo XI – Año XI
Pág. 557

Quince años

Cuando ella supo que era necesario no tener hijos, corrió a la Clínica de Salud conde le insertarían u n Dispositivo Doble “S”, y así ayudaría al sueldo tan bajo de su marido y al control de la natalidad. Cada año que pasaba, tus posibles padres festejaban en casa tus dudantes aniversarios y los del Dispositivo. Tus familiares llevaban dulces y pasteles que tus desconocidos primos se comían. Poco después ella se sintió mal. Llevaba quince años con el aparato. Llegó el médico y la enfermera para extraerle el fino filamento y, al sacarlo poco a poco, fuiste saliendo toda completa con tu vestido de quinceañera y tu ramo de flores.

Óscar Francisco Muñoz González
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 399