El resplandor

El hueco negro en la pared blanca. Por aburrimiento lo vio, por curiosidad se acercó. Era pequeño. Metió un dedo, el hueco creció y se hizo más negro. Empujó su mano, el hueco creció aún más; introdujo su cabeza y su cuello, el hueco brillaba en su negrura. Introdujo el tronco y las piernas.
La vecina chismosa tocó a la puerta; quería saber que había causado ese momentáneo resplandor. Nadie le abrió.

Noemí Muciño Fabela
No. 111-112, Julio-Diciembre 1989
Tomo XVII – Año XXVI
Pág. 675

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