Miguel Ángel y su Moisés

Una vez terminada la colosal escultura que representa a Moisés, el genial escultor, arrobado ante la perfección de su obra, golpeó con su martillo uno de los pies de la majestuosa figura, a la vez que le decía: “Y ahora, habla”
Las buenas costumbres, la educación refinada y el respeto al venerable artista, no han querido imaginar jamás, lo que la estatua (si hubiera tenido el don de la voz) hubiera contestado a su creador.

Rafael Cordero Aurrecoechea
No. 94, Septiembre-Octubre 1985
Tomo XIV – Año XXI
Pág. 800

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