Raymond Queneau

Raymond Queneau

Raymond Queneau

(El Havre (Seine-Maritime), 21 de febrero de 1903 – París, 25 de octubre de 1976)

Fue un escritor, poeta y novelista francés, cofundador de OuLiPo.

Raymond Queneau fue hijo único de Auguste Queneau y Joséphine Mignot. Graduado en 1919 en latín y griego, se trasladó a estudiar en la Sorbona de París donde estudió tanto matemáticas como letras. Se graduó en filosofía y psicología. Ahí se sintió atraído por el movimiento surrealista.

Después de un viaje a Grecia en 1932, empezó a reflexionar sobre las divergencias existentes entre las lenguas habladas y las lenguas escritas, divergencia evidente en el griego pero también en el francés. Estas reflexiones las plasmó en diversos artículos sobre el «neofrancés» y las utilizó en sus novelas. Escribió su primera novela Le Chiendent, publicada en 1933.

Vivió de su trabajo como periodista, realizando pequeños trabajos, y luego, a partir de 1938, de su colaboración con la editorial Gallimard en la que fue traductor, lector, miembro del comité de lectura, entre otros.

Tras la liberación, frecuentó también los medios de Saint-Germain-des-Prés. Su poema Si tu t’imagines, musicado por Joseph Kosma por iniciativa de Jean-Paul Sartre, fue un gran éxito de Juliette Gréco. Otros de sus poemas fueron interpretados por el cuarteto vocal Les Frères Jacques. Escribió libretos para comedias musicales y los diálogos de diversas películas como Monsieur Ripois realizada por René Clément.

En 1947 se publicaron sus Ejercicios de estilo (Exercices de style). Fue también el inicio de las primeras publicaciones que realizó bajo el heterónimo de Sally Mara, siguiendo un procedimiento análogo al de su amigo Boris Vian con el heterónimo Vernon Sullivan.

El 11 de febrero de 1950 (17 de Gueules de 77) fue nombrado «Sátrapa Trascendente» del Colegio de ‘Patafísica.

En 1951 ingresa en la Academia Goncourt (Sociedad Littéraire des Goncourt), en el cubierto sexto, que ocuparía hasta su fallecimiento.

En 1959 publicó Zazie dans le Métro, novela que reveló a Raymond Queneau al gran público. Ese mismo año Olivier Hussenot realizó una adaptación teatral y en 1960 el director Louis Malle una adaptación cinematográfica.

Amante de las ciencias (en 1948 entró en la Sociedad Matemática de Francia), Raymond Queneau siempre intentó aplicar normas aritméticas en la construcción de sus obras. Con motivo de un coloquio sobre su obra, Raymond Queneau et une nouvelle illustration de la langue française, celebrado en septiembre de 1960, en diciembre de ese año fundó, junto a François Le Lionnais, el Séminaire de littérature expérimentale (Selitex), un grupo de investigación literaria y científica que posteriormente se convirtió en el OuLiPo (Obrador de Literatura Potencial).

Se casó en 1928 con Janine Kahn, de la que enviudó en 1972, y con la que tuvo un hijo el 1 de marzo de 1934, Jean-Marie Queneau[1].

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Raymond_Queneau

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La perfección

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¿Cuál de todas esas gentes vale un fantasma? A veces Jacobo sigue a un personaje de la calle menos por conocer a ese otro que por volverse él durante unos minutos. Pero esta mañana no descubre a ninguna presa atractiva. Continúa su camino sabiendo dónde va pero de pronto ya no lo sabe porque el tipo se presenta con el aspecto de un ciudadano absolutamente cualquiera. Jacobo se pega a él, y el otro anda con un paso moderado y un poco más y simplemente haraganería. ¿Qué hace este tipo? Parece que nada. No se detiene ante ninguna tienda, no se vuelve a ver a las mujeres, no les pushipushi a los gatos ni pstpst a los perros ni ey a los taxis, no da palmaditas en los cachetes de los niños, no se entretiene pisando sobre las separaciones del empedrado, no pregunta por ninguna calle a ningún gendarme, no entra en los mingitorios, no cruza una calle sin haber mirado a izquierda y a derecha, no estornuda ni eructa ni se tira un pedo, no se tambalea, no echa migas de pan a los pajaritos, ni a los gordos pichones, no espera ningún tranvía, ningún autobús, no desciende a ninguna estación del Metro, no se hurga las narices, no balancea los brazos al caminar, no se rasca la nuca ni el trasero, no saca su pañuelo ni se enjuaga el sudor ni se suena pero tampoco escupe al suelo, no fuma, no se mete las manos a los bolsillos, no tira ni papeles emborujados ni billetes de autobús ni de tranvía al borde las aceras, no cojea, no tiene muecas ni sobresaltos, es un tipo tan bien tan correcto tan cómo se debe ser que Jacobo se pregunta cómo habrá hecho para ser tan perfecto y elegantemente no llamar la atención y entonces el ciudadano se precipita sobre el bolso de mano de una señora y escapa con él en una súbita carrera.

Raymond Queneau
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 20