Mario de Lille

Mario De Lille

Mario De Lille

 El narrador, poeta y dramaturgo mexicano Mario de Lille Fuentes, quien entre diversos reconocimientos obtuvo el Premio Nacional de Novela “Justo Sierra O’Reilly” en 1986, por su novela Solamente yo quedo, falleció este 3 de junio en Villahermosa, Tabasco.

Originario de Ciudad de México, De Lille Fuentes (1936) estudió la carrera de Arquitectura en la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam) y desde los años 60 se estableció en Villahermosa, donde se desarrolló profesionalmente y se involucró en diversas actividades artísticas, principalmente en el teatro, la literatura y la promoción cultural.

Se formó como escritor en los talleres literarios de la Casa de la Cultura de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (1979-1982), bajo la tutela del poeta Fernando Nieto Cadena, y en la Casa Museo Carlos Pellicer Cámara (1985-1987), con el narrador Andrés González Pagés. 

Su aprendizaje literario le permitió ser un entusiasta promotor de talleres literarios en el estado, coordinando once de ellos en los municipios de Xalapa, 1988-1991; Macuspana, 1989-1992; en el Instituto Tecnológico de Villahermosa, 1992-1993, y la Biblioteca José Martí de la Sociedad de Escritores Tabasqueños, en 1993, entre otros. 

Fue también presidente fundador de la Sociedad de Escritores Tabasqueños “Letras y Voces de Tabasco” A.C. y desde 2002 director de la Escuela de Escritores “José Gorostiza” (filial de dicha asociación) en Villahermosa. 

En casi tres decenios dedicados a la literatura, produjo las obras Solamente yo quedo (1986), que obtuvo el Premio Nacional de Novela Justo Sierra O’ Reilly; Advertencias amorales al lector y cierto tipo de cuentos sumamente inocentes (1988); Dios te salve María, non sancta (1990), poesía; Somos por la danza de tus manos (1998), incluido en el poemario Semilla a punto de vuelo (1999), así como una pequeña obra trágico-narrativa: Di no a las drogas (1999). 

Sus publicaciones más recientes son el cuentario Breve y verídica historia de cómo los lunáticos poblamos la Tierra y sus consecuencias (2001), y como becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Tabasco en 2004 terminó y publicó la antinovela de varia invención Tropicalia, editada en 2008 por el Instituto Estatal de Cultura de Tabasco.

El pasado 23 de abril, De Lille Fuentes fue homenajeado en el marco del XXVI Encuentro de Escritores Tabasqueños en el Instituto Juárez, donde su aportación a la literatura tabasqueña y su entusiasta participación como promotor y creador de talleres literarios fueron exaltadas[1].

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A Circe

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Para Edmundo Valadés
Y a la mamoria helénica de J. Ulises Torri.

¡Circe, mujer mitológica, cincuenta partes de verdad y sin cuenta de mentira! Has de recibir esta postrer carta algún día, así sea la última acción de mi existencia y para ello tenga que emprender otro viaje. Me has complicado la vida en estas fechas por mi fidelidad al espíritu de tus consejos. Primeramente al que se refería a la administración de Bienes Navales y Accesorios. Siguiendo tus instrucciones fundé una sucursal aquí en Itaca, desoyendo el secreto de la marinería tradicional de mis antepasados: “No debes unir tu nave con clavos de hierro, sino de cobre, ¡oh Julises!” Ya te habrás enterado por los periódicos de mi problema del tráfico ilegal de violetas por el paso del Triángulo de las Bermudas. Pero ¡pase!

Lo que sí, Circe, ¡bastarda fémina de escandalosa cabellera! no soporto, es: tu ancestral linaje, escamoteado en nuestra entrevista fatal, el cual demuestra —tus nietas me lo cantaron muy claro—que tú eres la fundadora de su consejo supremo y en realidad de su estirpe. ¡Ahora me explico lo de la Enlatadora Enterprise, lo de tu gusto por los acuarios y lo de tu aparente invalidez!: por algo nos recibes en tu oficina a nosotros —crédulos y mortales hombre de empresa— con ese cobertor que te cubre medio cuerpo.

¡¿De qué sirvió ir resuelto a no perderme, si de todos modos una sirena ya había enturbiado mi corazón con febriles cantos?!

Mario de Lille
No. 127, Enero – Junio 1994
Tomo XXIII – Año XXX
Pág. 53