El personaje

No recordaba exactamente cuando, sólo que desde siempre se había sentido incómodo, inadaptado.

Adivinaba en el rostro de todas las personas que se cruzaban en su camino un mudo reproche.

Inútilmente había buscado un lugar en el que pudiera encajar. Se había casado y procreado hijos. Sin embargo, se sentía al lado de su familia como un perfecto desconocido.

Trató de conseguirse una amante, ya no para convencer a los demás de su existencia, sino para convencerse a sí mismo, pero todas las mujeres lo miraban como a un personaje de otra época.

Quiso, desesperado, introducirse a un espejo, imaginando ser el reflejo de algún personaje real, y lo único que consiguió fue un golpe en la nariz.

Hasta que en el colmo de la desesperación, el personaje saltó del libro y echándome en cara mi mediocridad, se perdió en la noche en busca de otro escritor.

Lucio Grullo
No. 75, Enero-Febrero 1977
Tomo XII – Año XII
Pág. 199

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Razón de más

Después de ver todas las pruebas que él tenía de si infidelidad —fotos, grabaciones, nombres, fechas, lugares, películas, etc.—, ella comprendió que no quedaba ya más que una solución.

Se dirigió entonces al buró, abrió el primer cajoncillo y sacó una pistola.

Todo se había derrumbado, había sido descubierta y no tenía argumentos para defenderse. No podía ni siquiera tratar de mentir, como último recurso. Lo sabía inútil, pero sin embargo sentía profundamente que todo tuviera que terminar de esa manera.

Llegó al lado de su marido y le entregó la pistola.

El la tomó y verificó la carga, quitó el seguro, pasó un cartucho a la recámara y apuntó cuidadosamente a la cabeza.

Al percatarse de esto, ella le sugirió que apuntara al corazón; sería menos doloroso y no le desfiguraría el rostro.

Ella —como siempre— tenía razón, y él —también como siempre— le hizo caso, y moviendo el arma, apuntó a su propio corazón…

Lucio Grullo
No. 76, Marzo-Abril 1977
Tomo XII – Año XII
Pág. 287