Cómo hallaron remedio para que fuesen mujeres


Buscaron un pájaro que se llama, inriri, antiguamente llamado inriri cahubabayael, el cual agujerea los árboles, y en nuestra lengua llámase pico. E igualmente tomaron a aquellas mujeres sin sexo de varón ni de hembra, y les ataron los pies y las manos, y trajeron el pájaro mencionado, y se lo ataron al cuerpo. Y éste, creyendo que eran maderos, comenzó la obra que acostumbra, picando y agujereando en el lugar donde ordinariamente suele estar el sexo de las mujeres. Y de este modo dicen los indios que tuvieron mujeres, según cuentan los más viejos. Puesto que escribí de prisa, y no tenía papel bastante, no pude poner en su lugar lo que por error trasladé a otro; pero con todo y eso, no he errado, porque ellos lo creen todo tal como lo he escrito.

Ramón Pané en “Relación acerca de las antigüedades de los indios”
No 71, Enero-Marzo 1976
Tomo XI – Año XI
Pág. 551

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Ramón Pané

Ramón Pané 

Monje de la Orden de San Jerónimo, de origen catalán, nació en la segunda mitad del siglo XV. Acompañante de Cristóbal Colón en su segundo viaje a las indias, fue quizá el primer europeo en estudiar y aprender una lengua indígena, el taíno, hablado en la isla de Hispaniola. Por encargo del almirante Cristóbal Colón, investigó y escribió el primer libro escrito y editado en América: Relación acerca de las antigüedades de los indios.

Su libro es conocido de manera indirecta por la copia que de éste aparece en la famosa biografía que sobre Cristóbal Colón hizo su propio hijo Hernando Colón. No obstante tanto sus orígenes, como su vida en general, son bastante inciertos. Se sabe con certeza que Ramón Pané era catalán tanto por el origen de su apellido (que en correcta ortografía catalana se escribiría Paner), como por el valioso testimonio que de él hace fray Bartolomé de Las Casas cuando dice que:

“(…) no hablaba bien nuestra castellana lengua como fuera catalán de nación”

También se sabe que pertenecía a la orden de los jerónimos dado que él mismo lo dice en su libro donde se identifica como un “pobre ermitaño de la orden de San Jerónimo”. De su vida más nada se conoce con certeza, sólo que probablemente conoció a Cristóbal Colón durante el encuentro que este tuvo con los reyes católicos en el monasterio de San Jerónimo de Murtra, en el mes de abril de 1493, cuando les dio razón de lo que había “descubierto” en su primer viaje, y dónde se organizó su siguiente expedición.[1]

Capítulo VII: Cuando hubo de nuevo mujeres en la dicha isla de Haití, que ahora se llama La Española


Dicen que un día fueron a lavarse los hombres, y estando en el agua, llovía mucho, y que estaban muy deseosos de tener mujeres; y que muchas veces, cuando llovía, habían ido a buscar las huellas de sus mujeres; más no pudieron encontrar alguna nueva de ellas. Pero aquel día, lavándose, dicen que vieron caer de algunos árboles, bajándose por entre las ramas, una cierta forma de personas, que no eran hombres ni mujeres, ni tenían sexo de varón ni de hembra, las cuales fueron a cogerlas; pero huyeron como si fuesen anguilas. Por lo cual llamaron a dos o tres hombres por mandato de su cacique, puesto que ellos no podían cogerlas, para que viesen cuantas eran, y buscasen para cada una un hombre que fuese caracaracol, porque tenían las manos ásperas, y que así estrechamente las sujetasen. Dijeron al cacique que eran cuatro; y así llevaron cuatro hombres, que eran caracaracoles. El cual caracaracol es una enfermedad como sarna, que hace al cuerpo muy áspero. Después que las hubieron cogido, tuvieron consejo sobre cómo podían hacer que fuesen mujeres, puesto que no tenían sexo de varón ni de hembra.

Ramón Pané en “Relación acerca de las antigüedades de los indios”
No 71, Enero-Marzo 1976
Tomo XI – Año XI
Pág. 550

La “Relación” del fraile Jerónimo Ramón Pané es el primer tratado escrito en América por un europeo. El ermitaño había sido comisionado por Cristóbal Colón para recoger mitos y costumbres de los indígenas de la isla La Española, durante los primeros años de la conquista. El manuscrito original se ha extraviado y las versiones al español se realizan sobre la traducción italiana de Ulloa. La que usamos fue publicada recientemente por la editorial Siglo XXI y pertenece a José Juan Arrom.