Verano ardiente

Me cuesta trabajo caminar por tu ardiente corazón.

Me quema.

Lelinaí López Vela
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 805

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Proteo

Me fue inventando en el fuego de sus ilusiones. Todas se fueron apagando con lo que le contaban mis amigos. Y un día me miró con el temor que se le tiene a un delincuente. Cuando se fue me vi en el espejo, y di cara a cara con un desconocido.

José Arenas
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 795

El pasado

A poco de tratarla supe que es de esa especie de mujeres que se apasionan por mí; pero no por mucho tiempo: me sepultan, bruscamente, en el más oculto rincón de su pasado.

Me dispuse, por tanto, a guiar a la fatalidad con mano firme…

José Arenas
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 795

Recomendaciones

En los primeros días del año 2,270 las computadoras nos dieron a conocer la noticia que nuestros hermanos del planeta Marte nos mandaban: “no se aceptará ninguna expedición de terrícolas que no vengan con fines científicos, pues sólo contribuyen al aumento de la población marciana”.

Jesús Porras Botello
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 785

Mutación

Y sucedió que un día el hombre encontró en su recámara un horrible monstruo, pero venciendo el miedo y la repugnancia se fue acercando a la extraña criatura y cuando la tuvo al alcance del puño, tan cerca que pudo escuchar la respiración jadeante y sentir su pestilente hálito, asestó un terrible puñetazo en la cara de la bestia. Y vio desaparecer al monstruo convertido en una multitud de pedacitos de espejo.

Pedro Crespo
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 782

Mi vecina

Mi vecina era tan hermosa que parecía formada de flores. La encontré en el cubo de la basura, con un poco de vida aún, y me dijo.

—Se acabó la fiesta, amigo. Ya estoy ajada.

Nunca supe si hubo entierro o quedó reducido a un detalle de limpieza.

A. F. Molina
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 781

La destrucción por el fuego

Al ver la llama viniendo hacia mí, tuve la certeza de que inexorablemente empezaría mi destrucción y que todo lo que hiciera por evadir la determinación de una voluntad superior, sería inútil. (Y eso en el caso de que hubiera podido hacer algo). Creo que mi final lo sabía desde siempre, mucho antes de que me sacaran de la celda en donde me hallaba recluido con mis semejantes. Es triste saber su propio destino y no poder evitarlo. Triste sentir el fuego consumiendo mi cuerpo, avanzando gradualmente, y mi voz flotando en volutas de humo y mi cabeza aprisionada en un cepo blando y férreo al mismo tiempo… Ya es demasiado tarde; nadie, menos ahora que se acerca la hora de la abolición definitiva, puede evitar la extinción por el fuego a la que fui condenado desde el principio y conmigo todos los que fuimos sentenciados a consumirse prendidos a unos labios. Todos los que como yo son eso: un cigarro. Un cigarro. Nada más.

Pedro Crespo
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 774

Hipótesis

La gripe es una enfermedad peligrosa.

Yo conocí una niña en nochebuena, quien soportó la enfermedad sin quejarse.

Le subió la fiebre hasta más allá de lo inconmesurable.

Ardió su cuerpo, su ropa, la cama, la recámara, la casa, una manzana entera, su barrio, la ciudad…

Las llamas se extendieron a todo el universo que entonces comenzó a formarse como le conocemos hoy.

Leopoldo Borrás
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 773

La inversión

La inversión es un juego sano, porque permite conocer al hombre tal cual.

El primer paso es invertir un calcetín o una media.

Pueden jugarlo varias personas.

Luego, cada jugador se invierte a sí mismo, o uno a otro, utilizando para ello el intestino grueso y el esófago, en tal forma que las vísceras queden a la vista y al alcance de todas las aves de rapiña.

Leopoldo Borrás
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 771

Muerte de la muñeca de chocolate

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Estoy en el coche observador sintiendo cómo va fundiéndose en mis dedos la muñeca de chocolate. Las manos se me vuelven torpes a base de dulce, negrura y calor. A mi lado, los compañeros de viaje se ocupan de su revista ilustrada y su corbata o su atractiva faja. No miran. Y si lo hicieran, no verían sino el entrelazamiento de mis nerviosos dedos: mi querida e invisible muñeca continuará deshaciéndose sobre mi piel hasta cubrir con sus hilos la superficie roja de mi isla vital.

A mi derecha aparece una larga y angosta faja de tierra que corta al mar por ese lado. Se me antoja esta espada de palmeras el instrumento preciso para cortar en innumerables trocitos la carne dulce de la muñeca. Pero es inútil: a mis pies yace un minúsculo lago oscuro que inmediatamente es cubierto por una capa de agua salada que yo he bombeado con mi incontrolable y eficaz nostalgia.

Abro el refrigerador y saco el sobre sin estampillas y sin rótulo. Luego emerge la muñeca de chocolate con sus facciones perfectamente dibujadas y ligeramente humedecidas. He acudido con rencor y con las manos provistas de alfileres. Voy clavando en todos los lugares sagrados las puntas afiladas, mientras sonrío sin convicción. Escucho luego el llamado del teléfono y me alejo. Al volver me encuentro con los mástiles blancos colocados sobre el barco café que se aleja velozmente de mi costa humana y agrietada…

Así y en muchas otras formas desconocidas ha muerto la muñeca de chocolate.

Miguel Covarrubias
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 765

Verídica: el tren de la muerte

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Manila, Islas Filipinas. Ene. 9. AFP. —Dos energúmenos —hermanos gemelos de 37 años— mataron a cuchilladas nada menos que a doce personas e hirieron a otras veinticinco, en pleno trayecto del Manila Express que circulaba a unos cincuenta kilómetros al sur de Manila.

Varias der las víctimas del “tren de la muerte”, entre las que figuraban mujeres y niños, fueron asesinados cuando dormían en sus compartimentos. Otras, presas de pánico, perecieron al arrojarse por las ventanillas del convoy que marchaba a gran velocidad.
En un cable de un año de éstos.

Agencia France Presse
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 763

Amor ideal

Ya el orgasmo se había abierto en gajos de sensaciones agridulces, cuando ella, haciendo a un lado el sedoso sayal de jadeos y caricias tornasoladas, le mordió al oído: cariño, ¿me quieres?, él, sin dejar de lacrar su cuerpo con sudores cáusticos, le roció: ya sabes, amor, que nunca nos hemos querido, si nos casamos fue porque yo necesito de tu dinero y tú necesitas de mi prestigio, y se volvieron a poseer esta noche con tanto encendimiento, que se diluyeron en átomos de complementación intrínseca, pero la helada indiferencia de sus sentimientos los solidificó en una estatua hermafrodisíaca, que ahora, como símbolo de amor ideal, se encuentra colocada en el paseo de los enamorados.

joseluis
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 759

El viaje

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Al fin, después de tantos años la pareja estuvo lista para iniciar el viaje. Todos los preparativos anteriores se habían frustrado ante un olvido de último momento. Esta vez habían tomado en cuenta el más mínimo detalle. Conservaban el propósito de partir sin que sus vecinos se enteraran. Sin embargo en la esquina se arremolinaba un montón de curiosos cuando pasó el coche fúnebre.

Ednodio Quintero
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 756

Gallo pinto

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Mi tío tenía un gallo pinto que comía alacranes vivos. El domingo de ramos lo llevó a la gallera, le buscó enemigo y cazaron la pelea. A los primeros aletazos, del cuerpo del gallo pinto comenzaron a salir alacranes que se comieron al otro. Cundió el pánico y a mi tío le metieron tres balazos. Nadie asistió a su entierro pues todos abandonaron el pueblo. Del cuerpo del gallo pinto seguían saliendo alacranes que se comían las casas, los árboles, las estatuas.

Ednodio Quintero
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 756

Tatuaje

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Cuando su prometido regresó del mar se casaron. Él había aprendido el arte del tatuaje y alguna otra cosa. Dibujó con sumo cuidado —en el vientre de ella— un hermoso puñal. El hombre murió una tarde y ella pasó muchos días nadando en lágrimas. El otro comenzó a rondarla. Tanto insistió que al fin ella cedió. Nunca se supo explicar cómo el hombre desnudo se le quedó muerto encima, atravesado por el puñal.

Ednodio Quintero
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 756

Muñecas

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Cuando murió mi hermana la enterramos junto con sus muñecas para que le hicieran compañía. Ahora, después de noventa años de aquello, pienso que —¡estoy seguro!— las que murieron fueron las muñecas y enterramos a mi hermana para que les hiciera compañía.

Ednodio Quintero
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 754

Coleccionistas

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Un hombre coleccionaba alacranes y un alacrán coleccionaba hombres. Una tarde los dos coleccionistas se encontraron. Hablaron de sus respectivos pasatiempos. Comprendieron la importancia de la nueva pieza a cobrar. Y se pusieron de acuerdo: cara o sello.

Ednodio Quintero
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 756

TV

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Una niña vio en la TV el sacrificio de un bonzo. Entonces buscó su única muñeca, la bañó en gasolina y le dio fuego. Cuando llegaron los bomberos todo el barrio estaba en llamas.

Ednodio Quintero
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 754