Ilusión

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Quisiera el mundo hecho de esta manera: que apenas se tuviese el deseo de una música, apareciesen los músicos y se pusiesen a tocar; que los deseos fuesen satisfechos al nacer; y que, sin embargo, no produjesen saciedad.

Bernard Berenson
No. 33, Noviembre – 1968
Tomo V – Año VI
Pág. 114

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Explicaciones

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Un irlandés llegado a Florencia como escudero había sido nombrado barón por el Gran Duque; cuando llegué aquí conocí a su hijo, quien seguía siendo un tipo muy irlandés. Y me dio inmediatamente la definición exacta del carácter italiano: “Nosotros no tenemos titubeos para decir lo que pensamos”, sostenía, “pero escondemos con cuidado lo que sentimos; los italianos ocultan lo que piensan y no tienen titubeos en exteriorizar lo que sienten. Y yo: “¿Pero los irlandeses manifiestan lo que sienten mucho más que los ingleses?” “Ciertamente, y además no pueden decir lo que piensan, porque no piensan nada para nada”.

Bernard Berenson
No. 33, Noviembre – 1968
Tomo V – Año VI
Pág. 72

El título

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Hoy se recuerda por primera vez en los periódicos a la Reina madre de Albania. Esto hacer volver a mi memoria un delicioso cuento sobre Camondo.

Camondo, el de la colección, era un joven banquero judío de origen turco, muy servicial con Napoleón III. El emperador lo quería recompensar y lo había sondeado para saber si un título de nobleza le podría satisfacer. “¿Un título?, pero Majestad, sería una cosa ridícula: todos aquí saben que soy un banquero, no me conviene salir de mi ambiente y por otra parte yo cuido de mis intereses y percibo las utilidades necesarias de mi trabajo; por lo tanto no necesito ningún premio”. Seguían los favores de todo género y el emperador sentía acrecentarse su deuda; no sabía que hacer; para sosegarse, nuevamente le propuso nuevamente le propuso otorgarle un título. “Majestad, si verdaderamente me quiere recompensar con algo, no le pido nada para mí, pero tengo a mi pobre bisabuelo que vive en Constantinopla y es viejo, y lo han perseguido y despreciado durante toda su vida; no pido nada para mí, sino pido que él, pobre hombre, tenga una satisfacción de vanidad antes de cerrar sus ojos”. Y así, Camondo el joven obtenía un título y los intereses del título, el de los antepasados y casi los cuatro cuartos de nobleza.

Bernard Berenson
No. 33, Noviembre – 1968
Tomo V – Año VI
Pág. 52

De mujeres


Si una mujer sabe callar con inteligencia, su compañía es preciosa. Las que sólo saben hablar con inteligencia, hablan demasiado; llegará el momento en que nos harán enloquecer por una observación fuera de lugar, por una pregunta impertinente, por una interrupción idiota. Quizá las amamos también en estos momentos desagradables, porque nos convencen de nuestra superioridad.

Bernard Berenson
No. 34, Marzo 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 225

Contundente


Un día llegó a los “Tati” un joven, imbécil y presuntuoso, quien creía que, para disimular su timidez, le sería útil mostrarse insolente. Pedía consejos, pero afirmaba también sus deseos de ganar dinero haciendo el oficio de “conocedor”. Le dije: “Con toda franqueza, si quiere ganar dinero no se obstine en la crítica de arte, póngase a fabricar jabón”. Después, al salir, lo acompañé hasta la puerta. Era una noche despejada y bellísima; frente al jardín iluminado, aquel joven, a guisa de saludo, replicó: “Si hubiese usted fabricado jabón, hoy no gozaría este espectáculo”. No pude menos que contestarle: “Pero y no nací para fabricar jabón”.

Bernard Berenson
No. 34, Marzo 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 193

Bernard Berenson

Bernard Berenson

(Butrimonys, actual Vilna, Lituania, 26 de junio de 1865 – Florencia, Italia, 6 de octubre de 1959)

Era un experto en arte. Sus estudios sobre arte y sus contactos con la alta sociedad estadounidense le hicieron rico gracias a que puso de moda el Renacimiento en el mercado del arte y autentificó numerosas obras.

Ya en 1907, su obra Drawings of the Florentine Painters le había consagrado como la principal guía del renacimiento italiano. Su teoría acerca de la empatía en el observador provocada por valores táctiles estuvo muy de moda cuando la publicó por primera vez, en 1896.

Su relación de 30 años con el marchante lord Duveen le permitió vivir lujosamente en su villa cerca de Florencia. Sus obras más reflexivas (Rumour and reflections, 1952; Seeing and Knowing, 1953, y la póstuma, The passionate sightseer) le convirtieron en un sabio muy respetado. Asesoró a diversos coleccionistas americanos (como Isabella Stewart Gardner) y así contribuyó al auge de los museos en EE.UU.

Donó todos sus bienes a la Universidad de Harvard, que le había ayudado a pasar la infancia a la erudición.

Su sobrina bisnieta, Marisa Berenson, es una famosa actriz estadounidense. La hermana de Marisa, Berry Berenson, fue una fotógrafa y actriz y la esposa del actor Anthony Perkins. Berry falleció en los ataques del 11 de septiembre de 2001 en la ciudad de Nueva York[1].