Ligereza

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Estaba esperando el autobús y para entretener el tiempo leía un libro. Cuando alcé la vista ante mí pasaba un barco.
Desde que descubrí que puedo atravesar los espejos m
e siento más seguro. Siempre llevo uno en el bolsillo. Ahora lo utilizo para pasar en el otro lado las horas del sueño. Cuando tengo una dificultad también me evado a su través. Me siento ligero como un pájaro y no necesito ducharme para tener la sensación de que estoy limpio.

A. F. Molina
No. 132, Enero – Marzo 1996
Tomo XXVI – Año XXXII
Pág. 117

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Exhibicionista

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El pelo me crecía tanto por la noche que amanecía como dentro de un nido. Pero una mañana desperté calvo. Al día siguiente comenzó a levantárseme la piel. Cada noche pierdo un dedo, un diente, una oreja… y así sigo. Esto no puede durar mucho pero mi salud es perfecta.

A. F. Molina
No. 132, Enero – Marzo 1996
Tomo XXVI – Año XXXII
Pág. 75

La tos

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Crecía mi tos y despertó la curiosidad de la gente que me rodeó en medio de la calle. Pero yo no quería distraerlos y haciendo un gran esfuerzo arrojé al conejo que llevaba en la garganta y salió corriendo la calle adelante dejando un hilillo de sangre cada vez más tenue. Y así disolví el grupo.

A. F. Molina
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 404

La llave

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Al volver de noche a casa apliqué mi llave y, aunque me costó algún trabajo, logré abrir la puerta. Al entrar se apagó bruscamente la luz pero pude ver que aquella casa no era mía.

No sé cuánto tiempo llevo aquí. Algo viscoso se pega a mi piel. Un dolor intenso me atraviesa el vientre y los riñones. Hay un olor nauseabundo.

A. F. Molina
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 278

Mi salud

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El pelo me crecía de prisa por la noche y yo amanecía envuelto en él como dentro de un nido. Pero una mañana desperté calvo. Al día siguiente comenzó a levantárseme la piel. Cada día pierdo un dedo, un diente, una oreja… y así sigo. Esto no puede durar mucho, pero mi salud es perfecta.

A. F. Molina
No. 123-124, Julio-Diciembre 1992
Tomo XXI – Año XXIX
Pág. 217

Mi vecina

Mi vecina era tan hermosa que parecía formada de flores. La encontré en el cubo de la basura, con un poco de vida aún, y me dijo.

—Se acabó la fiesta, amigo. Ya estoy ajada.

Nunca supe si hubo entierro o quedó reducido a un detalle de limpieza.

A. F. Molina
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 781

Otro

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No soy yo. Pero sus conocidos me saludan en la calle.

Como en su misma mesa.

A la noche me acuesto en su cama.

Su mujer no le es infiel. Realmente somos iguales y yo mismo podría confundirme.

Ella tiene una forma extraña de gozar. Después se queda fría y duerme como un animalito.

A. F. Molina
No. 119-120, Julio-Diciembre 1991
Tomo XX – Año XXVIII
Pág. 351

Hay cosas que me molestan

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Aquella mucama me sonrió al servirme el café y yo estaba necesitado de sonrisas femeninas.

Hacía tiempo que dormía solo y, aunque una sonrisa no sea necesariamente el principio de una aventura galante, sin sonrisas no existe ni el consuelo.

La maté con una botella de agua mineral.

Lo que más me extrañó fue que al quitarte el vestido no estuviera llena de ruedas, mecanismos y engranajes.

Le sacudí el polvo y me marché bastante aburrido.

A. F. Molina
No. 65, Junio-Julio 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 651

Otro

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No soy yo. Pero sus conocidos me saludan en la calle.

Como en su misma mesa.

A la noche me acuesto en su cama.

Su mujer no le es infiel. Realmente somos iguales y yo mismo podría confundirme.

Ella tiene una forma extraña de gozar. Después se queda fría y duerme como un animalito.

A. F. Molina
No. 65, Junio-Julio 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 648

El mejor uso

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Aquella mujer comía mucho, pero seguía adelgazando. Cuando bebía bastante cerveza, por unos instantes redondeaba su vientre. Pero enseguida se desinflaba de un eructo.

Estos avatares minaban su organismo y un día cayó vacía al suelo. Alguien la creyó un papel arrugado y, debido a su curiosa forma, la llevó a su casa y la dejó clavada a la pared con cuatro alfileres. Algunas noches la desprendía y la colocaba sobre la cama. Cada vez se fue aficionando más a esta costumbre, porque advirtió que abrigaba un calorcillo muy agradable. Además poseía unas extraordinarias dotes afrodisíacas que le daban la ilusión haber recobrado la juventud.

A. F. Molina
No. 65, Junio-Julio 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 647

La bofetada

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Su bofetada redujo a polvo a aquella mujer. Eso fue lo que le llevó a la horca.

Durante su reclusión, aunque su aspecto no tenía nada de particular, le admirábamos.

No desaprovechamos ocasión para tratar de sacarle su secreto, pero no fue posible, prefirió que le colgaran del cuello a decir una palabra.

Parecía un niño pero era un macho.

Cuando ya estaba muerto, a pesar de su hombría, hubo un malintencionado que intentó hacer correr el rumor de que no había dicho una palabra porque era mudo. Hay quien tiene mala leche y no respeta ni a los ajusticiados.

A. F. Molina
No. 65, Junio-Julio 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 613

El huevo cascado

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En la miseria un huevo es cena frugal y sueño tranquilo. Le cogí en mis manos y lo casqué para depositarlo en la sartén.

En lugar de la clara y la yema, salió un hombrecillo en todo semejante a mí.

Cascaba un huevo sobre la sartén y salía otro personaje, aún más pequeño, que también se me parecía, con un huevo en la mano.
Y así indefinidamente…

A. F. Molina
No. 65, Junio-Julio 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 609

A veces estoy muy cansado

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Algunas veces me siento muy cansado. Entonces me arrugo y me meto en un bolsillo de la chaqueta. Descanso como oculto en un lecho y no tengo ningún deseo de salir.

Pero esta situación no la puedo mantener por mucho tiempo. A mi lado cuchichean. Luego la gente rodea el lugar, crece la muchedumbre y de un momento a otro están por intervenir las autoridades.

A. F. Molina
No. 65, Junio-Julio 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 596

En la cabina telefónica


Entré a la cabina para telefonear y al ir a marcar el número vi que las cifras no estaban señaladas en la rueda, pero de todas maneras a riesgo de no llegar a acertar nunca, lo intenté. Fue mi mujer quien hablaba y estaba de buen humor. Al despedirme le pregunté si todo iba bien en casa: “Estoy a tu espalda”, me dijo. Volví la cabeza y era cierto.

A. F. Molina
No. 93, Mayo-Junio 1985
Tomo XVI – Año XX
Pág. 688

La lluvia de los paraguas


Primero cayeron dos o tres y se clavaron en el suelo. Tras la sorpresa y la curiosidad siguió la inquietud. Pero nos dimos cuenta a tiempo de que había comenzado la lluvia de paraguas.

Caían y nosotros, sin dejar de mirar a lo alto, corríamos en busca de un refugio, esquivándolos para evitar que nos ensartaran como en un asador.

Hubo suerte, nos refugiamos a tiempo y sólo uno se clavó en el trasero de una muchacha.

Nuestras carcajadas fueron tan potentes que detuvieron la lluvia.
Ella arrancó el paraguas con naturalidad y tuvo para todos una sonrisa afectuosa.

A. F. Molina
No. 88, Septiembre- Noviembre 1983
Tomo XIV – Año XIX
Pág. 26

Strip-tease


Cuando quedó desnuda esperábamos que:

a)Saliera corriendo haciendo zalemas entre bastidores.

b)Sonriera mostrándose, ocultándose o insinuándose de cualquier forma.

Pero ella continuó con su tarea.

Tiró de su peluca y apareció calva.

Arrancó ambas cejas.

Se sacó un ojo de cristal.

Desprendió su pierna izquierda y quedó sostenida en la derecha a modo de columna, luego se sentó en un diván y a continuación desprendió su pierna derecha.

Escupió la dentadura.

Despegó las orejas y la nariz.

Finalmente, con el brazo izquierdo se quito el derecho.

Luego llegaron los criados con dos espuertas. En una recogieron los postizos y en la otra recogieron a la mujer y entraron dentro.

A. F. Molina
No. 76, Marzo-Abril 1977
Tomo XII – Año XII
Pág. 245

Cada noche


Cuando me desnudo para acostarme, con los calcetines salen algunas uñas.

La barba y la peluca se van tras el sombrero. Al sacarme los guantes quedan dentro las manos. Mis ojos caen al suelo, mis brazos se desprenden, mis dientes se mueven. Por la nariz asoma mi intestino, avanza y se arrastra por la alfombra como un reptil.

A. F. Molina
No. 74, Octubre-Diciembre 1976
Tomo XII – Año XII
Pág. 69

En forma de V


En el zoológico creí ver una pareja de jirafas.

Sólo después de observar durante bastante tiempo advierto lo evidente; que es una jirafa de dos cabezas.

Mientras miro a este animal, raro por su cuello en forma de V, los demás espectadores no hacen ningún comentario ni parecen extrañarse de esta rareza.

Yo me cuido muy bien de no llamar la atención sobre ello.

A. F. Molina
No. 74, Octubre-Diciembre 1976
Tomo XII – Año XII
Pág. 54

El otro


Durante todo aquel verano venía sintiendo extrañas sensaciones. Aunque no la viera por ningún lado, a veces se encontraba como ante una empalizada. Otras le parecía tener los dedos metidos dentro de un guante, que estaba a punto de terminar de leer El Corán y cosas por el estilo.

Arrastró la confusa sensación de su conciencia durante las largas vacaciones. Cuando llegó el momento de volver se dispuso a recoger el equipaje. Entonces se sintió presa de la mayor incertidumbre. Eran dos las maletas que se disponía a preparar cuando siempre se había arreglado muy holgadamente con una.

Pero sucedía que el interior de su cuerpo también estaba ocupado por otro personaje, a quien en adelante habría de tener en cuenta.

Antonio Fernández Molina
No. 94, Septiembre-Octubre 1985
Tomo XIV – Año XXI
Pág. 793