Quimera

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En el siglo XVIII un gran autor chino se rompió la cabeza. Quería un relato absolutamente fantástico, violando todas las leyes del mundo. ¿Qué se le ocurrió? Esto: su héroe. Especie de Gulliver, llega a un país donde los comerciantes tratan de vender a precios ridículamente bajos, y donde los clientes insisten en pagar precios exorbitantes.

Henri Michaux
No. 33, Noviembre – 1968
Tomo V – Año VI
Pág. 107

Tiranos

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Tsi Hoang Ti es uno de los más famosos y más fantásticos tiranos del mundo, que hizo pintar de rojo (el color de los condenados), una montaña entera porque sus soldados habían padecido allí una tormenta. Tsi Hoang Ti, que hacía preparar un baño de agua hirviendo en la sala del Trono cuando de sus oficiales le pedía una audiencia que le desagradaba, hizo grabar en monolitos erigidos por todos lados: “Todo anda bien. Se han unificado las pesas y medidas. Los hombres son buenos maridos, los padres son respetados. Por donde sopla el aire todos están contentos”, etc.

Henri Michaux
No. 33, Noviembre – 1968
Tomo V – Año VI
Pág. 74

Amor chino

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El amor chino no es el amor europeo.

La europea ama con transporte, y de pronto olvida al borde del mismo lecho, pensando en la gravedad, en ella misma, o en nada, o bien simplemente conquistada por la “ansiedad blanca”.

La mujer árabe se porta como una ola. La danza del vientre, hay que recordarlo, no es una simple exhibición para los ojos; no, el remolino se instala sobre uno y lo arrastra y lo deja luego como beatificado, sin saber exactamente lo que ha sucedido, ni cómo.

Y ella también empieza a soñar la Arabia se levanta entre los dos. Todo ha concluido.

Con la mujer china, nada de eso. La china es como la raíz del banian, que se encuentra en todas partes, hasta en las hojas. Así, cuando se ha introducido en el lecho, se necesitan muchos días para desasirse.

Henri Michaux
No. 33, Noviembre – 1968
Tomo V – Año VI
Pág. 67

Preferencias

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El jade, las piedras pulidas y como húmedas, pero no brillantes, turbias no transparentes, el marfil, la luna, una sola flor en su maceta, las ramas de múltiples ramillas con hojitas delgadas, vibrantes los paisajes lejanos y envueltos en una bruma naciente, el canto (debilitado por la distancia) de una mujer, las plantas sumergidas, el loto, el croar del sapo en el silencio (no se llega a localizar nunca exactamente el ruido), los manjares insulsos, un huevo ligeramente pasado, los macaroni pegajosos, una aleta de tiburón, una lluvia fina que cae, un hijo que cumple los ritos del deber filial con una precisión enervante, insoportable, la imitación bajo todas sus formas, plantas de piedra, con flores cremosas, de corolas, pétalos y sépalos de una perfección irritante, representaciones teatrales en la Corte, por prisioneros políticos, obligados a tomar parte, crueldades deliciosas, he aquí lo que les ha gustado siempre a los chinos.

Henri Michaux (1941 (?)
No. 33, Noviembre – 1968
Tomo V – Año VI
Pág. 42

Distraerse

16 top
Un cazador para asustar la caza prendió fuego a un bosque. De pronto vio a un hombre que salía de una roca.

El hombre atravesó el fuego sosegadamente. El cazador corrió tras él.

—Diga, pues, ¿cómo hace para pasar a través de la roca?

—¿La roca? ¿Qué quiere decir con eso?

—También lo vi pasar a través del fuego.

—¿Fuego? ¿Qué significa fuego?

Ese perfecto taoísta, completamente borrado, no veía las diferencias de nada.

Henri Michaux, en UN BARBARE EN ASIE
No. 16, 1965
Tomo III – Año II
Pág. 269

Los vibros

103-104 top

Los vibros aman el agua, bucean para coger esponjas, acaban con los tiburones y los pulpos. Vuelven al anochecer, sin haberse secado, con el cuerpo azulado de fosforescencias. Sus mujeres dan a luz en una barca, pues encuentran en los movimientos del mar las fuerzas necesarias para expulsar al niño que desea nacer.

Henri Michaux
No. 102, Abril-Junio 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 136

Henri Michaux
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 437

Los arnadios

103-104 top

Los arnadios no son más importantes que los nijidios. Muy menuditos.

Pongo juntos a los bevinos, los suvgatos y los arnavases. Parece ser que se diferencian entre sí. Es posible. Prestando mucha atención. Son escépticos, evitan cuidadosamente la grandeza (y la de los demás no les impresiona salvo para hacerles reír, con esa risita seca de la cerilla al encenderse).

Sus mujeres son pequeñas, burlonas, como para no provocarlas, en una palabra: unas pizpiretas.

Darles una buena paliza, a todos y a todas, sería muy placentero. Es un pueblo donde el entusiasmo es imposible.

Henri Michaux
No. 90, 1984
Tomo XV – Año XIX
Pág. 270

Henri Muchaux
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 425

Los omambuses

103-104 top

Entre los pacíficos omambuses, una vez cada dos años, hay un reparto de mujeres. Es ése un día de gran alivio para muchos hombres. En ese mercado de mujeres se oyen más verdades útiles y crueles que en un mercado de jovencitas. Forzosamente.

El mercado está en Ornagis, una ciudad en forma de oruga, situada sobre una colina. Una sola calle serpentea de arriba abajo. Por lo tanto, un hombre atento que mire a la izquierda para subir y a la derecha para bajar, una vez de vuelta a la puerta de la ciudad, esta seguro de haber visto a todas las omambusas disponibles ese año

Henri Michaux
No. 90, 1984
Tomo XV – Año XIX
Pág. 247

Henri Michaux
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 345

Usos y costumbres

105-106 top
Cuando un emanglón respira mal, prefieren que deje de existir. Piensan que por mucho que haga ya no podrá alcanzar la verdadera felicidad. El enfermo por efecto de la simpatía natural entre los hombres, no hará sino perturbar el sistema respiratorio de toda la ciudad.

Y así, sin llegar a enfadarse, lo estrangulan.

En el campo, como son bastantes toscos, se ponen de acuerdo entre unos cuantos y una noche cualquiera van a su casa y le estrangulan.

Henri Michaux
No. 105-106, Enero-Junio 1988
Tomo XVII – Año XXIII
Pág. 62

Extraer el “Pshi” de la mujer

59 top

El Mago Ani pretende poder extraer el pshi… de la mujer que ansía (el pshi no es el doble) y atraerlo hacia sí. Es posible abstenerse del pshi durante algún tiempo; la mujer no repara desde luego es esa privación. El Mago entonces acaricia el pshi y poco a poco y aunque no sintiendo más que cosas vagas, la mujer se aproxima al lugar donde se encuentra el pshi. Y cuando más adelanta, mejor se siente, hasta que coincide, sin saberlo, con él. En tal circunstancia, el amor del hombre ha penetrado ya en ella.

Henri Michaux
No. 59, Junio-Julio 1973
Tomo X – Año IX
Pág. 779

El lago

59 top

Por mucho que se aproximen al lago, los hombres no se volverán por eso ranas o lucios.

Construyen sus viviendas a su alrededor, se meten en el agua constantemente, se vuelven nudistas… No importa. El agua traidora e irrespirable para el hombre, fiel y nutricia para los peces, continuará tratando a los hombres como hombres y a los peces como peces. Y hasta el presente ningún deportista ha podido vanagloriarse de haber sido tratado de un modo diferente.

Henri Michaux
No. 59, Junio-Julio 1973
Tomo X – Año IX
Pág. 775

Mis ocupaciones

59 top

Raras veces puedo ver a alguien sin abofetearlo.

Todos prefieren el monólogo interior. Yo, no. Más me gusta abofetear.
Hay gentes que se sientan frente a mí en el restaurante y no dicen nada; están allí un buen rato porque han decidido comer.

Ahí tenéis a uno.

Yo me lo atraco, toc.
Me lo reatraco, toc.
Lo cuelgo en la percha.
Lo descuelgo.
Vuelvo a colgarlo.
Lo redescuelgo.
Lo pongo sobre la mesa.
Lo apilo y lo ahogo.
Lo ensucio, lo inundo.
Y vuelve a vivir.

Entonces lo enjuago, lo estiro (comienzo a enervarme, hay que terminar con él), lo comprimo, lo aprieto, lo resumo, lo introduzco en mi vaso, arrojo ostensiblemente el contenido por el suelo y le digo al mozo: “Tráigame un vaso más limpio”.

Pero me siento mal; arreglo al punto la cuenta y me voy.

Henri Michaux
No. 59, Junio-Julio 1973
Tomo X – Año IX
Pág. 774

Pisoteado

59 top

Cuando lo hubieron pisoteado durante diez años:

“Después de todo, dijeron, tenía algunas cualidades. A partir de hoy, se prohíbe a todos pisotearlo”.

Se fue levantando poco a poco, porque tenía realmente cualidades.
Pero un domingo, como al pueblo le gusta mucho la juerga, se le permitió que lo pisoteara una vez más.

Y fue en tal forma aplastado ese sólo domingo, o tal vez ya había perdido esa costumbre, que se sintió más miserable que nunca.

“Después de todo, dijeron, no tenía tantas cualidades”

Henri Michaux
No. 59, Junio-Julio 1973
Tomo X – Año IX
Pág. 764

Caída

59 top

Dio un paso en falso y cayó de pronto en el siglo XIII. ¡Ay! ¿Cómo sacarlo de allí?

Nos atornillábamos, nos desatornillábamos, nos reatornillábamos, no encontrábamos nada.

“Sangre fría, gritaba Jorge, sin lo cual está perdido”

Henri Michaux
No. 59, Junio-Julio 1973
Tomo X – Año IX
Pág. 760

El horizonte retirado

59 top

Cuando se me habló del horizonte retirado, de magos que sabían quitar el horizonte y nada más que el horizonte, dejando el resto visible, creí que se trataba de una forma de expresión verbal, de broma del lenguaje.

Un día, en mi presencia, un mago retiró el horizonte de mi alrededor. Que ello hubiese ocurrido por magnetismo, sugestión u otra causa, la repentina substracción del horizonte (yo estaba junto al mar donde un rato antes había podido apreciar la inmensa extensión y la arena de sus playas) me causó una angustia tan grande que no me hubiese atrevido a dar un paso.

No tuve más remedio que declararme totalmente convencido. Una sensación intolerable, que ahora mismo no me atrevo a evocar, había hecho presa de mí.

Henri Michaux
No. 59, Junio-Julio 1973
Tomo X – Año IX
Pág. 748

Noche de bodas

59 top
Si al entrar en vuestra casa el día de vuestra boda ponéis a vuestra mujer en remojo en un pozo y la dejáis en él durante toda la noche, la encontrareis atolondrada. Nada le valdrá el haber tenido siempre una vaga inquietud…

“¡Vaya, vaya!”

“¡Vaya, vaya”! dirá luego, ¿es eso el casamiento? ¿Esta es la razón por la cual se mantenía tan secreta su práctica? ¡Cómo he caído en la trampa!”

Pero, sintiéndose vejada, no dirá nada. Razón para que podáis sumergirla largamente y muchas veces, sin provocar ningún escándalo en la vecindad.

Si ella no comprendiera la primera vez, poca probabilidad tendrá de comprender ulteriormente, lo cual os proporcionará la suerte de poder continuar esa práctica sin incidentes (excepto la bronquitis), siempre que eso os interese.

En cuanto a mí, que experimento siempre más malestar en el cuerpo de los otros que en el mío propio, he debido renunciar a ella rápidamente.

Henri Michaux
No. 59, Junio-Julio 1973
Tomo X – Año IX
Pág. 742

Un hombre apacible

59 top
Extendiendo las manos fuera del lecho, Pluma se extrañó de no encontrar la pared. “Bueno, pensó, las hormigas se las habrán comido”… y se volvió a dormir.

Poco tiempo más tarde su mujer lo tomó entre sus manos y lo sacudió: “Mira haragán, le dijo, mientras tú dormías, nos han robado la casa”. En efecto, un cielo intacto extendíase por todos los costados. “Bah, respondió aquel, es cosa hecha”.

Poco después se oyó un ruido. Era un tren que se les venía encima a toda velocidad. “Por lo apurado que viene, pensó, llegará seguramente antes que nosotros”, y se volvió a dormir.

De pronto el frío lo despertó. Estaba todo bañado en sangre. Algunos trozos yacían junto a él. “Con la sangre, pensó, siempre surgen infinidad de contrariedades; si ese tren no hubiera pasado, quizá fuese dichoso. Pero ya que ha pasado…” y se volvió a dormir.

—Veamos —decía el juez—, cómo explica usted que su mujer se haya herido al punto de haberla encontrado seccionada en ocho trozos, sin que usted, que estaba a su lado, haya podido hacer un gesto para impedirlo, y sin haberse dado cuenta de ello. He ahí el misterio. Todo el asunto reside en esto.

“Sobre esa pista, no puedo ayudarlo”, pensó Pluma y se volvió a dormir.

—La ejecución tendrá lugar mañana. Acusado, ¿tiene usted algo que agregar?

—Excúseme usted —dijo—, no he seguido el desarrollo del proceso. Y se volvió a dormir.

Henri Michaux
No. 59, Junio-Julio 1973
Tomo X – Año IX
Pág. 741

La simplicidad

59 top

Lo que ha faltado sobre todo hasta el presente a mi vida, ha sido simplicidad. Poco a poco comienzo a cambiar.

Ahora, por ejemplo, siempre que salgo, llevo mi cama conmigo, y cuando una mujer me agrada, la tomo y me acuesto con ella al instante.

Si sus orejas o su nariz son feas y grandes, se las quito juntamente con la ropa y las pongo debajo de la cama. Allí las encontrará ella al partir. Sólo guardo lo que me agrada.

Si su ropa interior ganara al ser cambiada, la cambio en seguida. Ese será mi regalo. Si entretanto veo a otra mujer más agradable que pasa, me excuso ante la primera y la hago desaparecer inmediatamente.

Personas que me conocen sostienen que no soy capaz de hacer eso que digo; que no tengo suficiente temperamento para ello. Yo también lo creía así, pero era porque no hacía todo como se me antojaba.

Ahora, paso siempre muy lindas tardes. (Por la mañana trabajo).

Henri Michaux
No. 59, Junio-Julio 1973
Tomo X – Año IX
Pág. 735

Hindú

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Gautama, que es un espíritu contemplativo, expresa así su primera iluminación:

De la ignorancia vienen los Sankharas.

De los Sankharas viene la conciencia.

De la conciencia viene el número y la forma.

Del número y forma vienen las seis provincias
.
De las seis provincias viene el contacto.

Del contacto viene la sensación.

De la sensación viene la sed.

De la sed viene el apego.

Del apego viene la existencia.

De la existencia viene el nacimiento.

Del nacimiento vienen la vejez, la muerte, la pena, los lamentos, el dolor, el abatimiento, la desesperación.

Henri Michaux
No. 32, Septiembre 1968
Tomo V – Año V
Pág. 804

En Bali

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Los holandeses están encantados de poseer una isla donde las mujeres llevan el pecho desnudo. Por eso han prohibido la entrada en la isla a los misioneros, que hubieran acabado muy pronto con los pechos al aire y con el interés turístico de la isla.

(Si entra alguno, es secretamente, con el más riguroso incógnito y con pasaporte falso, como un comunista ruso.)

Henri Michaux
No. 32, Septiembre 1968
Tomo V – Año V
Pág. 741

Peligrosas

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Era del tipo de esas tibetanas a la antigua que se casaban hasta con cinco hombres (a la vez, naturalmente) y que sin duda los tenía en línea, y hasta los ponía en penitencia.

He visto a una de esas mujeres, manejando el dinero y dando órdenes, sargentona entre mocetones recios y dóciles de 1.80 m.

Henri Michaux
No. 32, Septiembre 1968
Tomo V – Año V
Pág. 725

En el lecho

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La enfermedad que tengo me condena a la inmovilidad absoluta en el lecho. Cuando mi malestar adquiere proporciones excesivas que van a desequilibrarme, he aquí lo que hago: aplasto mi cráneo y lo extiendo ante mí, lo más lejos posible, y cuando está bien aplanado, saco mi caballería. Los cascos golpean fuerte sobre ese suelo firme y amarillento. Los escuadrones toman inmediatamente el trote, y piafan y cocean. Y ese ruido, ese ritmo claro y múltiple, ese ardor que respira el combate y la Victoria, encantan el alma del que está clavado al lecho y no puede hacer ni un movimiento.

Henri Michaux
No. 37, Julio-Agosto 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 542

Los ecalitos


Nunca he sabido si era debido a una enfermedad o a una simple disposición natural. El cuerpo de los ecalitos, por poco que les rocen, enrojece (menos las manos y los pies).

La señal les dura una hora, a veces mucho más.

Los cazadores que vuelven del bosque parecen flores, hojas, semillas.

El cuerpo de las mujeres es nacarado, rosa, con reflejos admirables.

No me cansaba de estampar, con el pulgar y los dedos, figuras rosadas y otros cuerpos rosados de hadas y de muñecas. Gracias a ese pequeño talento, ellas me amaban. Les gustaba, sumisas y traviesas, abandonarse entre mis dedos.

Henri Michaux
No. 93, Mayo-Junio 1985
Tomo XVI – Año XX
Pág. 619