La visita

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Estaba seguro que la cita era para esa tarde. Lo que me preocupaba era cierta confusión sobre la hora y el lugar en que debería efectuarse. Algo me indujo a creer que sería a las cinco y en su casa, pero al pensar en esto recordé que mi amigo no me había dado su dirección. Es más, ni siquiera conocía su nombre aunque de manera vaga adiviné que tenía una sonoridad semejante a la del mío. En fin, ansioso por estar con él, con mi nuevo amigo, con el mejor amigo que había tenido, ansioso de poder conversar abiertamente por primera vez en muchos años; deseoso de tomar café y fumar y platicar de miles de cosas con el sencillo propósito de ir indagando en cada gesto y en cada sílaba las características del amigo. Ansioso de todo esto, repito por cuarta vez salí de mi casa a las cuatro dejando a mi buena suerte el conducirme a cada. Vagué y vagué durante una hora y, desalentando, dudando del encuentro que había tenido anteriormente, me vi de pronto en el punto de partida. A mí mismo me exasperaba el deseo de estar tocando el otro timbre, su timbre. Salió a abrir mi madre y, mitad en serio y mitad en guasa, me dijo como reproche:

—¿Por qué tan ceremoniosamente puntual? Mi hijo ha estado esperándolo toda la mañana. Pero pase usted, tenga la bondad…

José Joaquín Blanco
No. 57, Febrero-Marzo- 1973
Tomo IX – Año IX
Pág. 535

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Los peces

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Muerto, como los peces, bogo entre prismas de aguacristal, entre multitud de anhelos fosilizados en su flujo fingido.

¿Solamente un pez, ahora, al final de los tiempos, en la turbiedad profunda de un océano? ¿Sólo un descendiente de la comunidad marina sin mayor función que el movimiento? Sueño diariamente con el pescador y en mi boca hay ansias vivas. Fluyen recuerdos de mis antepasados, la brisa parece milenaria.

¿Parece? Yo mismo, el que soy, recuerdo haberla escuchado desde siempre. ¿Soy? ¿Un ser sin muerte y sin principio y sin creador?
Sucede que he querido quedarme solo para identificarme y no basta un espejo para sentirse uno pez… Tendré que dejarme conducir por la corriente. ¿No seré yo mismo la corriente?

José Joaquín Blanco
No. 57, Febrero-Marzo- 1973
Tomo IX – Año IX
Pág. 509

El triunfo

1 ya no recordaba el motivo de su odio. Llevaba toda una eternidad persiguiendo a 2 por el laberinto de cristales. Era esa una tarea muy cruel: cuando pensaba que ahora si lo tenía a su alcance se topaba con una engañosa pared de vidrio y tenía que soportar las carcajadas de 2 agigantadas por el eco. Cuando lo atrapara lo iba a hacer pedacitos, poco a poco, hasta matarlo. Y un buen día 1 hizo correr a 2 a una celda que no tenía escapatoria. 2 casi se sintió contento cuando vio que 1 metía la mano a la bolsa del pantalón, la sacaba y la daga implacable brotaba de su puño como una víbora. Para 1 fue diferente: comprendió que el perseguir a 2 había extirpado todos sus ideales y al matarlo su vida ya no tendría razón de ser. Avanzó y cuando sólo lo separaban de 2 unos cuantos centímetros fingió toparse con una pared de vidrio. Pateó y golpeó al aire, se injurió a sí mismo y soportó con una mueca terrible las burlas de 2. Pero 2 se fue poniendo pálido al comprender que había caído en una trampa, que una cortina de cristal formaba un cuadrángulo perfecto y que había quedado encerrado por cuatro paredes. Ese fue el triunfo de 1, quien se pasó todo el resto de la eternidad gozando de la angustia de su enemigo.

José Joaquín Blanco
No. 37, Julio-Agosto 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 564

José Joaquín Blanco

José Joaquín Blanco

José Joaquín Blanco

Nació el 19 de marzo de 1951 en la Ciudad de México. Poeta, narrador, ensayista y traductor. Estudió la licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas en la UNAM. En 1969 obtuvo el tercer lugar en el segundo concurso de la revista Punto de Partida, por su cuento La búsqueda. De 1972 a 1987 fue colaborador y redactor del suplemento cultural de la revista Siempre!, e investigador en el Departamento de Investigaciones Históricas del INAH. En 1973 fue merecedor del Premio Diana Moreno Toscano y se convirtió en becario del Centro Mexicano de Escritores. En 1977 participó en la fundación de la revista Nexos. Fue jefe de redacción de la Revista de la Universidad. El 1 de junio de 1979 se inscribió a la SOGEM (Sociedad General de Escritores de México). En 1984 participó en la fundación del periódico La Jornada.

De 1984 a 1990 colaboró como guionista con el cineasta Paul Leduc en las películas: Frida, naturaleza viva, ¿Cómo ves?, Barroco, Latino Bar, Dollar Mambo. En 1985 obtuvo un Ariel por Frida naturaleza viva, en el renglón de Mejor Guión Cinematográfico. A través de la cadena Notimex, colaboró simultáneamente con más de 50 periódicos y revistas de provincia. De 1993 a 1995 codirige, con Manuel Fernández Perera, la revista trimestral La iguana del Ojete. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores del Arte (SNCA) desde 1997.

Ha colaborado en Despertar Universitario, Punto de Partida, El Cuento, Estilos, Comunidad Latina de Escritores, Revista de América, Nuestro Sistema Bancomer, Antología del cuento breve en México en el siglo XX, México en la cultura, Nexos, El Universal, El Nacional, La Jornada, Unomásuno, Letras Potosinas, Crónica y en la Agencia Mexicana de Notimex.

Ha escrito crónica: Cuando todas las chamacas se pusieron medias nylon (1987), Un chavo bien helado. Crónicas de los años ochenta (1990), Ciudad de México, espejos del siglo XXI (1999). Cuento: Otra vez en la playa (1970). Ensayo: Cultura y dependencia (1976), Se llamaba Vasconcelos (1977), Función de medianoche. Ensayos de literatura cotidiana (1981), Mariano Azuela: una crítica de la Revolución Mexicana (1982), Las intensidades corrosivas. Ensayos de literatura mexicana (1990), Sentido contrario (1993), El lector novohispano una antología de la literatura colonial (1996), Pastor y ninfa. Ensayos de literatura moderna (1998). Novela: La vida es larga y además no importa (1973), Las púberes canéforas (1984), Calles como incendios (1985), Mátame y verás (1994), Garañón de la luna (1995). Poesía: Andamios del día, en crónica de viaje (1975), La siesta del parque (1982), Poemas escogidos (1984), Elegías (1992). Teatro: La generosidad de los extraños (1990), El castigador (1993)[1].

El otro infierno

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Cuando Teresa y yo llegamos al infierno. Minos se ciñó dos veces el cuerpo con su capa y nos mandó a ese círculo que se ha hecho famoso por la historia Francesa de Rímini y Paolo Malatesta. ¡Imposible soñar paraíso semejante! Desde que llegamos se dejó sentir el impulso afrodisíaco de las llamas y nos entregamos a una lujuria insistente. No tardamos mucho en contagiar a los demás condenados y así el Segundo Círculo del infierno se convirtió de pronto en escenario de increíbles orgías. Como es de suponerse, el Señor se enteró en el acto y cambió nuestra sentencia; desde entonces estamos en el paraíso, colocados a insalvable distancia, confundidos por los coros angélicos, purificados los dos de tal manera que parecemos creaciones de Botticelli, contemplándonos, solamente, contemplándonos, mientras todo el cielo tiembla y se desbarata como flamita nerviosa de cirio pascual ante las notas triunfales del tedéum.

José Joaquín Blanco
No. 65, Junio-Julio 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 607