Variación III Bella durmiente

Inmediatamente después de pincharse el dedo con la rueca, la princesa cayó al suelo roncando sonoramente. El hada mala y un hombrecito de gorro rojo salieron de entre las cortinas —aquí tienes, buen trabajo— dijo el chaparro y le entregó al hada un cofre repleto de diamantes. Así, Aurora se convirtió en el segundo ejemplar de la creciente colección de los siete enanos.

Arturo Castrejón
No. 135, Abril-Junio 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 53

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Variación II Bella durmiente

Aún después de haber dormido cien años, la princesa Aurora despertó cansada. Se frotó con fruición los ojos para asegurarse de estar despierta, luego caminó hasta el espejo: sólo un hilito de baba seca perturbaba su belleza. Le extrañó no ver al príncipe en la habitación. Recorrió todos los salones vacíos gritando —¡Felipe!— pero no había nadie que la escuchara. Por fin subió a una torre, y desde allí pudo ver a lo lejos el resplandor de una armadura, y en su interior un esqueleto, atravesado por las espinas de un infinito cerco de zarzas.

Arturo Castrejón
No. 135, Abril-Junio 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 47

Arturo Castrejón

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Arturo Castrejón 

Inició su formación literaria como miembro del Taller Literario Juvenil del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas coordinado por José Luis Velarde entre 1993 y 1998.

Ha asistido a encuentros, cursos y talleres con escritores como Juan Antonio Ascencio, Daniel Sada, Silvia Molina, Elena Poniatowska y Xavier Velasco, entre otros.

Actualmente asiste al Diplomado en Preceptiva Literaria / Elementos inamovibles en la creación literaria; impartido por José Luis Velarde, mediante el Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes.

Publicaciones

Publicó narraciones cortas dentro de la plaquette colectiva “Se murió Minineitor” del Taller Literario del CECAT en 1996.

En 1997 el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas publicó su libro de cuentos “La pared de mármol” dentro de la Colección “Letras en el borde”.

En 2003 fue antologado en el libro de poesía “Cuando la Soledad Sangra” publicado por el Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, dentro de la Colección Milenaria.

Ha publicado en las revistas literarias “A Quien Corresponda”, “El cuento, de Edmundo Valadéz”, “Revista Universitaria UAT” y en “Tierra Adentro” del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

Reconocimientos

Mención Honorífica en el concurso de cuento y poesía Juan José Amador 1998 de la UAT en el género de cuento.

Primer Lugar en el concurso estatal de cuento “Juan José Amador” de la Universidad Autónoma de Tamaulipas en el año 2000.

Mención Honorífica en el concurso estatal juvenil del Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes 2001, en el género de poesía.

Becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Tamaulipas para la convocatoria 2003 en la categoría de Jóvenes creadores.

Representó a Tamaulipas en el III Encuentro Nacional de Escritores en 2003.

Jurado en el Concurso Estatal Infantil de Cuento y Poesía 2006 convocado por el Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes.

Recibió en 2010 la Medalla Alfonso Caso de la Universidad Nacional Autónoma de México[1].

Breve historia del caos

En el génesis primordial, al inicio del movimiento y la energía, antes del pasado, surgió el caos como consecuencia lógica del recién establecido orden.
El caos, novel en su labor, dedicó todas sus fuerzas a tergiversar la estructura del universo, aferrado a la idea de engullirlo en su totalidad. Lo mismo le preocupó alterar un átomo que desintegrar galaxias. Así, incontrolables e ilógicos, transcurrieron millones de años.
Para el caos era difícil mantener su ritmo de trabajo, ya que el orden, con lentitud y parsimonia, arreglaba cuanto había por arreglar. En los milenios subsecuentes la actividad caótica fue en descenso, hasta casi desaparecer por completo.
Durante ese lapso de la eternidad, el caos ha desarrollado un ambicioso plan para controlar el todo. Ha decidido que para alcanzar su objetivo, debe desplazarse cuidados, ordenadamente. Sólo entonces podrá dar un giro definitivo a las cosas.

Arturo Castrejón
No. 135, Abril-Junio 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 35