Reanudación del ciclo

Muerte total acaba de coronar el odio de siglos.
En una de las ruinas se han concentrado los fundadores del Averno: —deforme conjunto de alas, cuernos, colas y pezuñas. Ahí, una voz llena la atmósfera:

—Felicítoos, que al mundo cubrió el fuego. Otra misión os aguarda. Nuestro supremo adversario ya creó una pareja: regresarán las sociedades. Repetiréis lo logrado en Ur, Palenque, Mohenjo Daro y Nueva York. Difundiréis el mal. Proseguiréis el trabajo.

Metamorfosis: los demonios tornándose rudos hombres de ambos sexos, toscamente ataviados, quienes se disgregan con un grito en las bocas.

—¡A proseguir el trabajo!

¿Cederán los nuevos entes al ataque diabólico?

Arturo César Rojas Hernández
No. 48, Septiembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 304

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Siete pedruzcos

—¿Soy acaso la última de los humanos? ¿Qué significa la supervivencia para una ciega nonagenaria? ¡Quiero morir!

Una voz, preludiada por truenos, hace acto de imposición:

—¡Vives para sembrar la simiente de los nuevos hombres!

—¿Eres Dios o el Diablo?

—Sólo te importa que morirás si me obedeces. Coge siete guijarros y aviéntales.

Reptando, la vieja toma y avienta siete piedrecitas, que ya en el suelo serán envueltas por la arena que mueve el viento. La voz proclama:

—¡Los hombres fueron animales, mas ahora han de germinar de las piedras!

Arturo César Rojas Hernández
No. 48, Septiembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 285