William Saroyan

William Saroyan

William Saroyan

(Fresno, California, 31 de agosto de 1908 – íd., 18 de mayo de 1981)

Fue un escritor armenio-estadounidense que escribió numerosas obras y cuentos cuyos temas giraban en torno a los primeros años de vida de un hijo de inmigrantes pobres armenios, retratando el universo provinciano del oeste de los Estados Unidos. Sus historias fueron muy populares durante los años de la Gran Depresión.

William Saroyan nació en Fresno, California, en los Estados Unidos de América, hijo de un inmigrante armenio, propietario de un viñedo y educado como ministro presbiteriano. Su padre, tras haber emigrado a Nueva Jersey para trabajar en el campo, muere en 1911 a causa de una peritonitis, por lo cual William y sus hermanos pasaron a un orfanato en Alameda. Seis años más tarde la familia se reunió con la madre en Fresno. En 1921, William asiste la escuela técnica para aprender mecanografía y a los quince años abandona los estudios. Tras ver algunos escritos de su padre que su madre le muestra, William decide convertirse en escritor. Logra continuar los estudios con sus propios recursos, obtenidos penosamente de diversos empleos ocasionales y del más estable que tuvo en la Compañía de Telégrafos de San Francisco, donde trabajó como administrador. Algunos de sus primeros artículos fueron publicados en The Overland Monthly y sus primeros cuentos aparecieron en la década de 1930, entre ellos “La rueda descompuesta” (The Broken Wheel), escrito bajo el seudónimo de Sirak Goryan y publicado en el periódico armenio Hairenik, en 1933. En febrero de 1934 empezó su meteórica carrera literaria al vender el relato “El atrevido joven del trapecio volante” a la revista Story. Convertido de la noche a la mañana en uno de los escritores más populares de América, probó suerte en el teatro en 1939 y al año siguiente ganó el Premio Pulitzer, que rechazó por principios. Su primera novela larga, La comedia humana, fue adaptada al cine, lo que le reportó sesenta mil dólares de la época, que repartió generosamente entre amigos y parientes.

Muchas de sus historias se fundaban en experiencias de la infancia entre los agricultores armenio-americanos del Valle de San Joaquín, o trataban el tema del desarraigo del inmigrante y el más general de la condición humana, siempre desde un punto de vista muy cervantino. El libro Me llamo Aram (1940), colección de historias acerca del pequeño Aram Garoghlanian y su familia inmigrante, compuesto de pintorescos personajes, lo consagra como un gran maestro de la narrativa norteamericana contemporánea y un escritor con una sensibilidad poco común para revelar la sustancia íntima de que está formada la vida corriente de todo ser humano[1].

 

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/William_Saroyan

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Common prayer (liturgia de la Iglesia Anglicana)

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Las llanuras, Señor, todo el silencio del ánimo, los corredores perdidos, las columnas, los lugares por donde hemos caminado, las caras que hemos contemplado, y el canto de los niños. Pero por sobre todo los jeroglíficos, la santidad, la imagen de piedra, la línea sencilla, nuestro lenguaje, la curva articulada, la hoja, por ejemplo, el sueño y la sonrisa, la caída de la mano, el toque de miembros, el amor a los universos, ningún temor a la muerte y algún ansia. Sí, y la luz, nuestro sol, Señor, y el sol de los hombres desconocidos, las mañanas perdidas en tiempos de gigantes y pigmeos en todas partes, un hombre llamado Bach, otro conocido por Cezanne y otros anónimos, las multitudes se funden en una masa anónima, nuestro rostro, la mañana de ignorados tumultos, nuestra forma, la estatura, los hombres que caminan en la luz en varios sitios, Asia para empezar, Europa, África y, a través del mar fluido y generoso, el Atlántico, rumbo al oeste y hacia este lugar, América, y la marcha de los soldados de marina, y los gastos del pálido Wilson, libertad para lituania, ¡salud, Polonia! Y los condados de Texas, (o distritos) dulces melones y pobreza, nuestro agradecimiento, Señor. Y en cuanto a números, de manera que pueda quedar registrado nuestro dolor, uno para la pena, dos para el dolor, tres para la locura y mil, diez mil, y toda una eternidad, años alegres, la barba de Darwin, digamos, asumamos realidades numéricas, la riqueza de Ford, la de Mellon, la popbreza de —pensemos en un digno nombre—Pound, o digamos del joven desconocido y anónimo de Clay Country, Iowa, sentado solo, escribiendo relatos para Dios y el “Saturday Evening Post:” esa es la idea, el anonimato del horror, la soledad, esperando la fama y una breve nota, tú, el nombre, hijo mío, eres famoso, un cuento en el “Post”, muchas gracias, Señor.

William Saroyan
No. 25, Agosto 1967
Tomo IV – Año IV
Pág. 636