Alberto Savinio

Alberto Savinio

Alberto Savinio

(Andrea de Chirico, Atenas, 1891-Roma, 1952)

Escritor italiano. Hermano menor del pintor Giorgio de Chirico. Estudió composición musical con M. Reger en Berlín, antes de marchar a París, donde fue amigo de Apollinaire y colaborador de Soirées de Paris. En 1914 publicó en francés el poema Cantos de la media muerte. Durante la I Guerra Mundial, luchó en el frente de los Balcanes. Con posterioridad, residió en Milán y en Roma, donde fue miembro del grupo neoclásico La Ronda. De 1925 a 1934 residió de nuevo en París y luego se instaló de modo definitivo en Italia. Su obra literaria empieza a ser reconocida como una de las más originales de su país. Son notables las novelas Hermaphrodita (1918), La casa inspirada (1925) y La infancia de Nivasio Dolcemare(1941), los relatos de Aquiles enamorado (1938), Toda la vida (1945) y El señor Dido (1978) y los ensayosMaupassant y «el Otro» (1960) y Nueva enciclopedia(1977)[1].

 

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El ojo de Napoleón

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Cuando Napoleón el tuerto murió, nadie pensó en volver a colocarle el ojo de cristal, y éste quedó sobre la mesita de noche, en un vaso, sumergido en un poco de agua.

Napoleón fue llevado al cementerio y enterrado en la tumba de la familia.

Esa misma noche, el ojo de Napoleón, desde la mesita al lado de la cama, desde su vaso y su agua, vio el lecho conyugal profanado por caballero Stanislas, su amigo de toda la vida y socio en los negocios; y reconoció en el rostro de su viuda aquella expresión entre el éxtasis y la agonía a la que sólo él había creído tener derecho.

Entonces el ojo de Napoleón, reuniendo las pocas fuerzas de que puede disponer un ojo de cristal, saltó fuera del vaso, rebotó sobre la mesita de noche, atravesó la habitación como un cohete y, chocando con su dureza contra la dureza mayor de la pared, se deshizo y cayó al suelo en lluvia cristalina.

Alberto Savinio
No. 114-115, Abril-Septiembre 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 279

Juan Ramón Jiménez

Juan Ramón Jiménez

Juan Ramón Jiménez

(1881-1959)

Poeta español y premio Nobel de Literatura. Nació en Moguer (Huelva), y estudió en la Universidad de Sevilla. Los poemas de Rubén Darío, el miembro más destacado del modernismo en la poesía española, le conmovieron especialmente en su juventud. También sería importante la lectura de los simbolistas franceses, que acentuaron su inclinación hacia la melancolía. En 1900 publicó sus dos primeros libros de textos: Ninfeas y Almas de violeta. Poco después se instalaría en Madrid, haciendo varios viajes a Francia y luego a Estados Unidos, donde se casó con la que ya sería su compañera ejemplar de toda la vida, Zenobia Camprubí. En 1936, al estallar la Guerra Civil española se vio obligado a abandonar España. Estados Unidos, Cuba y Puerto Rico, fueron sus sucesivos lugares de residencia. Moriría en este último país, donde recibió ya casi moribundo la noticia de la concesión del Premio Nobel.

La obra poética de Juan Ramón Jiménez es muy numerosa, con libros que a lo largo de su vida, en un afán constante de superación, fue repudiando o de los que salvaba algún poema, casi siempre retocado en sus sucesivas selecciones. Las principales son Poesías escogidas (1917), Segunda antología poética (1922), Canción (1936) y Tercera antología (1957). La influencia del modernismo se percibe en sus primeros libros, aunque su mundo poético pronto apunta, como el de Bécquer, hacia lo inefable, con unos poemas hechos a partir de sensaciones refinadas por la espiritualidad, y de sutiles estados líricos, con un lenguaje musical.

Pero el arte de Juan Ramón Jiménez se hace independiente de cualquier escuela, aunque el simbolismo, ya totalmente asumido, siga influyendo en su poesía casi hasta el final. Con el paso de los años su estilo se hace cada vez más depurado, siempre en busca de la belleza absoluta, de la poesía y del espíritu que él intenta fundir con su lirismo esencial interior, sin dejar de ser al mismo tiempo metafísico y abstracto, como se aprecia en Baladas de Primavera (1910) o La soledad sonora (1911). Diario de un poeta recién casado (1917), escrito básicamente durante su viaje a Estados Unidos, donde conoció y se casó con Zenobia, es uno de los grandes libros de la poesía española.  Contiene ritmos inspirados por el latir del mar, verso libre, prosa, sugerencias humorísticas e irónicas. El libro supone un canto a la mujer, el mundo marino y Estados Unidos. Siguen Eternidades (1918), Piedra y cielo (1919) y uno de los puntos más altos de su poesía, Estación  total, un libro escrito entre 1923 y 1936, aunque no se publique hasta 1946. La identificación del poeta con la belleza, con la plenitud de lo real, con el mundo, es casi absoluta. La palabra aúna abstracción y realidad, y el poeta se convierte en -total- -concepto ya utilizado por Juan Ramón Jiménez-, y que significa -lo universal-. Poeta total, es para él, por tanto, aquel que logra la comunión con el universo, conservando, sin embargo, su voz personal.

Los escritos en prosa que formarían posteriormente la vasta galería Españoles de tres mundos (1942) empezaron a publicarse en diarios y revistas en los años  inmediatamente anteriores a su exilio. Otro libro suyo escrito en prosa poética -y al que le debe gran parte de su fama universal- es Platero y yo (1917), donde funde fantasía y realismo en las relaciones de un hombre y su asno. Es el libro español traducido a más lenguas del mundo, junto con Don Quijote de Miguel de Cervantes. Escribió ya en América los Romances de Coral Gables (1948) y Animal de fondo (1949). Con ellos y el poema ‘Espacio’, Juan Ramón Jiménez alcanza lo que se ha llamado su -tercera plenitud- determinada por el contacto directo con el mar. En Animal de fondo el símbolo lo expresa con un lenguaje próximo a una religiosidad inmanente y panteísta. La poesía antes que palabra es conciencia; inteligencia que permite al poeta nombrar. El tiempo acaba fundiéndose con el  espacio. El poeta simbolista y romántico, metafísico después y puro-que configuran al Juan Ramón Jiménez más hondo e intenso-, se revela finalmente como un visionario y metafísico que mantiene una alta tensión poética a partir de iluminaciones nacidas en lo profundo de su sensibilidad[1].

El destinado

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Está en su cuarto vistiéndose, con los minutos contados, para su entierro.

Entre pantalón y zapatos, corbata y chaleco, le tientan y le sientan pensamientos generales, con una exigencia mayor que la otra prisa. Pero ha visto en una puerta un clavo a medio salir, derecho, brillante, justo, perfecto, atractivo de clavar, innecesario de clavar. Y tiene a mano la percha de su americana, martillo de madera tan a propósito para clavar el clavo tentador. Deja el entierro, demora los pensamientos generales, coge la percha y se pone a clavar con esmero lento el clavo.

Juan Ramón Jiménez
No. 114-115, Abril-Septiembre 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 269