La espera

El aguacero se desgajó como la ramazón de un guanacaste recio. En el camino quedaron dos manchas: Pedro José y el caballo. Dos charcos de sangre regados por el rayo, que el agua, cayendo en estrellas, dispersó en el monte.

María Luisa había puesto condiciones: esperaría hasta las tres. Si no, se iría con Juan Manuel.

Era mucho: Pedro José se comprometía y no llegaba. La borrachera lo retenía siempre.

De lejos se vino el eco del campanario: tres perdigones tirados por honda a la distancia.

Y María Luisa se fue.

Francisco Zúñiga Díaz
No. 43, Junio 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 547

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Infinitud

Doctor, anoche soñé que estaba con mi analista y le contaba un sueño en el que yo le decía a usted que había soñado con mi analista…, pero lo que más me angustia es que cuando despierte, tendré que contarle a mi analista que soñé con usted.

Felipe de la Lama
No. 43, Junio 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 541

… de Carlos María Federici

¡Muchas gracias por el recuerdo! Conservo los ejemplares de la gran revista de Edmundo Valadés que albergaron mis minificciones, pero siempre me ha quedado la frustración de no haber visto allí publicados algunos de mis relatos más extensos (de seis páginas, por lo menos)… Lo cual no menoscaba en nada mi gratitud hacia don Edmundo, que supo dar oportunidad a tantos novatos (yo lo fui por entonces) codo a codo con verdaderas lumbreras de la pluma.
¡Una gran satisfacción el haber encontrado esta página! ¡Gracias de nuevo!
C.M. Federici

Carlos María Federici

 

 

 

Lo cierto es que fue una verdadera sorpresa para mí este maravilloso “blog” evocativo, que encontré casualmente, porque me “picó la curiosidad” el ver, entre las “Imágenes” de “Google” referidas a mi persona, una de Ana María Shua. Le di un “click” y así fue como llegué aquí. Lo que sí, hubo varios minicuentos más publicados en la revsita, y sería para mí una satifacción hacérselos llegar. Sólo indíquenme cómo proceder. Y gracias otra vez. Si desean actualizarse un poco más en cuanto mis producciones, en la siguiente página encontrarán varios relatos, de diversos géneros y extensión, la mayoría de los cuales se publicaron a lo largo de mi trayectoria, que se extendió entre los años 1961 y 2000. Hoy por hoy ando un poco “retirado”, pero siempre con ganas de difundir mis cuentos.
La URL es: http://urumelb.tripod.com/autores/fedirici/index.htm
¡Muchos saludos desde Montevideo!…

Espiral

¡Y desde ayer me ando riendo solo! ¿Yo cómo iba a saberlo? Me puso el paquete en las manos; y antes que yo pudiera decir nada se bajó del camión. Yo no sabía ni qué pensar, me dije: “¿Y qué tal si es una contrabandista?”. Volteaba para todos lados temiendo que alguien me pescara del hombro con el consabido: “¡Jálele!”. Pero nadie se me acercó. Unas cuadras después, y habiéndole dado muchas vueltas al asunto decidí dejar el paquetito, “olvidándolo” en el asiento y me bajé corriendo.

—Bueno, mañana me terminas de contar, mano. Yo bajo en esta… ¡Toma…!
Y sin dar tiempo siquiera, se baja de un brinco dejándome otra vez ensartado con el cabrón paquetito…

Guillermo Sierra Espinosa
No. 43, Junio 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 521

Robots orientales


Junto a las paredes de la sala había una fila de estatuas vestidas como personas y que movían los brazos y las piernas de un modo asombroso, y en su interior tenían un mecanismo que les hacía cantar y bailar como verdaderos hijos de Adán.

Anónimo (En Las mil y una noches)
No. 43, Junio 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 519