La vida de una mujer occidental en el siglo XXI


Despertar después de un tranquilo sueño estimulado por un proyector de imágenes beautyful-dreams;

desayuno preparado por una cocinera mecánica, programada para utilizar extractor de jugos, cafetera y sandwichera;

limpieza de la casa: una palanca pone en movimiento a los aparatos que aspiran el polvo y realizan el aseo;

una máquina recoge la ropa sucia y la lleva hasta la lavadora y la planchadora automáticas;

el viaje a la oficina es en un autogiro alimentado por energía solar, conducido por un robot;

al regreso del trabajo la comida está lista en un horno de microondas computarizado;

para distraerse en la tarde, un film en la videocassettera;

va a la cama, allí aguarda su marido inerte, le oprime un botón rojo que indica hacer el amor;

finalmente pone el despertador de música electrónica para el siguiente día recomenzar la rutina.

Rene Avilés Fabila
No. 116, Octubre – Diciembre 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 368

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El doble


El elegante señor Pelham combatía contra un doble infernal, un ser maligno que tomaba su forma, imitaba su lenguaje, adoptaba sus costumbres, lo sustituía en actos públicos, en todos los lugares, incluso en su domicilio. Deseando suprimir a ese reflejo suyo, el señor Pelham decidió un día realizar un acto anormal, que rompiera con la rutina de sus costumbres y fuera al mismo tiempo tan menor que pudiera escapar a la sagacidad sobrenatural del doble. Compró una corbata chillona, de diseño y colores atroces, se la anudó valientemente y entró en su propia casa, donde sabía que lo esperaba el doble sin esa horrible corbata de la que no podría haber otro ejemplar. Este iba a ser el triunfo del atribulado señor Pelham. La confrontación entre los dos adversarios ocurrió ante el mayordomo del señor Pelham, un hombre que lo había servido cerca de treinta años, y que, desconcertado, no acertaba a distinguir quién era el amo falso y quién el verdadero. Entonces el impostor asestó un argumento aplastante, en la forma de esta pregunta dirigida al sirviente:

—¿Me has visto alguna vez, James, llevar una corbata tan vulgar?

Anthony Armstrong (Versión resumida por José de la Colina)
No. 116, Octubre – Diciembre 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 366

Las metamorfosis


Pigmalión, gran escultor de Chipre, creo una estatua más bella que todas las mujeres y todas las obras de arte. La llamó Galatea. Apasionado, la besaba y acariciaba. Galatea no respondía a su creador. En su desesperación Pigmalión rogó a Venus que le diera vida a la estatua. Galatea al fin cedió a sus caricias. Durante unos meses todo fue pasión y placer. Luego empezó la discordia. Llegaron los celos, el egoísmo, los rencores. Pigmalión y Galatea acabaron por separarse. Ahora se odian y cuando se encuentran en algún lado no se dirigen la palabra.

José Emilio Pacheco
No. 116, Octubre – Diciembre 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 363

Guillermo Samperio

Guillermo Samperio

(Ciudad de México, 22 de octubre de 1948)

Es un escritor mexicano, ha publicado más de veinticinco libros en su carrera entre los cuales destacan cuento, novela, ensayo, literatura infantil, poesía y crónica. Desde hace más de veinte años ha impartido talleres literarios en México y el extranjero. Ha sido incluido en múltiples antologías del país y del extranjero, ha sido traducido a varias lenguas, compartiendo antologías con Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Guillermo Cabrera Infante, Miguel Ángel Asturias, Álvaro Mutis, Gabriel García Márquez, Cristina Peri Rossi, Carlos Drummond de Andrade, Eduardo Galeano, Antonio Skármeta, Luisa Valenzuela, entre otros escritores de alto nivel. En la actualidad después de Julio Torri, Ramón Gómez dela Serna y Juan José Arreola, es considerado el mejor cuentista mexicano vivo y reactivador de la microficción.

Es hijo de William Samperio Ruíz, músico y miembro del Trío Tamaulipeco de los Hnos. Samperio, además de director de la disqueras Orfeón y Dimsa. Desde niño tuvo contacto artístico por influencia de su padre, pues en casa se escuchó música popular y de distintos lugares del mundo. Cerca de su casa vivía su Tío Luis Burgos, barítono y pintor, y fue quien que lo acercó a las bellas artes como la ópera, la pintura y por supuesto la literatura.

En 1969 se incorporó a los talleres creados por Juan José Arreola en el Casco de Santo Tomás del IPN; impartido por Andrés González Pagés. Durante 3 o 4 años escribió una veintena de pequeñas historias y se retiró del taller llamado por la política de izquierda, casi abandonando la literatura. Un año después, el Mtro. Pagés lo llamó para pedirle textos para un libro, el cual sería publicado por el IPN. Era finales del 73’ cuando Samperio vio una convocatoria para becas INBA-Fonapas y, como se tardaban en publicar el libro que se llamaría Cuando el tacto toma la palabra, su primera obra, escogió sus mejores textos y los mandó para la beca, la cual ganó, el maestro sería Augusto Monterroso.

En 1976 ganó el primer lugar del Concurso Museo del Chopo con el cuento “Bodegón” al convertirse tal museo de Historial Natural en Centro Cultural de la UNAM, en el mismo año. Un año después se llevó Premio Casa de las Américas, en la rama de Cuento, con el libro Miedo ambiente; sólo dos mexicanos habían ganado este premio Jorge Ibargüengoitia y Emilio Carballido. Años más tarde, en 1985, ganó el Premio Nacional de Periodismo Literario al Mejor Libro de Cuentos (Literatura), Comitán de Domínguez, Chiapas, 1988, con el Libro Cuaderno imaginario (Editorial Diana, 1991); además de que ha sido miembro del Sistema Nacional de Creadores del FONCA en 1994-2000 y 2007-2010 y Premio Instituto Cervantes de París dentro del Concurso Juan Rulfo 2000 de Francia, con el cuento “¿Mentirme?”.

Recibió un Homenaje Nacional en el Palacio de Bellas Artes por sus 25 años de escritor con el apoyo del IPN, CONACULTA, INBA, UNAM, y con la participación de Silvia Molina, Francisca Noguerol (España), José Agustín, Hernán Lara Zavala e Ignacio Solares en 1999. Así como  la Celebración 40 y 20 en el Palacio Nacional de Bellas Artes a iniciativa de editoriales y escritores con la presencia de Ana Clavel, Hernán Lara Zavala, Silvia Molina y Víctor Roura en octubre del 2008.

Sigue impartiendo talleres a lo largo y ancho de la Repúblicamexicana y continuamente es invitado para participar en libros recopilatorios y antologías en su país y en el extranjero.[1]

La cola


Esa noche de estreno, fuera del cine, a partir de la taquilla la gente ha ido formando una fila desordenada que desciende las escalinatas y se alarga sobre la acera junto a la pared, pasa frente al puesto de dulces y el de revistas y periódicos, extensa culebra de mil cabezas, víbora ondulante de colores diversos vestida de suéteres y chamarras, nauyaca inquieta que se contorsiona a lo largo de la calle y da vuelta en la esquina, boa enorme que mueve su cuerpo ansioso azotando la banqueta, invadiendo la calle, enrollada a los automóviles, interrumpiendo el tráfico, trepando por el muro, sobre las cornisas, adelgazándose en el aire, su cola de cascabel introduciéndose por una ventana del segundo piso, a espaldas de una mujer linda que toma un café melancólico ante una mesa redonda, una mujer que escucha solitaria el rumor del gentío de la calle y percibe un fino cascabeleo que rompe de pronto su aire de pesadumbre, lo abrillanta y le ayuda a cobrar una débil luz de alegría. Recuerda entonces aquellos días de felicidad y amor, de sensualidad nocturna y manos sobre su cuerpo firme y bien formado. Abre paulatinamente las piernas, se acaricia el pubis que ya está húmedo, se quita lentamente las pantimedias, la pantaleta, y permite que la punta de la cola, enredada a una pata de la silla y erecta bajo la mesa, la posea.

Guillermo Samperio
No. 116, Octubre – Diciembre 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 358