Prosas profanas

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Mariusha, la cálida mujerona húngara, se precia de su inextinguible ardor amoroso, mucho más violento que lo habitual entre sus compañeras de sexo. Ella ama ininterrumpidamente y en su imaginación no se proyecta la sucesiva serie de imágenes voluptuosas, que a los demás habitualmente nos distraen, sino que de un modo fijo y constante, permanece la efigie de un húsar moreno de puntiagudos bigotes.

Claudia, la refinada francesa de apellido vulgar, distingue con su olfato hasta trescientos diez aromas diferentes.

Gregoria, moza levantina de nacionalidad indeterminada, insiste en que puede resistir el peso de un campeón de grecorromana sin que se altere el ritmo de su respiración.

Finalmente, Lola consagra su amor a los pájaros y habiéndoles acostumbrado a tomar el alpiste entre sus labios, afirma que nada hay comparable al suave picoteo de sus aéreos tentadores.

Luis Martín Santos
No. 54, Julio-Septiembre 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 159

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Ave Fénix

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El mito del ave Fénix ha sido inventado a fin de que los más osados tomen a pecho su autodestrucción y conmovidos con la idea de una posible resurrección más brillante, prendan fuego a la pira homicida con la tea enarbolada en su pico. De este modo, la desaparición —naturalmente definitiva— de quieres a sí mismos se creen aves fenices, permite que haya en el mundo más espacio habitable y que los hombres sensatos muevan cachazudamente la cabeza, satisfechos por no haber sucumbido a tales tentaciones.

Luis Martín Santos
No. 54, Julio-Septiembre 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 157

Historia de amor

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Ella no creía que fuera suficiente, ni que él hubiera puesto suficiente atención, ni que se hubiera dado cuenta de lo que significaba que ella le hubiera besado en el pasillo delante de las demás alumnas asombradas, que se habían reído luego de ella y que se habían ido cotilleando a sus habitaciones.

Por lo tanto, cogió papel y lápiz y le escribió una carta que decía así: “Te quiero”.

Él, que era un maestro consciente y respetable, prestó especial atención a sus pruebas de capacidad a fin de curso y habiéndola encontrado suficientemente preparada, no tuvo inconveniente alguno en aprobarla.

 

Luis Martín Santos
No. 54, Julio-Septiembre 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 157

Ernesto Mejía Sánchez

Ernesto Mejía Sánchez

 

Ernesto Mejía Sánchez

(Masaya, Nicaragua, 1923- Mérida, México, 1985)

Fue un escritor, poeta y catedrático nicaragüense.

Nació en Masaya y vivió parte de su vida en México, durante su estadía en este país ejerció la docencia en la UNAM. En 1980 fue galardonado con el Premio Internacional Alfonso Reyes, su primer obra fue Romances y corridos nicaragüenses, que se publicó en México.

Mejía Sánchez luego se trasladó a vivir a Europa y Estados Unidos. Fue un gran investigador de la obra de Rubén Darío, y adversario de la política de Somoza, razón por la cual escribió una antología de poesía política nicaragüense a finales de 1950. Al igual que Carlos Martínez Rivas, Pablo Antonio Cuadra y Ernesto Cardenal, perteneció a la llamada Generación de 1940. Realizó monografías sobre los poetas Rubén Darío, Amado Nervo, Alfonso Reyes, y otros.

Dejó obras como el libro Recolección al mediodía, publicado en Nicaragua en 1972, al cual le fue agregando nuevos poemas en 1980 y en 1985. Publica La carne contigua, que incluye Ensalmos y conjuros de 1947, El retorno en 1950, Vela de la espada de 1951 a 1960, Poemas familiares de 1955 a 1973, Disposición de viaje de 1956 a 1972, Poemas temporales de 1952 a 1973, Historia natural de 1968 a 1975, Estelas y homenajes de 1947 a 1979, y Poemas dialectales de 1977 a 1980.

Mejía Sánchez fue el creador de un nuevo género llamado Prosema, constituido por textos líricos breves, escritos en prosa pero con un toque narrativo.

En 1975 es admitido, como miembro correspondiente, a la Híspanic Society of América. En 1971 recibe el doctorado honoris causa en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua.

En 1980 es nombrado Embajador de Nicaragua en España y, posteriormente, en Argentina. Se le otorga el premio “Alfonso Reyes”. Publicó una selección de su obra poética, Recolección a mediodía. Es autor también de estudios literarios y ediciones de Rubén Darío, Amado Nervo, Alfonso Reyes, etc.

En 1985 se retira a la vida privada en México y fallece en Mérida, Yucatán, México, el 1ro. de noviembre de 1985.

De su compilación de poemas “Recolección a Medio Día” su hija, Juana de los Ángeles Mejía Marenco, hizo una edición reciente[1].