Miguel González Avelar

José Miguel González Avelar

(Victoria de Durango, Durango; 19 de marzo de 1937 – 22 de noviembre de 2011, México)

Fue un escritor, abogado y político mexicano, miembro del Partido Revolucionario Institucional, que fue senador y secretario de Educación Pública.

Fue electo Diputado Federal y senador por el estado de Durango, y durante este cargo, de 1982 a 1985, fue presidente del Senado de México. En 1985, el presidente Miguel de la Madrid lo nombró titular de la Secretaría de Educación Pública, y en 1987 fue uno de los seis distinguidos priistas, como se denominó a los seis presuntos aspirantes del Partido Revolucionario Institucional a la presidencia de la República.[1]

Debo a Miguel González Avelar mis primeros pasos en el terreno ludoverbalista. Su libro Palindromía fue motivación y acicate. Allí descubrí perlas que pensé (pensamos) que eran de mi autoría. El ejemplo más nítido fue “La ruta natural”. Creíamos Julián Ríos y yo ser los autores paralelos, simultáneos. Envié un correo a Ríos y me dijo que en Larva aparecía ese palíndromo, pero la novela del gallego se publicó después que el libro de González Avelar. Los palíndromos breves admiten coautoría; los largos hacen o tornan imposible la coincidencia. Nadie pudo haber inventado el palíndromo 1969 de Georges Perec. Por lo demás, “la ruta natural” admite elongaciones o variantes: “La ruta no natural” (Adán Rubalcava) o “Adán: o la ruta natural o nada” o “La ruta nos aportó otro paso natural” (Víctor Carbajo). Aquí van diez muestras de quien, además, escribió una obra de teatro troquelada con palíndromos. González Avelar dice: “se toma una expresión, se la da vuelta, se calibra, y hay un gozo especial cuando advertimos que toda, o parte de ella, nos entrega graciosamente un doble significado”.

Diálogo palindrómico
—Adán: ¿somos o no somos nada?
—Ave somos Eva.
—¿Sólo? —Sí, y solos.
—Adán y Eva, ave y nada…
—¿Amor, broma?
—Amor al aroma…

1. Allí ves Sevilla.
2. Aman a Panamá.
3. Aries se irá.
4. Dícele Cid.
5. La ruta natural.
6. ¿La tela? ¿Letal?
7. No erró Torreón.
8. No repara Perón.
9. ¿Oír Aída diario?
10. Oso de seda, jade sedoso.
11. Salta Atlas.
12. Seda de comodino sonido: Mocedades.
13. Soy de mero remedios.
14. Soy romano con amoríos.

Miguel González Avelar fue palindromista y palindrólogo: reflexionó sobre el ingenioso quehacer de quienes escriben frases que se pueden leer a contracorriente. Su libro Palindromía fue, a un tiempo, pionero y vanguardia del arte de los janos retóricos en nuestro país. González Avelar fue uno de los más avispados palindromistas del idioma español. Algunas de las muestras aquí incluidas poseen una belleza incontestable: “Adán: ¿somos o no somos nada?”, “La ruta natural” o “Soy romano con amoríos”. Por eso cuando me enteré de su muerte mi espíritu se lleno de sombras. Y desconcertado pregunté: ¿Oí rumor o murió? Descanse en paz el gran palindromista mexicano[2].

 

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El artista


Al terminar apenas su instrucción primaria y sin saber siquiera el Arreola, Borges, Cortázar de la literatura fantástica, se fue con el primer circometáfora que pasó por la aldea y nadie lo volvió a ver en ella.

Cruzó con las cuatro partes de la gramática con desigual fortuna y en el mar de la prosodia, infestado de sirenas, estuvo a punto de naufragar con toda la compañía. Salvose; pero pescó desde entonces unos fríos metafísicos de los que no habría de de reponerse jamás. Durante años lavó, dio de comer y beber a las bestias, y desempeñó los más innobles vicariatos en las ausencias borracheras de payasos, domadoras de leones y mujeres lagarto. Cursó el realismo en la escuela del hambre, el rencor y la monotonía; suspiró en cada villorrio por gozar del trapecio y los tropos aéreos, pero ya estaba un poco lastrado por el peso de las reatas y cubetas y nunca pudo levantar el vuelo.

Un día, por fin, advirtió que de tanto andar en la feria había aprendido algunos juegos malabares. Perfeccionó cinco o seis números vistosos y con esta amable rutina conquistó un lugar específico en el circo. Sus manos pudieron encauzar el tráfico de tres, siete, once pelotas a la vez, y hasta comenzó a estimar el aplauso de su querido público. El ya no podía volar, pero, al menos, los objetos que arrojaba al aire le dejaban en el tacto la fugitiva impresión de una atmósfera más pura.

Cuarenta años después se puso viejo y, como es natural, comenzaron a caérsele del techo todas las pelotas.

Afortunadamente ya para entonces había terminado sus obras completas; apenas a tiempo, porque una inminente generación de glosadores, de otra manera desempleados, crecería con la seguridad de tener el honrado y decoroso trabajo de ocuparse del occiso.

Miguel González Avelar
No 101, Enero-Marzo 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 22

Enrique Jaramillo Levi

Enrique Jaramillo Levi

(Colón, Panamá, 11 de diciembre de 1944)

Es un poeta y cuentista panameño, autor de más de 50 libros en todos los géneros literarios. Es Licenciado en Filosofía y Letras con especialización en Inglés y Profesor de Segunda Enseñanza por la Universidadde Panamá. Tiene además Maestrías en Creación Literaria y en Letras Hispanoamericanas por la Universidad de Iowa. Ha ejercido la docencia universitaria en México, Estados Unidos y Panamá.

En 2005 ganó el Premio Ricardo Miró en la sección Cuento. En 1964 ya había obtenido una Mención Honorífica en la misma categoría y en 1965 en la categoría de Teatro. En 1970 obtuvo Mención Honorífica en el Tercer Certamen Cultural Centroamericano. En 1971 y 1972 ganó la Beca Centroamericana de Literatura convocada por el Centro Mexicano de Escritores yla Fundación Ford de México.

En Panamá ha sido el gestor de varios premios literarios: Premio de poesía Gustavo Batista Cedeño del Instituto Nacional de Cultura, el Premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán y el Premio Nacional de Cuento José María Sánchez, Universidad Tecnológica de Panamá, el Premio Signos de Joven Literatura (cuento y poesía), el Premio Nacional Signos Guillermo Andreve al Mejor Libro Publicado, el Premio Signos de Poesía Stella Sierra y el Premio Signos de Ensayo Literario Rodrigo Miró Grimaldo en la Fundación Cultural Signos; el Premio Maga de Cuento Breve enla Revista Cultural Maga.

Ha sido el creador de varias colecciones de libros, y es un editor muy activo. Es fundador de varias revistas literarias, entre las que destacan la Revista Cultural Maga que se ha estado publicando desde 1984.

Ha compilado varias antologías de cuento, poesía y ensayo, publicadas en Estados Unidos, México, Colombia, Costa Rica y Panamá: Sueños compartidos (Compilación histórica de cuentistas panameños: 1892 – 2004) Tomos I y II (Panamá, 2005); Cuentos panameños – Antología de narrativa panameña contemporánea (España, 2004); Flor y nata (Mujeres cuentistas de Panamá) (Panamá, 2004); La minificción en Panamá (Breve antología del cuento breve en Panamá) (Colombia, 2003); Construyamos un puente – 31 poetas panameños nacidos entre 1957 y 1983 – con Salvador Medina Barahona (Panamá, 2003); Pequeñas resistencias 2: Antología del cuento centroamericano contemporáneo (España, 2003); Panamá cuenta – Cuentistas del Centenario 1851 – 2003 (Panamá, 2003); Hasta el sol de mañana (50 cuentistas panameños nacidos a partir de 1949)(Panamá, 1998); Contemporary Short Stories from Central Americana (junto con Leland H. Chambers)(Estados Unidos, 1994); When New Flowers Bloomed. Short Stories by Women Writers From Costa Rica and Panamá (Estados Unidos, 1991); Poesía erótica de Panamá (1929-1981) (México, 1982); Homenaje a Rogelio Sinán. Poesía y cuento (México, 1982). Poesía erótica mexicana (1989-1980) (dos tomos) (México, 1982); Poesía panameña contemporánea (1929-1979) (México, 1980); El cuento erótico en México (México,1975); Antología crítica de joven narrativa panameña (México, 1971)[1].

 

La imagen misma


Él me dijo no te mirés más al espejo o me voy, parece que olvidaras que estoy contigo, te juro que esta vez sí me voy y no regreso, no pretenderás que compita día y noche con tu vanidad; pero una fuerza ajena a mí me retuvo la vista al frente, y de pie, mirándome, también pude ver el gesto disgustado, los pasos decididos que comenzaban a alejarse hacia atrás, hasta que estuve sola y cerrando los ojos anticipé la naturalidad con que dos brazos blancos iguales a los míos se desprendían del cuerpo que me imitaba y cómo se iban extendiendo lentamente hacia mí, buscándome, hasta que las manos se abrieron para tocarme el cuerpo estremecido y me lo despojaron de las ropas ligeras que lo cubrían, como quien dulcemente deja sin piel una fruta, las puntas primero y prosiguiendo sin el menor esfuerzo de extremo a extremo; y entonces abrí los ojos sabiendo que el deleite sentido habría de fundirse con eso que ella, desnuda también, me estaba haciendo ahora de este lado del espejo al recorrerme toda y terminar aplastando, como una cálida esponja, su silueta contra mí para intercambiarse conmigo o llegar a ser una sola cosa bella con mi cuerpo, la imagen misma y no su reflejo; sólo que, más sumergida en el éxtasis que yo, no se daba cuenta que éramos ya una pasión única que se realizaba al reverso de la angustia sin necesidad de espejos ni de acechantes hombres.

Enrique Jaramillo Levi
No 101, Enero-Marzo 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 21