Amor verdadero

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Luego me arrodillé y, tomando el pie en el regazo, como hacen los zapateros, le quité los zapatos y los calcetines y le besé los pies. Había comenzado con orden y sin prisa, pero conforme iba quitándole las prendas crecía en mí no sabía qué furor de humildad y adoración. Quizá era el mismo sentimiento que experimentaba a veces posternándome a rezar; pero era la primera vez que lo sentía por un hombre; y era feliz comprendiendo que era amor verdadero, alejado de tosa sensualidad y de todo vicio.

Alberto Moravia, en La romana
No. 5, Septiembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 73

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