Efrén Rebolledo

Efrén Rebolledo

Efrén Rebolledo

(Actopan, Hidalgo, 9 de julio de 1877 -Madrid, España, 1929)

Poeta del Modernismo mexicano. Nació en Actopan, Hidalgo, en 1877, y murió en Madrid, España, en 1929. Fue bautizado e inscrito en el Registro Civil con el nombre de Santiago Procopio, nombre que cambió antes de ingresar a la preparatoria, en Pachuca. En la ciudad de México realizó estudios de derecho y llegó a ser abogado.

Participó activamente en la Revista Moderna, El Mundo y El Mundo Ilustrado, entre muchas otras publicaciones periódicas. Con Enrique González Martínez y con Ramón López Velarde fue fundador de la Revista Pegaso.

En 1901 ingresó a la diplomacia y representó a México en Guatemala, Japón, Noruega, Bélgica, Chile y España.

Sus obras más importantes son, sin duda, Caro victix y Salamandra. Sus Poemas escogidos, con prólogo de Xavier Villaurrutia, se publicaron en 1939, diez años después de su fallecimiento. En 1968 Luis Mario Schneider publicó sus Obras completas, y en 2004 Benjamín Rocha publicó sus Obras reunidas, con una muy bien documentada biografía. En 1997 se reeditó, en un solo volumen, Salamandra – Caro victrix, con prólogo de Luis Mario Schneider[1].

 

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Efr%C3%A9n_Rebolledo

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A La Gioconda

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Con los ojos y el gesto de un alucinado así se dirigió entonces a Mona Lisa:

—Quiero que seas mía, tan mía como lo fuiste de Francisco del Giocondo. Deseo palpar la seda de tus luctuosos cabellos, ansío verme en las lagunas encantadas de tus ojos; codicio poseer tu boca alucinante; anhelo desfallecer acariciando por tus manos principescas. Si te tienta el lujo yo te daré estolas de zorros plateados; collares de perlas de Ceilán; esmeraldas de Colombia, zafiros de Cachemira; rubíes de Burma; diamantes del Brasil, jades de Kwen Lung; turquesas de Visapur; ópalos de México y alejandritas de Ekateriemburgo; carruajes tirados por cabellos ingleses; automóviles como salones ambulantes; lebreles rusos de hocico aguzado; perros japoneses de pelo de seda y falderos de Chihuahua que escondas tu manguito de chinchilla; hoteles de salones ajuareados con muebles de París y tapizados con alfombras de Persia; yates adornados como palacios y un libro de cheques para realizar todos tus caprichos.

Efrén Rebolledo
No. 33, Noviembre – 1968
Tomo III – Año II
Pág. 61

El título

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Hoy se recuerda por primera vez en los periódicos a la Reina madre de Albania. Esto hacer volver a mi memoria un delicioso cuento sobre Camondo.

Camondo, el de la colección, era un joven banquero judío de origen turco, muy servicial con Napoleón III. El emperador lo quería recompensar y lo había sondeado para saber si un título de nobleza le podría satisfacer. “¿Un título?, pero Majestad, sería una cosa ridícula: todos aquí saben que soy un banquero, no me conviene salir de mi ambiente y por otra parte yo cuido de mis intereses y percibo las utilidades necesarias de mi trabajo; por lo tanto no necesito ningún premio”. Seguían los favores de todo género y el emperador sentía acrecentarse su deuda; no sabía que hacer; para sosegarse, nuevamente le propuso nuevamente le propuso otorgarle un título. “Majestad, si verdaderamente me quiere recompensar con algo, no le pido nada para mí, pero tengo a mi pobre bisabuelo que vive en Constantinopla y es viejo, y lo han perseguido y despreciado durante toda su vida; no pido nada para mí, sino pido que él, pobre hombre, tenga una satisfacción de vanidad antes de cerrar sus ojos”. Y así, Camondo el joven obtenía un título y los intereses del título, el de los antepasados y casi los cuatro cuartos de nobleza.

Bernard Berenson
No. 33, Noviembre – 1968
Tomo V – Año VI
Pág. 52

Fabulilla

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—Ay! —Decía el ratón—. El mundo se vuelve cada día más pequeño. Primero tan ancho que yo tenía miedo, seguía adelante y me sentía feliz al ver en la lejanía, a derecha e izquierda, algunos muros, pero esos largos muros se precipitan tan velozmente los unos contra los otros, que ya estoy en el último cuarto, y allí en el rincón, está la trampa hacia la cual voy.

—Solo tienes que cambiar la dirección de tu marcha —dijo el gato, y se lo comió.

Franz Kafka
No. 33, Noviembre – 1968
Tomo V – Año VI
Pág. 49

La conservación de la distancia

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El hecho ocurre en la calle Royale. Es muy tarde. Ya no hay nadie en las calles; d’ Aurevilly, que esa noche había bebido mucho vino blanco en compañía de su amigo X., se pone a hacer aguas menores. Pasa un guardia municipal: “Caramba señor, lo menos que puede hacer es acercarse a la pared”. Porque Barbey conserva el sentido de las distancias. Y ahora se vuelve y dice:

—¿Pretende acaso que me desuelle?

André Gide
No. 33, Noviembre – 1968
Tomo V – Año VI
Pág. 45